sábado, octubre 10, 2009

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domingo, septiembre 13, 2009

SEPTIEMBRE: EL MES DE PABLO DE ROKHA


(Publicado en el periódico "Tiempo 21"

Hay que repetirlo: la poesía chilena no se reduce al hombre de la boina (disminuido a un museo “lleno de cosas lindas”), a la mujer inscrita en los billetes (idea del gobierno militar) o al nonogenario antipoeta. Hay muchos próceres, desgraciadamente conocidos casi en las puras academias y cofradías de escritores (tema para después). De entre todos, me quedo con Pablo de Rokha (1894-1968), fallecido un 10 de septiembre, de un balazo autoinferido.

Nació en octubre de 1894 en Licantén (séptima región), con el nombre de Carlos Ignacio Díaz Loyola. Hijo de un administrador de fundo, estudió en un liceo talquino, luego en un seminario donde sus condiscípulos lo apodaron “el amigo piedra” (de ahí su seudónimo) y del que fue expulsado por ateo, para luego visitar Ingeniería y Derecho en la Universidad de Chile. A sus 20 vuelve a Talca y, tras recibir un libro de poemas dedicado por una bella mujer, decide casarse con ella. Es Luisa Anabalón Sanderson, su inmortal Winétt, con quien luego de huír inicia el romance más prolongado e intenso de la literatura chilena (“Estás sobre mi vida de piedra y hierro ardiente, / como la eternidad encima de los muertos / recuerdo que viniste y has existido siempre, / mujer, mi mujer mía, conjunto de mujeres /…toda la especie humana se lamenta en tus huesos”). De ella admira su belleza femenil e inteligente, su dulzura y condición de madre (“ ‘Nenito, peladito, chucurrutito’ / así le dice a la guagua de meses / y él le contesta: ‘á...gu...u...u’ / y los dos se conocen ha setenta mil años, por lo menos”).

La vida de De Rokha es la de un toro desbocado. Escribió 33 libros de poesía, tres de ensayo y muchas reseñas y artículos; tuvo su propia revista, “Multitud”, y fue comunista hasta los huesos, incluso tras ser expulsado del Partido por un lío absurdo. La terrible y mutua enemistad que sostuvo con Neruda (casi al final el crítico Sánchez Latorre intentó abuenarlos, pero el Nóbel se opuso) y sus polémicas con Vicente Huidobro y con críticos necios (Alone calificó “Los gemidos” de literatura patológica), dan para un largometraje. Vive pobremente, vendiendo cuadros, herramientas agrícolas y autoeditando sus propios libros, para lo cual recorre medio Chile. De ese periplo nace su “Epopeya de las comidas y las bebidas de Chile”, una experiencia culinaria y antropológica sorprendente, cuyos versos, en este mes de la Patria, debieran repartirse en fondas, ramadas y calles, micros y trenes, escuelas, regimientos, lenocinios, iglesias, hospitales… y en la cárcel (“Si fuera posible, sirvámonos la empanada bien caliente, bien caldúa, bien picante, debajo del parrón, sentados en enormes piedras, recordando y añorando lo copretérito y denigrando a los parientes, cacho a cacho de cabernet talquino; y la sopaipilla lloviendo, con poncho, completamente mojados, entre naranjas y violetas, acompañados del cura párroco y borrachos”).

En 1944 el Presidente Ríos lo nombra embajador cultural y conoce 21 países junto a su mujer. Es la gloria, pero al llegar a Chile, en 1949, Winétt enferma de cáncer y muere tiempo después. El 61 publica “Canto del macho anciano”, su obra más desgarradora (“comprendo y admiro a los líderes, pero soy el coordinador de la angustia del universo, el suicida que apostó su destino a la baraja de la expresionalidad y lo ganó, perdiendo el derecho a perderlo”). En 1965 recibe el Premio Nacional, pero en 1968 –mismo año en que se suicidan su hijo Carlos (poeta notable) y su amigo Edwards Bello–, este huaso surrealista que intentó conciliar su vida con las ideas de redención social, decide abandonar la tercera dimensión. En este 18, propongo un frenético brindis en su clara memoria.

PASAR AGOSTO: REQUIEM PARA MAURICIO


Mi amigo y vecino de infancia Mauricio Ulloa no pudo pasar agosto. Murió a sus 37 primaveras, pocos días antes de que, según el saber popular, los ancianos pueden sentirse más seguros de vivir otro año. Ahora me observa desde un lugar incierto y no me resigno a que la lepra negra del error empañe su memoria (“pasó a mejor vida el pobre loco”). Quienes sepan oírme, entenderán que la valía de un hombre no está dada por factores externos, como fama, dinero y poder; y esto, que parece una frase de mierda, será rubricado en el porvenir.

Lo conocí el verano del 80, cuando arribé a Temuco desde tierras lotinas, y fue mi primer amigo o compañero de correrías en la entonces incipiente Villa los Aromos. Su imaginación desaforada, que lo hacía incurrir en chifladuras estupendas no del todo libres de crueldad, ocultaba en el fondo un corazón bondadoso e infantil. Era, no tengo que ocultarlo, una versión masculina de La Cenicienta. Recuerdo no tener más de diez años y verlo atareado en una batea con ropa, o impedido de salir a jugar por tener que encerar la casa. Hermano menor de una familia protestante de padre marinero, era en realidad el vástago no reconocido de una de las hijas de la matriarca: sus hermanos eran en realidad sus tíos, y esa anomalía (los prejuicios familiares han dado paso a otros horrores en Chile) hizo que siempre lo trataran de manera diferente.

En 1991 me mudé y dejé de verlo, pero hace unos siete años me reencontré con él. Su familia lo había exiliado por un escándalo con una sobrina (bastante crecidita), del que –¡cómo no!– lo culparon sólo a él (Lucas 6: 41-42). Se había separado hace un tiempo y tuvo que vivir de caridades ajenas, sobrellevando oficios duros, pues siempre le vedaron los estudios. Aquel fue su tiempo más oscuro y, como suele ocurrir, el de mayor sensibilidad para con el arte: creo que Mauricio conocía el terrible secreto de la belleza y los peligros que entraña cruzar al otro lado; era un místico sin brújula y un artista en un erial; un sujeto lúdico e inmensamente creativo, preñado de un lenguaje sin lecturas que hacía trizas las nociones agotadas del sentido del humor.

El año pasado lo reencontré tras varios años y compartí con algunos de los suyos. Trabajaba en una sandwichería para el marido de la única hermana que le fue incondicional, y vivía con una joven mujer que lo adoraba, con quien tenía un hijo de tres años del que hablaba con devoción infantil. Había corregido el pasado y se veía tranquilo, pero la madrugada del sábado 22 los dioses tejieron de otra forma su destino: fue atropellado por un tipo que se dio a la fuga. Ahora, lejos de la tercera dimensión, deambula por parajes de los que poco sabemos y continúa investigando. ¡Ya nos veremos de nuevo, Loco Ulloa!, jugaremos Ataque, con soldaditos de plástico, y leeremos a Quiroga en tertulias solitarias… donde la luz será más que una simple bujía.

viernes, enero 09, 2009

APUNTES SOBRE JOB

Dedicado a Elsa Lacalle y Carmen Gutiérrez, católicas; Jaime Salazar, ex seminarista; Margot Cárdenas, protestante; y a Rolando Mancilla, tipo muy docto y adscrito a una iglesia que solemos prejuzgar.

Quizá la razón de esta nota no haya sido otra que el deseo de librarme de Job 3: 23 (“¿Por qué se da vida al hombre que no sabe por donde ha de ir?…”), un aserto que me ha perseguido durante años. Ocurre que, a diferencia de algunas lumbreras como Guido Arroyo o Diego Zúñiga, que ante la Biblia se muestran esquivos y tienen ante la literatura la actitud -sin duda respetable- del escritor naturalista que visita temas que poco y nada tienen que ver con sus más bien templadas existencias, yo, por las razones que fuere, he vivido situaciones que muy pocos de ellos podrían sobrellevar. Ellos, hijos dilectos de la generación que un crítico llamó “Hiperventilados” (n. entre 1979 y 1994), suman a su escalofriante individualismo autofagocitante (“prefiero extraerle el zumo a Carver a leer a sus copiones nacionales”… “me gustó el filme de Fuguet, pero ya no leeré su obra”), que palian con encuentros literarios ombliguistas y conversaciones desencarnadas, y suman a su grande talento publicitario una intuición feral para el éxito mundano, ignoran que el combate contra el NEOANALFABETISMO -que a casi todos importa poco y nada- más que una postura es un apostolado: un acto de amor hacia el paria iletrado, que ignora que la literatura también les pertenece.

LA EPOPEYA DE JOB
La historia de Job, escrita según algunos antes que la ley mosaica, es una epopeya israelita o edomita mencionada en otras partes de la Biblia (Ezequiel 14: 20; Santiago 5: 11). Vigésimo segundo de los 73 libros de la Escritura, es considerado junto al Eclesiastés, a los Proverbios de Salomón y al Eclesiástico atribuido al sabio Yéshua hijo de Sirá, uno de los libros sapienciales. Pero a diferencia de los otros no se constituye de aforismos, sentencias o meras alabanzas, sino que tiene una estructura -digámoslo así- dramatúrgica. Su argumento, repartido en 42 capítulos a veces reiterativos, es simple:

Job, un jeque oriental (no hebreo) “temeroso de Dios y apartado del mal” (1:1), de vida próspera y venturosa, sufre en corto tiempo una serie de infortunios: Pierde toda su hacienda (11 mil cabezas de ganado), a sus siete hijos y tres hijas en horribles accidentes, para finalmente caer presa de un úlcera maligna “que lo hirió desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza” (2: 7). El causante de aquellos desastres no es otro que Satán, quien entonces no es el espíritu maligno y demoníaco de nuestra tradición (el adversario), sino un agente divino destinado a aquilatar las debilidades humanas y el grado de virtud de los justos. Satán, que se presenta ante Dios junto a los otros ángeles, es consultado por éste sobre la integridad de Job. Es ahí cuando Satán le dice a Dios que la fe de Job responde a las bendiciones divinas (“¿No lo has protegido a él y a todo cuanto tiene, y has bendecido el trabajo de sus manos y sus ganados se expanden por el país?”… Job 1: 10), pero que cuanto estas acaben se convertirían en maldiciones.

Acá comienza la parte más tortuosa del libro. Dios -que en la teología clásica conoce el pasado, el presente y el porvenir- permite a Satán actuar. Éste primero quita a Job su patrimonio que incluye la vida de sus hijos, y luego lo hiere horriblemente pero sin matarlo. Tras la primera prueba, Job afirma: “desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a él (a la tierra) / lo que Dios dio, Dios lo quitó / bendito sea el nombre de Dios” (1: 21). Pero tras la segunda, que incluye el extremo dolor físico y la enfermedad, su mujer lo conmina a maldecir a Dios y morirse, pero Job le contesta que si se aceptaba de Dios lo bueno también se debía aceptar de Él lo malo: luego se rapa la cabeza y se sienta semidesnudo en el polvo a esperar la muerte.

ELIFAZ, BILDAD Y SOFAR
Tras enterarse de las desgracias acaecidas a Job, tres amigos acuden a consolarle, y al verle y no reconocerle “se ponen a llorar a voz en grito, a la par que rasgan vestiduras y arrojan polvo sobre sus cabezas” (2: 13). Luego se sientan con él en tierra durante siete días y siete noches sin proferir palabra. El insigne teólogo C. C Scofield, asegura que los amigos de Job son figuras arquetípicas del religioso dogmático que basa sus creencias en cuestiones externas: Elifaz es el clásico religioso de experiencia mística, que extrae de ese hecho un sentimiento de poder; Bildad es aún más superficial y basa su dogmatismo en la sabiduría proverbial y en frases piadosas de sobra conocidas; en tanto, Zofar, aún peor, cree conocer todo respecto de Dios, sus razones y determinaciones, y es por lo mismo un simple irreverente que ciega cualquier discusión razonable. Por la naturaleza incauta y hasta cruel de los amigos de Job (que no excluye atisbos de bella y preclara elocuencia), que exponen tres veces y en un orden riguroso sus posiciones, la tensión dramática del libro está de suyo asegurada.

JOB MALDICE EL DÍA EN QUE NACIÓ
A mi juicio, el capítulo 3 donde Job maldice su día con envidiable verbo, es uno de los más intensos: “Perezca el día en que yo nací / y la noche en que se dijo: ‘¡varón es concebido!’ / Conviértase ese día en tinieblas, y no lo cuide Dios desde lo alto / No resplandezca sobre él un rayo de luz (3: 3-4)”, nos dice Job. Y casi seguidamente apela a los magos para que despierten al Leviatán, una bestia marina que según la tradición era capaz de devorarse al sol, lo que a la maldición de su día agrega un elemento nuevo… la maldición del orbe.

Y continúa: “¿Por qué no morí al salir del vientre de mi madre? / ¿Por qué hallé rodillas que me acogieron / y pechos que me amamantaron?” / Pues ahora descansaría tranquilo / y dormiría en reposo / como los pequeñitos que nunca vieron la luz”… (3: 11-13). Este abatimiento en un hombre tan creyente, se explica porque entonces no se creía en la Vida Eterna. Pero es al final de este capítulo donde Job aterriza en dos de los temas más terribles para cualquier varón: la confusión de sus planes y la imposibilidad de ganarse el pan. Cito: “¿Por qué se da vida al hombre que no sabe por donde ha de ir, / Y a quien Dios ha cerrado la salida / Porque antes que mi pan viene mi suspiro / Y mis aguas corren como gemidos. / Porque el temor que me espantaba me ha venido; / Y me ha acontecido lo que yo más temía / No he tenido paz, no me dejé estar ni estuve reposado / Sin embargo, me vino turbación” (3: 23-26).

TRES RÉPLICAS Y TRES DEFENSAS
Luego que Job maldice su día, más preocupados de la doctrina que de la misericordia, sus amigos empiezan a replicarle y hasta a acusarlo de maldad. Ello se explica porque, como los pragmatistas norteamericanos de la modernidad (no nos olvidemos del “In God we trust” inscrito en los billetes gringos), ellos creían que, así como los triunfadores eran SIEMPRE bendecidos del Señor, los desventurados lo eran SIEMPRE a causa de sus caídas o de su maldad. Pensaban que había una razón oculta -egoísmo, avaricia, vicios ocultos, etc- para las desventuras de su benigno amigo.

Y si a ello le agregamos que Job se atreve a contradecir no sólo a ellos (“Vuestras máximas son verdades de ceniza, / Y vuestras réplicas son respuestas de barro.”… 13: 12), sino también a Dios (“¿Por qué escondes tu rostro, / Y me tienes por enemigo?”… 13: 24 .... “¿Te parece bien que oprimas, / Que deseches la obra de tus manos, / Y que favorezcas los designios de los malvados”), al final de esta polémica en tres actos entre Job y sus amigos, no se resuelve nada. Pero aparece un cuarto personaje.

ELIHÚ, EL ASERTIVO ENSOBERBIADO
Elihú, un hombre joven de la familia de Ram que se muestra contrario a la enseñanza de sus mayores (“no son los ancianos los sabios, ni los viejos quienes comprenden lo que es justo”. 32: 9) y da cuenta de un egocentrismo exacerbado, da no obstante a Job razones harto más atendibles para su tormento que las de sus tres amigos. En lugar de condenarlo, tiende más bien a argumentar contra su anhelo de pretender que la justicia puede mensurarla un simple hombre: “Él es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande es su juicio y su poder; / Es mucha su justicia y a nadie oprimirá. / Lo temerán por tanto los hombres; / Él no estima a ninguno que cree en su propio corazón ser sabio” (37: 23-24)

EL EPÍLOGO… Y ALGO MÁS
Luego del discurso de Elihú, Dios se aparece a Job desde un torbellino y le da un sinnúmero de razones por las cuáles es imposible que un hombre pretenda ponerse a su altura. La belleza poética de las reflexiones de Dios, casi todas relacionadas con los prodigios de la naturaleza, son innumerables y no caben en un artículo tan breve. Bastaría nombrar la principal que, aunque bastante pedestre, tiene un peso incontrarrestable: “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? / Házmelo saber, si tienes inteligencia.”.

Finalmente, luego de la sumisión total de Job a los designios de Dios, éste -y tras perdonar a sus tres tan errados amigos por no conocerle bien, mediante el sacrificio de algunos animales,- le hace nacer, con la misma mujer de antes, siete hijos y tres hijas nuevas (“Y no había en toda la tierra mujeres tan hermosas como las hijas de Job / A las que dio su padre herencia entre sus hermanos ” 42: 15). Y lo hace vivir colmado de días hasta los 140 años, y ver a sus hijos y a los hijos de sus hijos hasta la cuarta generación.

Mucha gente, de fe más profunda que la mía, aseguran que la enseñanza de Job es la importancia de la paciencia, de la fe indestructible ante el Altísimo o -menos perspicazmente- de la resignación ante las pruebas de Dios, que multiplica nuestros dones si aceptamos sus designios muchas veces amargos (¿tendrá sentido afirmar que el sufrimiento de Job valió la pena porque Dios multiplicó por dos sus ganados y sus años?). Pero yo, que pondero la importancia de la historia y de la tradición, no puedo dejar de pensar que el mérito de Dios al permitir a Job sus infortunios, fue convertir a un millonario superfluo cuya principal virtud era hacer buenos asados, en uno de los grandes poetas de occidente.

Una última cosa al pasar. Ahora me queda más claro que nunca que -a diferencia de lo afirmado por un acaudalado y falsamente generoso profesor en una cena con mi amigo Claudio Maldonado y su pareja- LA ASTROLOGÍA SI ES COMPATIBLE CON LA RELIGIÓN. Palabras de Dios a Job al plantearle su superioridad: “¿Podrás tú atar los lazos de las Pléyades / o desatarás las ligaduras de Orión? / ¿Sacarás tú a su tiempo las constelaciones de los cielos? / O guiarás a la Osa Mayor con sus hijos…?” (38: 31-33). Los comentarios sobran.

sábado, septiembre 20, 2008

Editor Marcelo Montecinos: "EL LIBRO SERÁ NUESTRO HUESO SAGRADO"


Marcelo Montecinos Martínez (Santiago, 1967), creador del sello independiente "La Calabaza del Diablo", es uno de los editores más respetados del medio nacional. No cree en la industria del libro como proyecto lucrativo ("con estudios de mercado y encuestas") o multinacional, y prefiere la literatura que problematiza y asume los temas conflictivos a aquella cuyos temas son más bien artificiales y faranduleros. Dirige la imprenta familiar "Caligrafía Azul" y tiene estudios inconclusos de Filosofía (1987-1992) en Valparaíso y de Literatura (1994-1998) en Santiago. Se las ha arreglado para publicar, desde el 97 hasta la fecha, cerca de 40 títulos, y sacar durante un tiempo una recordaba revista de literatura y arte. Nombres reconocidos en el medio, como los poetas Andrés Andwanter y José Ángel Cuevas, o los narradores Marcelo Mellado y Gonzalo León, así como muchos otros autores emergentes (Pablo Paredes, Gladys González, etc), han escogido, para posicionar su obra, la impronta y solidez conceptual de esta editorial. Luego de su trote matinal, y pocos días antes del desenfreno patrio, conversamos en su calabaza de calle Santa Helena, lugar donde Montecinos vive y trabaja.

¿Cómo empezó tu afición por la literatura?
Yo fui criado en un ambiente donde la biblioteca era la riqueza esencial de la familia que estaban formando mis padres en los 60's. El libro era el material de trabajo y de comprensión del mundo de mis padres, y yo y mis dos hermanos no fuimos ajenos a esa realidad. Mucha lectura. En la adolescencia viene la afición propiamente literaria, con los cursos humanistas en la media y los estudios de Filosofía y Literatura (en ambas carreras llegué hasta cuarto año), que desembocaron en la decisión final de hacerme cargo de la imprenta familiar.

Háblame de tus lecturas iniciáticas y recurrentes
Entre los 13 y los 17 me golpearon libros y autores como Isaac Deutscher, autor de la biografía de Trotsky "Un profeta desarmado". Un poco después, "El Túnel" de Sábato, algunos libros de Flaubert, Manuel Rojas y Baldomero Lillo. "Eloy", de Carlos Droguett, me pareció en su momento una escritura muy moderna. En poesía, que es lo que escribo desde los 15 años, me interesan mucho César Vallejo, García Lorca. En general siento mucho respeto por hombres como Pablo de Rokha, Neruda, Enrique Lihn. Entre los extranjeros, me interesan nombres como W. Faulkner, James Joyce. Bueno, nombrar más sería una exageración.

¿Cuando y en qué circunstancias empezaste con el proyecto editorial de Calabaza…? ¿Fue una cuestión espontánea o una idea largo tiempo madurada?
En los 80's mis padres pusieron todos sus esfuerzos en el tema del taller-imprenta, como única forma de supervivencia. De ahí la conexión o idea de formar una editorial era algo obvio en mi, que se postergó por lo de mis años universitarios, en los cuáles por múltiples razones -porque el estudio se me daba fácil, porque me fastidiaban los profesores o porque estaba más pendiente de luchar contra la dictadura- no me saqué más partido; a veces pienso que perdí un tiempo valioso que pude haber ocupado en viajar. En 1997 yo estaba en los últimos años de Literatura, y entendí que no podía evadir lo de la imprenta porque no estaba dispuesto a ser profesor. Pero no me bastaba con imprimir libros y revistas, boletas y volantes a perfectos desconocidos. Decidí por ello formar una editorial. Imaginaba que sería como tener una banda de rock, algo propio, un sello que con el tiempo me haría confluir a distintas personalidades. Lo primero que edité fueron tres poetas de Valparaíso.

Entiendo que tu formación política, ¿alguna vez militante?, viene de la izquierda clásica. ¿Cuáles de aquellas directrices influyeron en tu cosmovisión social de la literatura o literaria de la sociedad?
En verdad soy hijo de militantes. Mi padre, una persona muy activa en el periodismo y en la política, fue ferozmente expulsado del Partido Comunista en el 68, porque estando de turno en "El Siglo" tituló "Tanques rusos en Praga", cuando los rusos aplastaron la sublevación checoslovaca que planteaba un socialismo de rostro más humano, episodio que provocó el repudio casi ecuménico de los intelectuales europeos. Después, como independiente, trabajó para la Unidad Popular y sólo el 77 dejó la política activa. Por mi parte, a pesar de ser un activo militante antidictadura, nunca pertenecí a un partido clásico. Siempre me uní a grupos -digámoslo así- más disfucionales, lo que no implicó falta de compromiso. El pensamiento y la praxis de izquierda, me hacen entender a la literatura como un instrumento reflexivo acerca de la sociedad amalditada que se vive en el Chile de hoy: un país violento, individualista, donde la gente está esclavizada por la tarjeta de crédito y la religión del dinero, ya por desesperación o arribismo. Creo que la enseñanza esencial del izquierdismo, que aún conservo, nos permite entender que la única posibilidad para un pensamiento político de izquierdas, progresista y moderno, permanece en el arte. Desde el arte se puede influir más decisivamente que pretendiendo instalarse en el poder de los ignorantes de derecha.

¿Qué temas te interesan para la editorial y qué proyectas para ella?
Yo publico poesía y narrativa, pero rechazo aquellos textos que desde mi óptica no estén terminados. No me puede interesar el libro o el autor editado en serie, donde el conflicto es sólo aparente, porque la sociedad en que vivimos está sumida en una crisis muy grave y ese sólo hecho no permite perder el tiempo. Prefiero la literatura que pregunte por el error y que no tenga problemas en mostrar sus propias dudas y falencias. Sobre las proyecciones, desearía tener más claridad de los títulos que van a salir durante el año y una mejor distribución, no tanto en librerías o en el mall, como anhelaba antes, porque ya sé lo que el mercado chileno da respecto de mí, pero me he dado cuenta que viene mucha gente a comprarme libros a la imprenta, y lo que quiero desarrollar es una librería virtual que pueda vender a todas partes. Los libros en las estanterías salen publicados y mueren, hay pocas librerías buenas donde el dueño sepa lo que vende, lo demás son negocios de libros, buenos tal vez, pero que no trascienden; el escritor vende poco, más bien en su red.

¿Crees que el libro como formato papel esté destinado a desaparecer?
Yo creo que el libro no va a desaparecer jamás, pero tampoco va a volver a florecer, incluso por una razón ecológica: el libro está destinado a subir de precio, a convertirse en objeto de culto. Los que lean libros (sobre todo los recién editados) serán personas diferentes al común (aunque siempre ha sido más o menos así, primero por una cuestión de alfabetización no masiva y después por la influencia de la televisión, que provocó el cambio de un paradigma audioescrito a uno audiovisual), y ya no necesitarás al libro para saber más, ni siquiera para adquirir eso que los tecnócratas podrían llamar "destreza operacional", sino más bien para volver a los lugares sagrados, a esa intimidad de gato ronroneando únicamente para ti. La gente o más bien los lectores van a leer mucho en internet y a través de los juguetitos tecnológicos de la informática, pero van a comprar libros y los van a tener en su casa como su hueso sagrado. Por último, para que desaparezca el libro tendrían que desaparecer los escritores, y el escritor no desaparece.

Hay a lo menos tres autores matrimoniados con Calabaza que están fijando ciertas pautas en la escena literaria nacional. Me refiero a quien seguramente será el próximo premio Pablo Neruda (para poetas menores de 40), a uno de los periodistas mejor informados del medio y a un poeta (o "ex poeta") que desde su activo desencanto social ha sonado ya dos veces como Premio Nacional de Literatura.
Creo que la coincidencia entre esos autores y el sello Calabaza demuestra que nunca estaremos tan solos. Demuestra que este tipo de prácticas pueden ser más difíciles, sin éxito aparente, pero totalmente reales. Al punto que hoy existe esa coincidencia con más autores de los que se perfilan en la pregunta.

¿Cuales son los próximos títulos de la editorial?
El libro de cuentos "Perdidos en el espacio", de Carlos Tromben y la novela "Jueves", de Luis Valenzuela. También daré cabida a una antología de poetas argentinos titulada "Post Menem", que es muy interesante.

miércoles, junio 04, 2008

EL FACEBOOK, JOSÉ BALMES Y OTRAS VIRTUALIDADES

Hace algunos días murió en un accidente de helicóptero el general director de Carabineros, Alejandro Bernales, quien viajaba junto a su esposa y a otros funcionarios con sus respectivas mujeres, todos fallecidos. Al asunto se le dio una cobertura desproporcionada (¡PARA EL PERIODISMO ESTO ES UN MANJAR!), que hizo olvidar las frías temperaturas y los problemas más tangibles de Chile en estos meses: el alarmante precio de los combustibles, y el paro de los camioneros y de un sector considerable de la educación. El asunto nos situó en esa pseudo homogeneidad política que recordó los mejores tiempos del consenso concertacionista (en el funeral sólo faltó el Partido Comunista, pero habría sido demasiado), y también rubricó esa tendencia a las lágrimas virtuales, a esa emocionalidad de cartón piedra a que la gente se está acostumbrando: Costumbre funesta, parecida a ese chiste del millonario que, sentado ante una mesa atestada de platos y bebidas y sintiéndose incómodo al ver a unos limosneros con sus caritas pegadas al mostrador, sólo atina a decirle al garzón: "¡por favor saque a esos niños de ahí!, ¿no ve que me parten el corazón?". Una emoción impostada y más falsa que moneda de seis pesos.

Y el FACEBOOK, la nueva burrada de internet (que amenaza con desplazar al blog y al e-mail, y ya dejó al fotolog a la altura del hacha de piedra), es una prueba flagrante de lo anterior. Pongo de ejemplo a una amiga antropóloga, muy inteligente pero groseramente individualista e incapaz de regalarle 20 pesos ni 5 minutos a nadie, que dice tener ¡327 AMIGOS! Se reconfigura y virtualiza aún más el concepto de amistad, nos contactamos con personas -con votos, clientes o datos, en realidad- que creíamos enterrados en la memoria, y con gente de la cual poco sabemos. (¿de quien se puede decir que en realidad sabemos lo suficiente?). La comunicación incomunicante, el delirio de tener el mundo en la palma de la mano y a la vez estar cada vez más solos, se patentiza aun más con este dispositivo alienante, en el que pocos creen (bueno, algunos, al usarlo, piensan en la palabra progreso), pero que muchos suscribimos para no sentirnos desplazados de la (i)rrealidad.

Y a propósito de escopeta, hoy, con el fin de preparar una charla sobre Bolaño en el Liceo Pablo Neruda, esperaba recuperar "Los detectives salvajes", que un amigo (cada vez más virtual) me tiene en su poder. Pero no llegó a la cita. Pretendía juntarme con él en la sala de exposiciones del campus Menchaca Lira de la Universidad Católica de Ciudad Sur. Los artistas plásticos José Balmes y Gracia Barros hablarían sobre sus últimos trabajos. Pero, en realidad, el evento fue una retahíla de lugares comunes, sobamientos de lomo, chocherías perrunas y anécdotas vertidas sin demasiada pasión. Más allá de unos cuantos comentarios técnicos de profesores de Artes Plásticas, precedidos de adulaciones surtidas, hubo sólo dos preguntas perspicaces, dirigidas a Balmes (Gracia Barrios carece del don de la palabra): La primera, hecha por un estudiante presumiblemente de izquierda, que aludía a la importancia de la claridad en la Obra, y de las posibles estrategias para hacer que ésta pueda ser captada por el pueblo, por el sujeto de a pie. Balmes, conocido militante comunista (lo cual, pese a su exilio, tiene algo de grosería virtual), le contestó una pelafustanada: "ESTOY CONVENCIDO QUE MI OBRA ES MUY FÁCIL DE COMPRENDER". Esa respuesta a una pregunta a mi modo de ver capital de estos tiempos, da cuenta de que estamos ante una momia que ya dio lo mejor de si y que ahora es incapaz de discurrir ideas nuevas: una suerte de oligofrénico con prestigio (¡CUANTO SE EXTRAÑA LA LUCIDEZ DE UN COMUNISTA COMO VOLODIA TEITELBOIM, A PESAR DE SUS LUGARES COMUNES!). La segunda pregunta la hice yo mismo, y aludía al tipo de poesía que lograba conmoverlos y que había influido en su configuración espiritual como artistas. El cadáver vertical (porque Gracia no habla si él no lo hace), groseramente distraido o embotado en su ego de "gloria de la plástica nacional", me respondió "¿ESTÁS DICIENDO QUE SOMOS POCO ESPIRITUALES?" Tras esa burda distracción de vieja fatua, me senté más adelante y le volví a preguntar, con paciencia de sicopedagogo, que cuál poesía lograba motivarlo e influir en su obra: Me constestó que la de Neruda y en particular el "Canto General", pero sin decir por qué, pues se lo comió el anecdotario y la búsqueda de una empatía de cartón piedra (¿que recordarán de este evento las elegantes señoras que hoy asistieron?).
Y como en este posteo hablaba (en términos muy vagos) de la virtualidad, no puedo sino recordar las palabras del director de la carrera de Arte de la UC, Renzo Vaccaro, quien al ver 20 personas reunidas en la sala, habló de "gran concurrencia", lo cual en ese contexto no deja de ser, pero que en términos generales parece un chiste agrio. Así, señores, la barbarie seguirá devorando nuestros bosques. ¡No a las momias! ¡No a los payasos o a los vegetales sin ideas, sentados en el excusado de su prestigio! ¡No al arte para pocos! ¡No a las ideas, ni a los juicios, ni a los amigos, ni a los artistas, ni a las posturas virtuales! ¿O acaso Balmes -que también tiene pinturas excelentes, como "Realidad 24", del año 65, que ilustra este posteo- cree que un trozo de madera untado en barro y cubierto de polietileno está modificando un ápice las condiciones objetivas de la realidad social? La irrealidad se los está comiendo vivos a estos seres, otrora bienaventurados. Y lo peor es que no sólo no saben... sino que no saben que no saben.

martes, mayo 06, 2008

Apuntes sobre "EN MIL PEDAZOS", de James Frey


Tras la lectura de “EN MIL PEDAZOS” del norteamericano James Frey (USA, 1969), no puedo sino pensar en Alberto Fuguet (Chile, 1964), quien asegura que este alucinante libro -que agradece de manera sospechosamente personal- replantea la manera de cómo se escribe, cómo se sobrevive y por qué se sobrevive (y escribe). O en la pluma oportunista de Álvaro Bisama (Chile, 1975) -que también comenta en la contratapa de la versión castellana de Aguilar, que conseguí a 2 mil pesos en un ofertón de supermercado con nombre de elefante- quien expele frases de publicista cinematográfico, que bien podrían acompañar la portada de “HOSTAL”, el filme de Tarantino sobre la tortura. O en Bret Easton Ellis, el autor de “AMERICAN PSYCHO”, quien apela a la generosidad y honestidad del libro, capaz de dejar al más escéptico con lágrimas en los ojos. Y efectivamente es así.

Novela autobiográfica que excede las 400 páginas, E.M.P. nos habla, sin moralina ni autocompasión, pero tampoco de manera payasesca (y aquí el cinismo divertido de Bukowski no cuenta), del tema de la adicción y sus complejas deformidades. James Frey, natural de un pueblo de Cleveland que detesta (tópico muy hollywoodense) e hijo de padres acaudalados y viajeros (paradigma de muchos drogadictos), tiene 23 años y llega a un prestigioso centro de adicciones, administrado por ex adictos, donde sólo el 14% de los internos se recupera para siempre (la taza más alta del mundo) y que está determinado por los 12 puntos de Alcohólicos Anónimos, a los que el espiritualismo personalista y ateo del protagonista (que incluye el I-Ching y una voluntad sobrehumana) se rebela.

El Centro, que incluye sicólogos, siquiatras, charlas, tests, naturaleza, tareas y comida en abundancia, le plantea a James un sinfín de desafíos: reconstruír el abismo inabordable de su ira (de la que no se libran sus padres sobreprotectores y presuntuosamente perfectos), reunirse con una chica a escondidas (cuestión prohibida en el Centro), enfrentar el chantaje de un par de gorrones, restituír su daño orgánico (entre otras ordalías debe cambiarse sin anestesia algunos dientes y aprender a comer sin vomitar) y, sobre todo, librarse del demonio de una poliadicción que incluye alcohol, pastillas, crack, pegamento, gasolina y otras búsquedas.

El desafío es titánico, y James lo intenta con la ayuda de sus amigos (un asesino a sueldo, un juez en rehabilitación, un ex campeón de box acabado, un obrero siderúrgico, un condenado a presidio perpetuo, entre otros), de la frágil Lilly (de quien se enamora), de la sicóloga Joanne (que se convierte en su protectora) y de sus padres (que asisten al Programa Familiar y reaccionan espantados). Cada página se entrelaza con fragmentos biográficos, tanto del protagonista como de los implicados en el desafío de recuperar la dignidad, el honor y la salud, perdidas en el humano acto de buscar paraísos artificiales, casi siempre traidores.

Vertiginosa y a ratos espeluznante anti-novela de autoayuda, EMP es de esas obras monotemáticas pero jamás reiterativas, archimanidas pero nunca agotadoras, que se leen sin interrupciones y que parecen auténticas cumbres epocales, pues suman a un estilo singular (la puntuación acelerada excluye todos los guiones en los diálogos y muchas de las comas), un montaje perfecto y una honestidad feroz que, a diferencia de las novelas de autoayuda, SÍ PUEDEN AYUDAR.
Resulta anecdótico que esta novela -que se publicó como memorias luego que las editoriales la rechazaran como novela- fuera calificada de impostura, por algunos periodistas que comprobaron la exageración e inexactitud de algunos hechos. Y resulta anecdótico porque, como libro de memorias, tiene la fuerza literaria de 20 novelas, y como novela de ficción tiene la veracidad y la honestidad de 20 libros de memorias. ¿Exaltación forzada del héroe James Frey? Tal vez, pero ese es parte del juego de la literatura, que perfectamente puede rectificar la vida.

miércoles, abril 23, 2008

DíA INTERNACIONAL DEL LIBRO EN CIUDAD SUR


“A quienes se pierden a si mismos todo les abandona”, dice un verso de uno de los mejores poemas de Rainer María Rilke , y aquella experiencia universal de desamparo, quizá consubstancial a todos los animales del bosque en algún momento de sus menguadas existencias, me viene asolando como desde el pasado, como desde el futuro, en las últimas semanas...

Hoy se conmemoró una vez más el DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO Y DEL DERECHO DE AUTOR, a cuya versión temuquense asistí en el ITINERARIUM MENTIS AD VERITATEM, en el jardín de Bello matinal con avellanos. Un toque de surrealismo (o de irrealidad), con Shakespeare, Garcilaso de la Vega (¿para qué lo nombran los burócratas de la cultura si ni siquiera conocen el nombre de UNO SOLO de sus libros?) y aquel célebre español que no debió su manquedad a una pendencia de taberna, “sino a la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros” (Quixote, prólogo a la segunda parte). Los 2 más ilustres conmemorados, el hispano y el inglés, “que con sus personas dan realce a este magno evento”, lo son en la fecha de sus muertes, lo cual no deja de ser un indicio: ¿de que la forma de ENTENDER LA LECTURA debe replantearse?

Pues bien, durante la mañana de hoy miércoles (la fecha del blog dice jueves) me encontré con Rodolfo Hlousek Astudillo y Ernesto González Barnert, que presentaban sus respectivos poemarios –"PERSISTENCIA DEL ALBA” e "HIGIENE"- en Ciudad Sur. Pero no fue en la mañana que estos señores leyeron sus poemas, sino en la tarde. En la mañana el plato fuerte fue un lechuguino de cuidado: el bachiller Sansón Carrasco, aquel infatuado varón que proclamándose letrado e ilustrado y progresista y guardián de las buenas costumbres, terminó con el sueño del Quijote de la Mancha.

Carrasco, que venía del fuerte de la UACH de Valdivia, apertrechado en sus jinetas de caballero de la civilización, expuso en algo más de dos horas de ironía petulante, una retahíla de lugares comunes, algunos embustes y limosnas conceptuales (“los escritores siempre repiten los mismos temas y jamás harán nada nuevo”… “hay cada vez más escritores y menos lectores y no sé a donde vamos a llegar con la subliteratura que atenta contra la santidad del mundo”, “a menudo la vida nos impide vivir plenamente, ay”), con las cuales dio curso a su acre escepticismo. Y como decía mi abuelita: todo joven que en su juventud nunca se rebeló contra nada, termina siendo un resentido de cuidado” o un VCDSM, podría agregar yo. Tengo grabada su conferencia, pero no me interesa de momento hacer una rigurosa pormenorización de la misma y de sus múltiples inconsistencias (también tuvo algunos aciertos), pues el hombre me puede enviar a sus sicarios y desmedrar aún más mi delicada situación en la Universidad. Para terminar con él, debo decir que, al momento de recibir el galardón que la Universidad le dio, sostuvo que “hay que fingir, jeje” (¿qué habrá querido decir?). Luego, el café, algunos saludos más felices que otros, un cigarro de campo con algunos compañeros de Rodolfo y la espera del evento de la tarde.
EN LA TARDE
En la tarde se hizo un evento-intervención (bastante interesante pero no demasiado) en calle Prat, casi en frente de la Dirección de Extensión Contínua, que empezó con parvulitos (hablo literalmente) oyendo a Rodolfo Hlousek, Guido Eytel (en una foto reciente) y Ernesto González (Elicura Llanquilef una vez más no se presentó) contar historias sobre “un caballero muy flaco que tenía un escudero, ¿alguien sabe lo que es un escudero?”, e instándolos después, ante la nula atención de los peques, a decir poemas y refranes. Al poco andar el asunto se hizo insostenible, porque era un desafío tan ambicioso que más bien parecía un sabotaje: yo no digo que lo fuera, y sostengo que con niños de 8 o 9 quizá la cosa hábría bellamente funcionado.

Luego del desliz, Eytel leyó un único poema: “CUANDO EN EL SUR FLORECÍAN LOS CEREZOS, que nos habla del secuestro de su primo Marcelo Salinas Eytel, acaecido en la primavera de 1973, y que tiene a lo menos dos versos excelentes: “Se vuelven otra vez los perros horizonte / y no hay agua para lavar la injusticia". Lo interesante de su lectura es que esta vez la realidad superó a la ficción, pero para bien: pues ha pocos días se dictó condena contra los autores del secuestro del entonces joven Marcelo (“La última vez usaba sandalias / y una chaqueta verde / del color del pasto / que brota a principios de noviembre”). Y Guido, en un gesto que desmiente los delirios de algunos paniaguados del Olvido que confunden la Justicia con la Venganza, dijo que en ese momento sus sensaciones y las de la familia eran muchas, tal vez de tranquilidad, tal vez de reposo, o de fe en el progreso de un ideal de Justicia que ampare a todas las personas sin importar su condición… pero no precisamente de Alegría.

Más adelante, minutos después de saludar al poeta César Abuelo (que vive momentos felices) y al publicista Gerardo Quijano Asediados (que también fue muy cordial), se abatieron sobre mí las tinieblas y seguí inercialmente en ese sitio. Y lo hice solamente para oír a los poetas Ernesto "Barnie" González (un dinosaurio que vive en nuestra mente y que ha mejorado mucho su lectura) y Rodolfo Hlousek (que parece hallarse como pez en el agua en su presente incursión universitaria y que cada día se las arregla para reinventar su adolescencia perpetuada y convertirla en buenos versos). Se divirtieron mucho y también al respetable. Pero, en ese momento... tomé mi sombra y me fui.

lunes, abril 21, 2008

Apuntes sobre "LOS MISERABLES" de Víctor Hugo


Dentro de seis días son las elecciones internas del Partido Socialista de Chile, que elige candidatos a la dirección nacional, al comité central y a la dirección regional, así como también a los respectivos comunales . Cuatro votos, un enredo de cuidado, y posiblemente una ferocidad (cualquier tipo de organización desmedida me parece una ferocidad... y ello quien mejor lo ha planteado en estos tiempos es John Ralstom Saul en su notable ensayo "Los bastardos de Voltaire"). Pero también un acto necesario, pues soy militante de esa colectividad, cuyos únicos escritores que conozco son el locutor de boites Hernan Rivera Letelier y la torpe Marcela Serrano (su éxito está asegurado), cuyas obras dejan mucho que desear, pues están determinadas por el abuso del chiste fácil, del más irritante lugar común y casi carecen de poesía, de metáforas y tropos que bien utilizados enriquecen cualquier prosa hasta niveles memorables. Por ello es importante que Claudio Maldonado -que también es militante socialista- se ponga las pilas y escriba más de dos horas al semestre.
Durante este par de semanas no he escrito nada significativo, pero al menos leí dos novelas ponderables: LOS HERMANOS KARAMAZOV (Dostoievski) y LOS MISERABLES (Víctor Hugo), 1500 páginas en total y construidas con idéntica fuerza y afán de redención. Para concluir este posteo, diré algunas palabras de LOS MISERABLES, una de esas novelas que puedes leer y releer sin sentir que botas el tiempo a la basura, y que fue escrita por un escritor inmensamente exitoso y superventas, pero que a diferencia de los antes reseñados no padecía de oligofrenia.
MONSEÑOR BIENVENIDO
Es octubre de 1815 y el caritativo sacerdote Carlos Miryel, conocido como el obispo Bienvenido, vive en una humilde casa con su hermana y una criada, pues ha renunciado a vivir en el Palacio Episcopal cediéndolo como hospital. De pronto se presenta en su casa un hombre sucio y haraposo, que tras ser expulsado de dos posadas se presenta sin ambages: Jean Valjean, ex presidiario que desfallece de hambre y de cansancio tras una caminata de 12 leguas (una legua equivale a 5572.7 m.), y que solicita un lugar donde dormir y comer a cambio de dinero. Valjean, un modesto podador detenido cuando no llegaba a la treintena, pasó 19 años en la cárcel al agravársele una condena de cinco a causa de sus cuatro intentos de fuga. ¿La razón de su encierro? : el robo de un pan y el rompimiento del vidrio de una panadería, lo que hizo para alimentar a su hermana y a sus siete sobrinos.
JEAN VALJEAN, DE PRESIDIARIO A ALCALDE
Tras padecer esa ferocidad, Valjean -que decide aprender a leer y educarse azuzado por el odio vengativo- condena a la sociedad… y condena a la Providencia por permitir las iniquidades de la misma. Hasta que conoce al obispo Bienvenido. Éste, al verlo en la entrada de su casa lo llama caballero, ordena que le hagan una cama con sábanas limpias, lo invita a su mesa, abre una botella de vino inusitado y dispone que se ponga en su honor el cubierto y los candeleros de plata. Tras la cena acuden a dormir, pero en mitad de la noche el ex presidiario, (que incluso piensa en matar al cura) roba los cubiertos de plata del armario y huye por la ventana. Pero lo cogen los gendarmes y lo llevan de vuelta a casa del obispo, para ver si acaso es cierto que éste le ha dado los cubiertos. Éste lo reafirma y le pasa además los candeleros, “que habías olvidado”, pero antes de dejarlo ir le dice al oído: “Jean Valjean, hermano mío, vos no pertenecéis al mal, sino al bien. Yo compro vuestra alma; yo la libro de las negras ideas y del espíritu de perdición, y la consagro a Dios”.
Luego de esas palabras y de una pequeña anécdota, Valjean cambia para siempre. Llega al pueblo de M., donde tras salvar a dos niños de un incendio arriesgando su vida (su espacialidad), se libra del trámite del pasaporte (léase, carnet de identidad), por lo cual se hace llamar Señor Magdalena. Y mediante el ingenio de mutar la goma laca por la resina en la fabricación de abalorios, se enriquece en menos de tres años, lo que hace que, en virtud de su inmensa caridad y filantropía, el mismo rey disponga -por dos veces y casi obligándolo- que lo nombren alcalde.
EL POLICÍA JAVERT
El misterioso señor Magdalena, hombre afable, triste, ascético y sin mujer ni mujeres, descomunalmente forzudo, generoso hasta la demencia y curiosamente sin ambiciones de riqueza, se granjeó el respeto general del pueblo (a veces hasta lidiaba en los pleitos). De todo el pueblo, hemos dicho, menos de uno: el inspector Javert, hombre nacido en una prisión e hijo de una mujer que leía el futuro en las cartas y cuyo marido también estaba encarcelado... “Se dice que en toda manada de lobos hay un perro, al que la loba mata, porque si lo deja vivir al crecer devorará a los demás cachorros. Dad un rostro humano a este perro hijo de loba y tendréis el retrato de aquel hombre”. Javert se sentía connaturalmente marginal, y como creía que la sociedad excluye de su seno a dos tipos de hombres, los que la guardan y los que la anhelan destruir, se hizo policía. Y se afanó en ello hasta el fanatismo (“estaba compuesto este hombre de dos sentimientos muy sencillos y relativamente muy buenos, pero que él convertía casi en malos a fuerza de exagerarlos: el respeto a la autoridad y el odio a la rebelión”). Asimismo, por lo raro que le parecía el alcalde Magdalena (“nadie es tan generoso, ningún hombre rico defiende a una prostituta de un ciudadano decente, ningún poderoso es capaz de arriesgar su vida”), se fanatizó con la idea de desemmascararlo. Esa persecución-huída sempiterna es el principal hilo conductor de “Los Miserables”, que tiene en Jean Valjean, su protagonista, que se empeña en salvar a una niña y encauzar su vida, a uno de los más grandes héroes de la historia de la literatura, al menos de la modernidad.

Para concluir, básteme decir que esta novela -de un autor que llegó a creerse un teólogo, un vidente, un develador de los misterios del trasmundo y de los designios más recónditos del ser Supremo y de su Obra- nos hace rozar uno de los atrinutos esenciales de la divinidad.
Hugo (que según Jean Genet "no era más que un loco que se creía Victor Hugo", que solía acostarse con servientas a cambio de sumas miserables, y que en sus sesiones de espiritismo aseguraba comunicarse entre otros con Jesucristo, Mahoma, Lutero, Josué, Shakespeare, Moliere, Dante, Platón Galileo, Isaías y Napoleón) creía que al leer obras relevantes, el ser social profundizaría su comprensión de la naturaleza y de la vida, mejoraría su conducta cívica y hasta su adivinación del arcano infinito, del más allá, del alma trascendente y de Dios. Ahora nadie o casi nadie piensa que la literatura pueda mejorar el actuar de los hombres, pero resulta muy claro que al visitar las páginas de esta vasta construcción, sentimos -sobre todo al leer la portentosa cantidad de mayestáticas y sabias afirmaciones de Hugo (el no dice, "siempre he creído", si no más bien "los hombres siempre han creído")- que rozamos ese atributo divino del que antes hablé: LA OMNISCIENCIA... esa cualidad de conocerlo todo, que un argentino desesperado y lúcido, quizá parafraseando a Nietzsche, le auguró al FUTURO. Veremos.

miércoles, abril 09, 2008

FELICIDAD PERPETUA

Un buen amigo periodista, quizá demasiado televisivo y emocional, pero de gran calidad humana, está muy enfermo. No tiene empleo, ni trabajo y sobrelleva la incomprensión y el hastío familiar. Hace un par de días fui a verlo y estaba aún más débil de lo que siempre ha sido. Pero parecía un titán. Me dijo que asumía cada día como un regalo y que sobrellevaba su enfermedad con estoicismo y alegría. Yo pensé en tanto poeticastro de mierda sumido en dolores de cartón piedra (si si, el sufimiento es un fenómeno complejo, señores, pero a veces he llegado a pensar que los únicos dolores reales son la enfermedad y el hambre), y recordé este poema oscuro que paradojalmente, pese a ser creado “por un poeticastro de mierda”, tiene que ver con mi amigo. Su ejemplo fortalece a cualquiera.



Si alegre de que todos sus amigos y animales
lo dejaran consigo en las afueras del bosque
en las afueras de la risa y de la vid
no los ame ni perdone


vaya al interior de sus muros y enciérrese
sin atavío en la ciudad de polvo negro y sin ciudad
con el hambre, la sed y la risa sin luz
con el miedo y el dolor como promesa sin promesa
como lepra silente y sin harapos


enciérrese junto a la ira sin voz y pida un cáncer
agradezca la falta de mujer, la falta de hombre
el frío obscuro, el fuego negro, el hielo sin pájaro ni luz


agradezca su mensaje en la botella
botado al mar en una botella destapada
y sin mar y sin mensaje.

lunes, marzo 17, 2008

COÑARIPE, VERANO 2007


Desde hace algunos días volví a Ciudad Sur, esta vez de forma más o menos definitiva, y ya me alejé para siempre de Parición, esperando dejar -en ese pueblo ramplón y huasiloco, lleno de tipos amables, sin mundo y buenos para el aguardiente y el pasto, y de mujeres machistas y dominadas, de culos vigorosos, y apetecibles rostros de mujer caliente no asumida- la fantasmática estela de los héroes y los homicidas venturosos. Lo cierto es que estuve en Coñaripe (balneario ubicado al noreste de la décima región) durante todo el verano y avancé en unos 4 o 5 textos de mi libro de relatos imbricados, que habrá de titularse ARCADIA, y que se sale del bildungsroman para incursionar en el basurero social de Ciudad Sur: la perfidia del falso mapuchismo, el narcotráfico y el lavado de dinero, el tema universitario, ciertos crímenes sospechosamente inexplicables, el colapso de la relación de pareja y el funesto bestiario de los artistas de la zona, son algunos de los temas incursionados en este experimento.

En Coñaripe no estuve bien (eso está lejos de mí por ahora), pero no me faltó comida, ni agua ni un poco de afecto. Extrañamente -por mi cualidad anticonvencional, que apela al desapego gnóstico y a cierta autonomía de los determinismos familiares casi siempre anticreativos- puedo decir que una de mis mayores motivaciones fue mi hija Catalina Francisca (1° de mayo de 2000), que no vive conmigo a quien veo para las vacaciones, pero que constituye una suerte de puerto de salida. Además, hay algo en ella que tiene mi sello indesmentible, y eso sin duda es un detalle, pero ES UN HECHO... que no fomento ni contra el cual me rebelo.