viernes, octubre 05, 2007

MILÉSIMA OPINIÓN SOBRE LA CÁRCEL DEL CLAN PINOCHET


Ayer compartí un par de cafés con Paula Palma Bovary, periodista del sector salud en Ciudad Sur y una de esas amigas que valen más que un cofre lleno de tesoros y que…

En algo más de dos horas conversamos de temas como: la sencilla eficacia de los versos de Jorge Teillier (“fui al patio a decirle a los conejos / que el amor estaba muerto”) del todo exentos de palabrofilia (adicción a las palabras), y de su trágico alcoholismo que nunca lo llevo a agredir más que a si mismo; de los aborrecibles efectos secundarios del floripondio y de la caspa del diablo; de lo pesadillesco (la palabra no existe) de las espléndidas cintas Hellraiser y de algunos pasajes intolerable y bellamente espeluznantes de David Lynch, pero que son superados por el museo de horrores que suele mostrarnos la realidad social (discutíamos el caso de Gerardo Manquilef -ese es el nombre real-, un ex alcalde que ya no vive en Chile y que le dio a beber a un niño mapuche de 5 años una botella de whisky que le provocó la muerte); de la naturaleza misteriosa de la protervia (maldad extrema), que se escapa de todo parámetro biográfico o siquiátrico, parámetros que hasta pueden erroneamente justificar dicha protervia; de aquella genial frase de James Joyce que asegura que en un sueño uno es a la vez el dramaturgo, el director, el espectador y el actor de una misma obra de teatro; de la amistad que Paula tuvo en su infancia con una amiga imaginaria, para palear su soledad de hija única y satisfacer el espíritu de competencia que todos bien o mal llevamos dentro; de la enorme diferencia que hay entre tener dolencias y ser constitucionalmente enfermo (dimos el caso de una futura doctora en literatura que tiene depresión endógena y severos problemas hormonales, y que fomenta una testarudez intelectual y académica sustentada, explicablemente, en la fuerza bruta y en una cobardía sin fin); y por cierto que también de la cárcel que afecta a la familia de Augusto José Ramón Pinochet Ugarte (en la foto se le ve con parte de su familia en tiempos mejores).

También hablamos de muchos otros temas que no tienen cabida en este blog.

Paula, que necesariamente ha debido indagar en el tema de la salud, me dijo que el tragicómico caso de Pinochet y su clan era como la caprichosa metástasis de un cáncer, “que una vez muerto deja ramificaciones insospechadas y hasta más dolorosas que el mismo cáncer que las engendró”. Le comenté que aquella metáfora me llevó a recordar la famosa frase de Gustavo Leigh Guzmán (integrante de la junta que encabezó el pronunciamiento del 11 de setiembre), que comparaba al defenestrado (destituido) régimen de Allende con un cáncer… y los cánceres “se pueden” o “se deben” extirpar… lo que sin duda motivó que más de algún militar, al torturar, pensara que estaba sanando al cuerpo social. Luego me dijo que el asunto, la gran noticia de la semana, no le provocó tristeza y en eso no estuve de acuerdo con ella.

En primer lugar, porque a causa de mi aristocratizante (de)formación espiritual tiendo a despreciar las emociones gregarias: si diez millones de sujetos se jajajean yo no tengo nada de que reír (salvo en el fútbol). En segundo lugar, porque resulta irreductiblemente abyecto patear en el suelo a un derrotado: no digo que la imputación hecha a estos sujetos sea arbitraria o que, como dicen los pinochetistas (algunos de ellos excelentes personas), “no es más que una cortina de humo destinada a tapar los graves problemas del gobierno”; sólo digo que desde el caso Riggs, Pinochet ya fue condenado por la Historia, por el diario “El Mercurio”, por sus ex aliados y por la implacable danza de la realidad, y la miel sobre la miel repugna. Y en tercer lugar, y aquí finalizo, porque trivializar la palabra Justicia es una desmezura peligrosa: Aquellos (y apelo a la noción de ser humano) que de forma jactanciosa y petulante y hasta canallesca se están llenando la boca con frases como “justicia divina” o “así como pecas pagas” o “la fuerza de la verdad”, son, por cierto que con matices, los mismos animales vengativos que celebraban con champagne y que hasta siguen celebrando como la segunda independencia de Chile la ejecución de una violencia que puso fin a un gobierno desesperado y casi puramente emocional. Actúan con la vileza del sujeto que se enorgullece y alegra de haberle vaciado una pistola en el mate a un delincuente peligroso que entró a robar a su morada, en lugar de preferir que aquel asalto jamás hubiera acontecido. El pinochetismo puede ser torpe y hasta delirante, pero el mal siempre ha estado en todas partes, señores.
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¡Última hora!: el clan fue liberado por obtusa negligencia o por torpeza o no sé bien por qué. Mas ello no cambia las ideas esenciales de mi escrito.

martes, septiembre 18, 2007

PAPILLÓN Y LA PASTA (QUE NO ES EL DINERO) BASE


Parición, pueblo ramplón y huasiloco nacido el 24 de diciembre de 1603. Adentro, la cárcel. Afuera, el infierno social del 18 con mal trago y mucha cumbia, digna de una danza de cuchillos: las ramadas en pleno con mucha culona apetecible (Proverbios 11:22), pues en este pueblo -he vivido en 11 ciudades- hay mujeres prodigiosas.

Mucho más abajo, Papillón, el segundo hijo de una familia de regentes de una panadería y luego de una shopería ubicada en plena "Villa Alegre" (el "New York Pub Restorán"), que actualmente nadan en plata, en sensualismo bruto y son hinchas despiadadamente fieles del un club futbolero de Santiago, a una de cuyas tantas filiales perteneció el padre de la familia en sus años mozos.

A Papillón de Parición lo conocí el año 96, mientras amenazaba de muerte a mi desaparecido amigo "Tiroloco", a causa de una hembra (algo nada infrecuente en estos lares), en el segundo piso del "American Bar"; lo cual, a todas luces, fue un acto temerario. Papillón es -o más bien era- un mocetón impetuoso, con un parecido notable al Al Pacino de "Scarface". De manos y nudillos respetables, su impetuosidad llama (o llamaba) poderosamente la atención, pues el hombre no excede del metro setenta. Su virilidad no deja de ser cortés, como en los auténticos malevos (pienso yo): aquellos bravos que saben ponderar a quien tienen enfrente, aunque no sean éstos de sus pagos violentistas.

En lo que a hoy respecta, Papillón andaba con Polo Drink, con Zorro Lenny (chantado en el trago) y el amigo Moais. Los vi en las ramadas del loco Villagrán. Yo había dado un par de vueltas y sólo vi a esa gente que me resulta complicado saludar. No había ningún amigo, amigote, amigoide ni amigastro, y la música no era admirable.

Me invitaron a deponer el absurdo y a dejar de lado a Diógenes Laercio (una biografía que me prestó mi buen amigo el "Flaite" Ilustrado de Ciudad Sur), pero yo ando tomando analgésicos. No me creyeron. O no me quisieron creer.

En eso, Papillón, que estaba muy alterado, se fue de nuestro lado, y como ocurre en un pueblo como éste, donde abundan los seres generosos y amigables, pero profundamente maledicentes, escuché el casi alegre testimonio de los otros sobre el rudo Papillón: "EL HOMBRE, DURANTE AÑOS EL PRINCIPAL DISPENSADOR DE YERBA BUENA DE LA CIUDAD, AQUEL QUE GANABA MÁS DE 5O MIL PESOS DIARIOS EN VIRTUD DE SU PURA CHOREZA Y BUENA ESTAMPA, ESTÁ ENTREGADO, PERO GROSERAMENTE ENTREGADO, A LA PASTA BASE".

En realidad, reparé en su extremada flacura, que ya no era enérgica. Reparé en sus ojeras de locutor dieciochero en el ocaso, y pensé que Papillón ya no era digno de si mismo (lo que es casi un sinónimo de la insidiosa muerte). Después, mientras yo fumaba tabaco de hebras largas con los paisanos antes nombrados y, cuando tras media hora me disponía a volver a la cárcel (mi casa), un hombrecillo acuchilló a Papillón. Ahora, lejos de la pasta, Papillón es un hombre libre. Quien sabe hasta cuando. Luego de un rato, llegó Carabineros y reestableció la fiesta, por lo cual hoy tampoco podré dormir, pues el ruído de las ramadas es como un barco anclado en el cemento o un carrusel ajeno.

NADIE ES LA PATRIA, O, ESTO NO ES VANIDAD


“Nadie es la Patria / pero todos lo somos / Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante /Ese límpido fuego misterioso.”

Así reza este poema (de un argentino) que siempre recuerdo en fiestas patrias, así como también al De Rokha chilenero en su magistral “Epopeya de las comidas y bebidas de Chile”. Para muestra un botón, que poco tiene en este caso de culinario, si no más bien de crepuscular.

“Y nosotros nos acordaremos de todo lo que no hicimos y pudimos y debimos y quisimos hacer / como un loco asomado a la noria vacía de la aldea / mirando con desesperado volumen / los caballos de la juventud / en la ancha ráfaga del crepúsculo".

Ya es 18 de setiembre en Chile (6:00 am), mas para mí el festejo empezó antes, el 13, en unas ramadas de la UFRO (la principal universidad de Ciudad Sur), ubicadas a un costado de ese gimnasio nuevo cuya arquitectura recuerda a Brasilia. Fui a ese evento con Koneka rubia, pero me quedé con Carolina, mirando los caballos de la anciana juventud desfilar en la frugal llanura, que tiene un fondo tipo “Comfortably numb” de Pink Floyd. Ella (Carolina) estudia Trabajo Social y ayer llevó a su hijo de 3 años vestido como huaso de parada, de quien obtuve un plano contra el cielo. Por ahí también aparecieron Claudio Maquiavelo, Miguel Cerón y Rodolfo Astudillo, todos haciendo de padres. Ella, Carolina, junto a seis o siete u ocho amigas de Trabajo Social (una era Julia Roberts chiquitita), bautizaron una ramada con el nombre de LA COMUNACHA (como un hacha), lo cual hace justicia porque varias de ellas tienen guagua. Eso es bello, casi mejor que la tarde prolongada y de algún modo eternizada como un asno de tiempo circular.

En medio del fragor de la contienda me acerqué a Cocorro y a Gerardo Quijano, que llegaron con sus minas respectivas y de forma misteriosa al edénico lugar. Crucé lentamente el prado con dirección a la cancha (el sol empezaba a ocultarse), sonreí diabólicamente, estiré mi mano desnuda de puñales y les dije: “CÓMO ESTÁS GERARDO, HOLA COCORRO”. El publicista Quijano, a quien todavía respeto, me respondió: "CÓMO ESTÁS MARÍN", pero Cocorro el Cocodrilo me dijo simplemente: “CÓRTALA YA”. Casi me dio vergüenza ajena. "Es con la risa y no con la ira como mejor se mata", dijo alguien cierta vez.

Después fumamos en un lecho de piedras y la noche, que al igual que el día siempre estará ahí pese al escandalo del mal, nos amó. Aún tenemos Patria, ciudadanos.

Ayer me escribió Camilo Herralde, quien hará las gestiones para el lanzamiento de “Palacio Larraín” en Santiago, con Felipe y Agustín, dos muchachos que de verdad tienen talento. Es el último lanzamiento que haré de mi primer libro, pues el otro será parido, no sé si publicado, antes de finalizar el año, como un "Toro de Falaris".

El “Toro de Falaris” era un tormento que consistía en dejar a un tipo adentro de un toro de hierro calentado al rojo vivo, el cual era puesto en la cima de una colina; los gritos del infáustico hombrecillo (un Cocorro sorprendido en falta) y el humo que salía del toro hacían que el cuadrúpedo cobrara vida propia. Más abajo, les dejo un cuento relacionado con el finado Jimmy Coyote, que bebía enormes vasos de suciedad. Yo sigo escribiendo literatura; lo que pasa es que no puedo ver este gesto del blog como algo inútil; de hecho, no lo es. Puede ser triste, puede ser suicida, puede ser incluso errátil, puede ser (sado)masoquista, pero de inútil lo es menos que desayunar bien.

Acabo de llegar a Parición y al lado de mi casa están las ramadas. Como después de una larga travesía, el sentimiento que me invade es de pavor ante mí (con algunas voces en la noche), sobre todo al ver cómo son capaces de sufrir y de gozar inutilmente (o más bien ilusamente) casi todas las personas. Tiendo a verlos, a unos más que a otros (y no me refiero a los pobres), como animalitos atropellados a la vera del camino. Y esto no es soberbia ni tampoco vanidad: es compasión. Una compasión rabiosa y tal vez espeluznante (ecle 1: 17-18).

Cuando has sufrido demasiado, y más bien lejos de los otros (con carencias tan extremas y distintas que nadie ha padecido jamás), tienes dos posibilidades. O convertirte en un monstruo de luz, de soledad y descrédito (actual o futuro), como ADOLF HITLER. O, pese a sentirte un héroe del dolor o un aristócrata del sufrimiento, convertirte en un monstruo de luz, de soledad y descrédito, pero capaz de empatizar sinceramente con los otros y librar a más de alguno. (Huelga decir que, para lo que uno espera, no cabe más que sentirse un aristócrata, un elegido, pero eso no significa que uno deba ponerse de espaldas a los inferiores, que se han cavado sus infiernos, idiotismos o perpetuadas derrotas, a causa de una homosexualizante falta de información: por falta de gnosis, de hermetismo, de humildad, de compasión, de pureza, de satanismo conciente -conjurado-, de alegre maldad, de cristianismo bien leído, de perversidad entendida no como crueldad si no como videncia: pero la videncia por si sola no salva...). Ahora si, JIMMY...
(ESTE POSTEO NUNCA FUE VANIDAD... quizá sí fue un acto suicida... me refiero a decir palabras autolaudatorias de un rompe y se raja y así "sin asunto". Seguramente).

viernes, agosto 31, 2007

TEILLIER EN LA UNIVERSIDAD


Fines de Agosto. Mi tercera estadía en Ciudad Sur (1980-1997, 2001-2004, 2007…), esta vez en la casa de Leandro Muñoz Caro: un esnobista y leal amigastro con quien sacaremos un conejo del sombrero.

Anteayer fui a una conferencia sobre Jorge Teillier, donde Machos Tristes, Guido Eilers, Federico Schwob, Nicanor Pérez, un sujeto espantosamente formal (que en todo caso es muy buen chato) y el peñi Cifuentes (traductor de la reciente antología de mapuches perpetrada por Genaro Huenchullán), leyeron poemas del vate de Lautaro. No estuvo mal, pese a la pésima lectura, connatural a casi todos los poetas chilenos (que creen que lo suyo seduce de antemano, cual si neurofisiológicamente estuviéramos capacitados para absorver un discurso desnaturalizado... prefiero que se me acuse de" gritón" o "dramatúrgico"... pero la poesía no se defiende sola).

Asimismo, ninguno se acordó de los pingüinos sentados en la parte posterior del auditorio de la casa de Bello. Digo esto porque Teillier tiene espléndidos poemas referidos al amor (escindidos del lugar común), al estudio o la ingesta de bebida en la enseñanza media, demasiado necesarios en la era donde todo despierta y es casi dulce la tristeza:

Ticatqueo del reloj. Ves de nuevo
los pueblos cuyos nombres nunca aprendiste,
el pueblo donde querías llegar
como el niño el día de su cumpleaños
y los viajes de vuelta de vacaciones
cuando eras -para los parientes que te esperaban-
sólo un alumno fracasado con olor a cerveza


Confieso que llegué tarde y no vi la primera conferencia (que según entiendo fue del simbolista Schwob) porque acompañé a la encantadora María José al centro del ágora de Bello e incluso fumamos mirando los colores irrecuperables de la tarde. Al entrar vi una serie de sujetos, muchos de ellos conocidos, como Rodolfo Astudillo, quien vendía sus dotes acompañado de su mujer, su hija y su hambre crónica de vate archimanido…

(“El cuerpo es un delito / delito es un gesto / todo gesto es subversivo /cuerpo es una calle / calle es un delito / pensar cuerpo / cuerpo es signo / conocimiento cuerpo delito / conocimiento cuerpo / Dilación cuerpo / cuerpo rivalidad / cuerpo y juicio / cuerpo ofrenda delito”).

También vi a Julio Alister y al nuevo seremi de cultura, Juan Inostroza, vestido con manta y alpargatas. Sirvieron café y no vino, ni siquiera un inocente vaso para prolongar la tarde. Cuando noté que el simbolista Schwob (a quien simbólicamente consideré alguna vez mi enemigo en el simbólico e inconcluso magíster literario que hice en la simbólica Universidad de Chile en el 99) había envejecido y se había quitado el bigote, perdiendo buena parte de su idiota y bufonesca y consabida petulancia, que viene adherida como la grasa a la carne a su exquisita erudición, pensé en la decadencia: pero en una decadencia que no se sabe decadente y carece por ello de porvenir.
Mi impresión fue confirmada cuando Nicanor Pérez leyo un poema pugilista de Teillier, que introdujo con una frase para el bronce: “este poema me interpela porque trata de la derrota y el fracaso”. Luego de tal alarde de falsa modestia, de chiste pedagógico y senil infantilismo, ratifiqué que la literatura era otra cosa : una flor que no crece en un jardín con rejas, a la vera de academias y juegos de poder, sino en el borde de un sendero eriazo o en una comarca desconocida.

lunes, agosto 20, 2007

VOLVIENDO A CIUDAD SUR



El frío persiste, pero el sol amengua la sensación sicológica de muerte propia del nublado. En Coñaripe nevó. Estoy en el soleado Nacimiento (ayer comí tortolas con salsa de vino, petalos y longaniza ranchera, gracias a Mario Galaz que me llevó al cumpleaños del profesor y folclorista Gabriel Barrientos, que es muy momio pero muy buena persona) y mañana regreso a Ciudad Sur, esperando encontrarme con María José, un chica sencillamente encantadora, como un gato colorín en primavera.

Maldonado fue operado y salió del hospital. Está muy bien y eso es maravilloso. Ayer me envió un largo comentario sobre Mirko Josic, el croata que llevó a Colo-Colo a ganar la Copa Libertadores del 91, y que según él es un antecedente directo del loco Bielsa. Josic era un tipo muy cerebral que implantó el esquema de jugar con un líbero, dos stoppers, dos laterales a la altura de la media cancha, cuatro volantes (dos de marca y dos de creación) y un solo delantero. Con ese rarísimo invento el Colo fue una máquina imbatible donde, a la brasileña, los laterales volantes Pizarro y Espinoza llegaban a centrar varias veces por tiempo, como dos punteros netos. En Chile no entendíamos cómo un equipo con un solo punta podía ser tan ofensivo, tan vertiginoso; fue notable cómo impuso el concepto de la marcación individual y un alto nivel de exigencia física. Se dice que no concebía que si a un futbolista le pides dar 12 vueltas a la cancha éste de sólo 9; esa costumbre tan chilena de sacar la vuelta (y aquí si que es atingente el mentado concepto) le parecía irreal.

Es de esperar que con Bielsa, un admirador de Josic, se acaben los temas de indisciplina, las llamadas y contactos con “los seres queridos” que sólo distraen al jugador; éste debiera sentirse como en una guerra, comiendo inteligentemente, entrenando y mentalizándose para salir a asesinar, dando la vida en ello, sin fijarse en la novia, el bebé recién nacido o -horror de horrores- en el enmierdado programa televisivo que le pregunta, ad portas del partido, si se revolcó o no se revolvó con Juanita Chuchañoncha o Ramona Nalgaverde.

Con singular afectación, Maquiavelo también me habló de los sufrimientos del pueblo peruano a raíz del reciente terremoto. “Lo que me altera es que el gobierno del Perú no tenga un aparato de planificación de emergencias para soportar este tipo de desastres. No hay morgues, se caen las redes del teléfono y no se levantan en días, escasea el agua de un día para otro y todo el país parece aplastado, como si esa violencia española que otrora dejó pobre de autoestima y de oro al virreinato, les pesara como eterna maldición. La inocencia, que tantas veces nos hace tropezar con monos incendiados (“el pueblo unido...”, “un pronunciamiento”, una “alegría ya viene”) quizá azota con más fuerza a nuestros hermanos incaicos… "porque YO VOTO por Fujimori, porque con él seremos igual que el Yapón, señorita", o "Con el Cholo Choledo tendremos una real democracia para el pueblo". Parece que después de tantas dictaduras, de tantos años de senderos y promesas sólo quedaran las ruinas inertes y humeantes de un imperio que sólo se sostiene con la fe de su pueblo, resignado a un infortunio secular".

César Abuelo, poeta idealista (filosóficamente hablando), me envió una crítica muy favorable que le hizo el doctor Gregorio Rojas a su trabajo, incluido en la antología de poesía mapuche “La memoria iluminada”, perpetrada por Genaro Huenchullán. Su gesto de minotauro que ve a a literatura como un ejercicio de poder elitista, lejano al pueblo o al sujeto de a pie, se parece más al del alumno brillante quien con estudiada petulancia te refriega sus notas sin pretender nada más que ponerte el pie encima
, que al del alumno solidario capaz de trascender de si. Desde que conozco a Abuelo lo sé un poeta noble, pagado de si mismo y alejado por completo de ese gesto de pedagogía natural que algunos vates tienen y que los hace entrañables; a él le importa un rábano la suerte del tipo analfabeto o sin lecturas...
Me siento en parte como en la última imagen de "El expreso de medianoche" (en la foto la carátula del filme de Alan Parker), cuando Billy (un joven norteamericano que apresan en Turquía por traficar droga y envían a una cárcel totalmente inhumana), luego de matar al sicótico guardia que le hacía la vida insufrible, huye disfrazado de guardia por el patio, y tras ver cabizbajo y resignado como venían a apresarlo, al final casi no puede creer que no lo descubran y empieza a correr hasta dar un salto de alegría. Última imagen congelada de ese dramático filme.

jueves, julio 26, 2007

MALDADO EN EL HOSPITAL


Claudio Andrés Maldonado (en la foto en un viaje a París que emprendió hace un par de años), escritor y profesor de lenguaje y uno de los tipos con los cuáles he tenido más empatía en lo que llevo de existencia, está internado en el Hospital de Temuco. Ciertamente ya pasó lo peor y el paro cardiorespiratorio no se lo llevó hacia el otro lado. Pero estuvo a punto. Su inconciencia, a ratos parcial, duró más de una semana.
Muchos lo fueron a visitar (yo sólo fui dos veces), y sería lato e impreciso nombrarlos a todos. No voy a hablar de eso ni de las cadenas de oración, ni del hospital, donde la buena voluntad, sobre todo de los enfermos, hace sobrellevable ese ambiente hacinado... como la humanidad misma.
A un lado de su cama yacía un caballero que era igual al poeta nacional Eduardo Anguita, un reconocido hipocondríaco (el poeta, no el enfermo del 2007). Algo más allá estaba un clon de Roberto Dueñas, un leproso televisivo sin importancia para los seres humanos (quizá sí para las bestias); al frente se hallaban Pablo Ruiz Picasso y el científico noruego José Ancán Jara. Maldado pasaba revista a todas esas instantáneas mientras leía la antología poética Santa Rosa 57, elaborada por poetas como Ernesto González, Guido Arroyo, Carlos Cardani y Juan Pablo Pareira, entre otros, y que le regaló Marcela Parra.
En eso llegamos junto a Leandro y al oír a Maldonado casi no podemos dejar de reír, como en ese antiguo sketch del "Japenning con Ja", donde un enfermo Jorge Pedreros recibía la terrible visita de dos amigoides. Le pasamos un volumen de la prosa de Borges. No podemos conversar muy bien, pero el día anterior el hombre ya nos había hablado de su viaje. Dándose a la dura tarea de imaginar en medio de los prodigios de la anestecia (donde todo o casi todo es "irreal e imaginario") y de los demonios que huían de su cuerpo, Maldado nos contó que estuvo en una furiosa batalla. Fue en la Primera Guerra Mundial o en la guerra franco prusiana de 1970; que estaba en el pueblo de Buin, donde vivían casi puros haitianos, adeptos al vudú, adictos a la marihuana y al ejercicio infatigable del mal; nos contó que fue detenido y torturado con agujas, que un negro vernáculo lo había amenazado previamente ("conche' tu madre, me las vas a pagar"), y que hubo de sortear unas ciénagas rojas y un pantano colindante a la foresta de Marchenoir. No recuerdo mucho más, porque la memoria es porosa para el olvido, y porque los prodigios aquellos -que Maldado asegura que sólo le resta transcribir (no escribir)- fueron demasiado heterodoxos, como un sueño perpetuado en medio de sondas y sueros, en medio de besos y palabras de aliento, en medio de frías y eficientes enfermeras, en medio de industriosos artificios del tecné medicológico, en medio de temor y la esperanza.
Maldonado se veía de buen humor, y ya definitivamente no se nos fue al excusado del Señor. Es más, está implacable. Cuando una tontita con título (casi todos los humanos son tontitos en uno u otro aspecto) le preguntó si ya había caminado, el escritor le dijo que había ido al baño "con la premura de un niñito de Coanil atendido en la Teletón y con una docena de diazepanes en el gaznate". ¡ESE ES MI AMIGO!
Esa es la alegre maldad de la que nos habla Nietzsche. Y ahora, que siento que el único sentido que pudiera tener el sufrimiento es acrecentar la carcajada (mucho menos que "divinizarnos y acercarnos a Dios" como dicen algunos degenerados), no puedo dejar de sentir que NO existe la enfermedad, que NO existe el dolor, que NO existen los reveses y las molestias, que NO existe la ni el hambre ni el temor a la , que NO existe la derrota y que no existen las dificultades, que NO existe Prometeo ni los malos momentos ni la vejez ni el infortunio ni la fealdad ni la tragedia ni la derrota ni los perros callejeros. Que tenemos la obligación de saltar sobre el mal, de conjurarlo para siempre, al igual que a la muerte, y sin la colaboración del famélico Señor; o, más acertadamente, sin la colaboración de los degenerados que se creen sus herederos sin siquiera conocer(lo).

lunes, julio 23, 2007

YÉNDOME DE NACTOBAR


Me estoy yendo de NACTOBAR a empezar una nueva incursión periodística en CIUDAD SUR. Ayer domingo la selección chilena de fútbol sub-20 (con nombres como Suárez, Toselli, Sánchez, Vidal y Vidangossy; con nombres como Isla o Hans Martínez, autor del gol final) obtuvo el tercer lugar en la copa del mundo de Canadá. El equipo del profe José Sulantay (que alguna vez sacó campeón a Cobreloa en un tiempo en que a mí el fútbol todavía me importaba) mostró durante todo el certamen un juego brillante, con una defensa muy sólida y un mediocampo capaz de urdir jugadas a ras de suelo, como estaba haciendo falta en el fútbol chileno. La regularidad defensiva se unió a la capacidad de generar buen fútbol ofensivo, lo que se concretó en 5 triunfos (contra Canadá, Congo, Nigeria, Portugal y Austrial), un empate (contra Austria en primera rueda) y una sola derrota (el 3-0 de los argentinos), y con el recor mundial del portero Cristopher Toselli de 492 minutos sin recibir goles en su valla. Este comentario me está quedando muy mal, una impresentable colección de lugares comunes.

Un par de días antes, la noche del jueves 19 de julio, 13 jugadores fueron detenidos por desórdenes en la vía pública y brutalmente golpeados (incluso con electricidad) y sometidos a gases lacrimógenos. Condorito, que estaba en el estadio, también se fue detenido por saltar a la cancha.

Creo que Conchita -la periodista que conocí en el diplomado en escritura audiovisual en la Católica el 2005 y que es muy eficiente, exitosa, altanera, cortés, prepotente, exquisita y trabaja en la CNN de Santiago- ya se había ido de Toronto, en el estado canadiense de Ontario, que es donde ocurrió la pateadura y donde ella está residiendo en su perfecto proyecto de vida donde no descartaba la producción cinematográfica en grande, y por eso no intercedió por stos vapuleados guerreros del balompié.

Conchita (que en estos momentos tengo conectada en el messenger, pero a quien no me interesa dirigirle la ) no pudo salvar a estos mocosos. Ya estaba en La Serena, su ciudad de origen, cuando ocurrió la feroz represión de parte de los candienses, que sólo rubricaron su fama de ahuevonados, así como en el partido reciente los argentinos habían rubricado su fama de farsantes, "cancheros", como se dice, esos que a diferencia de uno conocen al dedillo la letra chica del convenio o llegaron mejor posicionados.
Recuerdo que una vez le dije a Conchita que los canadienses tienen fama de ahuevonados, sobre todo de parte de los norteamericanos; y ella me contestó que jamás había oído semejante cosa, pero el tiempo me ha dado la razón en casi todo. En casi todo. Y no pretendo explicarme porque no me interesa seguir escribiendo. No hay tema. Sólo unos pocos ejercicios de digitación en la oscuridad, para celebrar como en un rito de trabajo nocturno las fumadas junto a mi vecino Germán Galaz en la estación del frío, a pocas semanas de que el invierno concluya.
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Y como decía el otro...

J'ai de mes ancêtres gaulois l'oeil bleu blanc, la cervelle étroite, et la maladresse dans la lutte. Je trouve mon habillement aussi barbare que le leur. Mais je ne beurre pas ma chevelure.Les Gaulois étaient les écorcheurs de bêtes, les brûleurs d'herbes les plus ineptes de leur temps.

domingo, junio 24, 2007

CARTA AL CONSEJO DEL LIBRO


La siguiente carta, cuyo autor intelectual no soy yo si no el periodista Aníbal Barrera que se parece y no sólo físicamente a Pablo de Rokha, la firmé de manera inercial. El daño ya estaba hecho y lo que de verdad ameritaba era el suicidio, pues en esa postulación había demasiado en juego, partiendo por el hambre (de todo tipo) y la credibilidad familiar.

Por eso entendía que sumarme a aquel fútil alegato, seguramente instigado por la poeta Tomasa Cangurón (otrora experta en amiguismos más o menos descarados), era en cierto modo avalar esa forma tan fea del chuchasumadrismo llamada (la palabra no existe) temperamentalidad. Pues siempre, y quizá paradójicamente, he creído que los seres temperamentales son inferiores. Por ejemplo, creo que el hecho de que Tomasa haya dicho que no quería sus "cuatro millones legítimamente ganados, si no sólo las copias de mi libro inédito" (www.letras.s5.com/090607.htm), es un hecho que contamina a todo el género humano. Porque no hay estupidez en el mundo que no sea germen de un infierno posible.

En todo caso, decidí seguirle el juego a Barrera y divertirme. Hay en esa carta, que fue publicada en varios diarios, a lo menos una frase excepcional. Lo que más suscribo de ella es que los señores del Consejo del Libro tienen un criterio de selección por decir lo menos miope que, salvo excepciones, se engulle a sus hijos más dotados (como en el dios Cronos de la foto); y que en el prostíbulo literario de la patria parece estar todo dicho en lo que a concursos se refiere. La batalla por la vida va perdida de antemano, pero lo heróico es ganarla, decía De Rokha: alguien a quien, por políticamente incorrecto, el Consejo del Libro habría ninguneado de manera pertinaz. Pero él se habría permitido cualquier cosa, menos gimotear sin clase. He aquí la carta.

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En fecha reciente, los escritores nacionales Erick Pohlhammer, Raúl Zurita, José María Memet, Sergio Badilla, Omar Pérez, Mauricio Barrientos, Felipe Ruiz, Teresa Calderón, Gustavo Barrera, Víctor Hugo Díaz y Camilo Brodsky emitieron una categórica declaración pública en la que comienzan sosteniendo que nuestro país vive la peor crisis cultural de su historia. Tal lapidario aserto dice relación con los procedimientos empleados por el Consejo del Libro para evaluar los proyectos literarios que escritores emergentes y consagrados presentaron durante el presente año al área de Fomento de la Creación Literaria para su financiamiento. “…Se debería afirmar que el país no tiene proyecto cultural y que su masa crítica, creativa y artística, está sujeta a los vaivenes de la mediocridad, del oportunismo y de la corrupción”, afirman los escritores mencionados.

Desde nuestra perspectiva de escritores de la mapuche región de La Araucanía –tierra pletórica de prosapia guerrera y literaria– expresamos nuestro absoluto respaldo a la legítima protesta de nuestros pares. No lo hacemos desde frustración alguna; de lo que sí estamos ciertos es de la calidad y altura de miras de los proyectos con los cuales concursamos. Así como también de que los evaluadores santiaguinos de los mismos parecen estar obnubilados por una extraña forma de oligofrenia.

A uno de nosotros –Guillermo Chávez, periodista y escritor– se le evaluó técnicamente en términos de que se trata de un escritor conocido en su medio, pero sin proyección nacional. Creemos que se está en presencia de una chabacanería y de una estupidez, toda vez que el proyecto escritural de Chávez consistía en una novela de no ficción en la que aspiraba a poner de manifiesto los vaivenes culturales y las contradicciones –no pocas veces, horrorosos– que ha debido vivir nuestra muy sufrida región desde los días previos al advenimiento de la democracia en 1990. Guillermo Chávez, periodista del diario Austral de Temuco desde 1986, ha sido un observador privilegiado de esa realidad. Por otra parte, ¿de dónde salen esos premonitorios evaluadores, capaces de conjeturar en torno a las posibilidades de proyección nacional de un escritor al que el centralismo santiaguino relegó al anonimato?

Otro de los nuestros –Aníbal Barrera, también periodista y escritor– presentó un proyecto de ensayo acerca de la teoría de un ilustre psicólogo chileno, don Héctor Pauchard, la aplicación de la cual tendría significativos logros en la convivencia social de nuestra patria, particularmente en la prevención de todas las formas de violencia agresiva. La tenaz estulticia de los evaluadores los llevó a sostener que se está en presencia de un interesante material ensayístico, pero no lograron divisar las proyecciones de la obra; pese a que la fundamentación del proyecto carecía de fisuras, según lo expresó un connotado integrante local del Consejo de la Cultura y las Artes.

Luis Marín, también periodista, elevó en su calidad de escritor profesional un proyecto novelístico de indiscutible interés, nutrido por su experiencia reporteril, la cual le permitió conocer la increíble evolución de un ex oficial del Ejército de Chile, desde una irreductible devoción a la filosofía de Nietzsche hasta su actual condición, evolución que da cuenta de su paso por muchas ideologías políticas, en una suerte de correlato de 40 años de la historia nacional de las que fue testigo omnipresente. Los competentes evaluadores estimaron que el proyecto de Marín es una suerte de apología del nazismo, lo que ven en contraposición de la lógica del Consejo del Libro y la Lectura.

¿Qué es todo esto sino chabacanería y estupidez? ¿Se equivocan acaso aquellos escritores nacionales cuando afirman que la masa crítica, creativa y artística de nuestra nación está sujeta a los vaivenes de la mediocridad, del oportunismo y de la corrupción?


Aníbal Barrera Ortega. Periodista y escritor
Guillermo Chávez Sepúlveda. Periodista y escritor
Luis Marín Cruces. Periodista y escritor.


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domingo, junio 17, 2007

EL ODIO VIRTUAL: PARTE UNO

Hace algo de tiempo, cuando el joven poeta HIPERVENTILADO Camilo Herralde (uno de los seres más proactivos de la poesía chilena que he conocido en el último tiempo) ideó el blog www.violentosur.blogspot.com (que debe estar fuera de circulación), con el fin de informar sobre los pormenores de esa interesante actividad que fue el PRIMER ENCUENTRO DE POESÍA “VIOLENTO SUR”, que se desarrollo en la ciudad de Temuco a fines de enero de este año 2007 y con casi 30 invitados, nadie pensó, ni en sus mejores sueños o pesadillas, que el blog aquel se convertiría en un auténtico vertedero de la envidia y del resentimiento.

Asimismo, al revisar de manera profusa una serie de páginas (como por ejemplo el espléndido blog de Pablo Rumel,
www.digresivo.blogspot.com ) me doy cuenta de que hay en el aire una suerte de ética de la envidia, de odio ciego y contumaz, de cuestionamiento hacia todo aquel que por las razones que fuere está mejor posicionado o-ha leído-más-o-ha-dado-más-que-hablar-o-tiene-más-y-justa-fama-dinero-o-mujeres-o-gracia-o-talento-o-suerte-o-simpatía-o-conjunciones-astrales-más-benévolas que uno. Pongo el caso de Rumel, un sujeto gratamente enciclopédico y adepto al rock pesado, porque en varios de los comentarios de sus blogs le han tirado una mierda a mi juicio inexplicable, ¡SI HEMOS DE CONSIDERAR LO QUE DE VERDAD IMPORTA EN UN BLOG QUE ES SU CUALIDAD APORTATIVA! Como estoy un poco viejo, con enfermedades a la próstata y perdiendo la vista y el olfato, quizá peque de ingenuo al reparar en algo tan obvio, mas recapitulando llego una vez más y por diez milésima vez a la conclusión de que la envidia SE ACRECIENTA PRECISAMENTE AL CONTEMPLAR LA GRANDEZA DEL OTRO. Ya lo dijo Friedrich Wilhelm Nietzsche en el aforismo N° 173 de la cuarta parte de su notable “MÁS ALLÁ DEL BIEN Y DEL MAL” (libro que recomiendo encarecidamente, quizá incluso más que el archimanido pero no por eso menos agraciado “ALSO SPRACH ZARATHUSTRA”) : “NO SE ODIA A QUIEN SE DESPRECIA, SINO AL ADVERSARIO A QUIEN SE ESTIMA IGUAL O SUPERIOR A UNO MISMO”. Así de simple es la cosa, y en la lógica de la envida (que según la teología es el segundo pecado capital menos grave después de la pereza, pero para mí es uno de los primeros) cabe todo, por ejemplo espetarle a la gente vicios, defectos y errores que nada tienen que ver con el tema tratado.

Sobre esto último debo mencionar un dato interesante. Hace unos cinco o diez años atrás (prefiero indeterminar la fecha) el ultra-laureado poeta Genaro Huenchullán (con quien he tenido desencuentros terminales a causa de su soberbia) estuvo gravemente enfermo de cáncer. A raíz de eso, su archienemigo cabal (y aquí estamos hablando de una querella literaria digna del odio entre Pablo Neruda y Pablo de Rokha, aunque los actuales vates no les lleguen ni a los talones a aquellos colosos), el poeta Elicura Llanquilef, le vertió a Miguel Cerón Bontes el siguiente comentario: “¿Y TODAVÍA NO SE MUERE ESE CONCHAS DE SU MADRE?” Me parece que eso es demasiado. Porque hay otras armas. Porque hay otras formas, algo menos innobles, de combatir o despreciar al enemigo o adversario. Yo creo que lo único que va quedando en esta bolsa de gatos (de campo) que es la literatura chilena, es mentar a los hijos, diciendo por ejemplo: “¡maraco conchas de tu madre, al menos yo no tengo un hijo con síndrome de down!”. Cuando ello ocurra, estaremos en un estadio superior de involución, pero en esos tiempos, la televisión exhibirá en horario prime programas de sujetos desollados y vertidos en agua caliente, o violencias de esa índole, de las que la Historia está llena.

Por ejemplo, el zar Iván el Terrible (1530-1584), un ser que emprendió algunas notables campañas militares, un verdadero triunfador, se caracterizó por un grande desprecio por sus semejantes, y por sus alardes mistizoides. Extraeré tres párrafos de su biografía elaborada por el ruso Henry Troyat:

“Por pura crueldad refinada, los maridos eran torturados delante de sus esposas, las madres delante de sus hijos. Les daban latigazos, les rompían los miembros, los emasculaban y tostaban a fuego lento… Al principe Oprichnik lo hirvieron en agua caliente y lo sumergieron después en agua helada y su piel se desprendió como la de una anguila, y esto fue hecho delante de toda su familia. En todo aquel suplicio, Oprochnik no paraba de rezar y pedir por la salud del zar”.

“Según el zar, para conocer los misterios humanos no había nada más instructivo que observar las reacciones de una víctima indefensa enfrentada al dolor y la muerte. Incluso alguien como él, acostumbrado a las cámaras de tortura, sentía placeres inéditos… Después de moler a palos, desollar, atenazar, descuartizar, asar, el zar se hundía en la mujer o en Dios con bríos renovados, porque era un sensualista irrefrenable y un hombre muy creyente”.

“Cuando torturaba a un culpable verdadero, tenía una sensación de venganza cumplida y, más allá, de estar de acuerdo con el tribunal de Dios, lo cual era muy agradable. Pero cuando torturaba a un inocente su gozo era más sutil y más intenso. Lo que sentía entonces era el placer de hacer daño por hacerlo, la embriaguez de destruir a un semejante sin motivo, el orgullo de sentirse encima de las leyes humanas. La justicia injusta es un manjar refinado… cuando castigaba sin razón se volvía igual a Dios”.

EL ODIO VIRTUAL: PARTE DOS


Quizá el carácter digresivo del posteo anterior me llevó a otras aguas. Yo hablaba del odio virtual. Decía que muchos de los blogs se han convertido en receptáculos del resentimiento y de la envidia, vertidos en forma de comentarios casi siempre anónimos, a modo de chistes o recados funestos o invenciones de apodos y contra invenciones. Y ello -el no saber quien es quien- es extrapolable a buena parte del fenómeno de internet, que ocurre de manera virtualizada, con gentes que muchas veces no tienen rostro, ni edad, ni nacionalidad, ni sexo siquiera. En Colombia, sin ir más lejos, hay varias páginas de sicarios que ofrecen sus servicios y a los que nunca les veremos la cara. Nadie sabe quien es quien en este paraíso o este infierno de la web.

Voy a contar una experiencia personal, que algo tiene que ver con el blog censurado.

En el verano del presente año de 1987 hubo un encuentro de poesía con casi 30 invitados de varias ciudades. Uno de los organizadores fue un sujeto (Lautaro, setiembre de 1975) a quien por comodidad narrativa llamaremos Cocorro el Cocodrilo. Es éste un hombre de barba y corazón luciferino, más petulante que el hipo y del todo estragado en la feral esquizofrenia, enfermedad que nunca le han diagnosticado (pues nunca ha ido a un siquiatra), pero que -entre otros males- lo lleva a autodesbaratarse y a ¡MENTIRSE A SI MISMO! Sobrarían los ejemplos para rubricar mi aserción, pero puedo contarles, así para mentar uno solo de sus chistes, que hace algunos años, cuando yo hacía un curso de inglés en la ciudad de Santiago, le conté que intentaba mis primeras traducciones, específicamente de algunos poemas del irlandés William Buttler Yeats, y el me contestó : “me parece bien, pero si yo hiciera un curso de inglés lo haría con el único fin de superar a Shakespeare en su lengua”.

Hace poco más de un mes este niñajo (no es oligofrénico pero aparte de ser envidioso se autodesbarata, lo cual lo convierte en uno) me sorprendió, estando yo muy borracho, llevándome desde su casa y sin antes consultarle, la antología de poemas de Bolaño “La universidad desconocida”. Este deporte lo hemos mutuamente practicado durante años sin que ello constituya una querella por hurto calificado (de hecho, para bien o para mal, la propiedad privada de los libros es algo siempre relativo, por lo cual aconsejo intercambiar o regalar, pero jamás prestar). A raíz de eso, un par de horas después y luego de recuperar “La universidad…”, me expulso furiosamente del bar que regenta, y sólo gracias al oficio de varios amigos, casi todos poetas (porque supuestamente se realizaba la última versión de “Violento Sur”, ¡PERO SIN PÚBLICO PORQUE EL SUJETO NO LE DIJO A NADIE QUE LE HABÍAN SACADO UN PARTE POR ATENDER SIN PATENTE!), no llevó a cabo su intención.

Pero eso no es todo. Como debido a la gran cantidad de posteos insultantes y ninguneantes que Cocorro el Cocodrilo recibió en el blog de
www.violentosur.blogspot.com, y de los cuales él se defendía de una forma que da pena, ya glorificándose (“fui educado en las artes del karate y la maratón; soy un ser luminoso y superior a quien todo el mundo abre las puertas”) o inventando cartas de mujeres que lo han admirado, se volvió paranoide. Al punto de amenazar con golpearme si iba a su casa a buscar la mochila que me sustrajo para ver si le había sacado más libros. En esa mochila estaban dos ediciones de mi texto “Palacio Larraín” (“La calabaza del diablo”, 2006) y -esto si que me duele más- algunas notas de prensa donde se habla de los lanzamientos que he hecho de mi libro, de las que no tengo copia.

Lo cierto es que no me va a devolver la mochila. Es más, me amenazó groseramente si yo iba a conversar, civilizadamente, el asunto a su casa. En años anteriores no habría sentido temor de ir de todas formas, pero en el tiempo presente, Cocorro consume montañas de cocaína… y quines sabemos de ciencia intuímos lo que la cocaína podría provacarle a un tipo que más encima no sabe quien es. Que es virtual. Más irreal que su perpetua cazuela de mentiras.

Ante todo, lo que le duele a Cocorro es que yo haya publicado antes que él, y el que yo sea considerado un escritor y él no, debido a lo cual suele acusarme de FAMOFÍLICO (acabo de inventar una palabra). Además, siempre me achaca como un crimen el que yo sea de otra clase social que la suya, el que no haya pasado hambre durante mi infancia, y el que mis padres me apoyen en momentos en que yo no puedo autosolventarme. Eso es esquizofrenia, porque a él también lo apoyan; de hecho, el bar que atiende (y que en ciertas épocas le reporta montañlas de dinero) se lo arrendaron sus proletarios y esforzados padres que en realidad se dedican a eso. Algo me dice que esa bar seguirá teniendo buenas ganancias, pero estoy casi seguro que Cocorro el Cocodrilo va por mal camino si no acude de manera urgente a realizarse un sahuerio… o a lo menos una carta astral, porque el buen hombre no cree en Dios ni en casi nada de manera constante. Es más, ahora dice estar enamorado de una tipa a quien en cierta ocasión insultó por mail de la forma siguiente “Y DÉJAME TRANQUILA POBRE HUEVONA. Y NO TE DIGO HIJA DE PUTA PORQUE NO TIENES MADRE”.

Nada más virtual que Cocorro. Nada más irreal que Cocorro enojado en virtud de cuestiones virtuales. Al menos me has regalado un personaje, mi querido Pedro Chucha Rancia.

sábado, junio 16, 2007

La Aristocracia Bastarda: Una columna


La siguiente columna de opinión fue publicada en la edición de junio de el periódico "El Fuerte", de Parición (24 de diciembre de 1603), dirigido por el periodista nacimentano Fernando Castro Cid, fundador del mismo en el verano del año 2003.
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Cuando a mediados de los 60’s y en pleno contexto universitario irrumpió la televisión en Chile, se definió a si misma como un medio de comunicación cuyos fines eran “educar, informar y entretener”, en ese preciso orden. Se priorizaba así lo formativo (es decir, lo que entrega esencias y valores) por sobre lo informativo (entregar noticias de actualidad) y la mera entretención (que como sinónimo de pasatiempo puede ser cualquier cosa, desde un concierto de música clásica hasta un video de tortura infantil… ¡que los hay!).
Ha cuatro décadas y algo de ese hito fundacional, las cosas se han invertido: lo formativo yace recluido en los horarios de bajo rating, y lo informativo, que poco y nada informa, tiene que ser impactacte, espectacular; da lo mismo si nos aclara u oscurece un tema. Por ejemplo, cuando hay un temporal con miles de anegados (casi siempre miserables), el tema no son las causas climatológicas o el estado de las estructuras urbanas, si no el ver a un sujeto gimoteando por haber perdido todo, mientras el periodista -casi siempre un cínico profesional- entrevista a una señora con su hijo tosiendo como tuberculoso, preguntándole cómo se siente; eso es lo que, desde una cómoda distancia, nos “conmueve”, instándonos tal vez a despojarnos de aquellas migajas que nos hacen sentir solidarios.
Pero lo que más suscita nuestra atención, son sin duda los temas de farándula, esa carnicería de egos sin esencia : víboras con lepra en el alma (como Pamela Díaz, que aparece en la foto junto a su pareja en un simulacro de matrimonio que engañó a medio Chile y le granjeó millones) o pordioseros del espíritu (como el señor Morandé), casi siempre groseros y orgullosos de su ignorancia, de su violencia y de su poder. Si, poder. Porque simbólicamente han pasado a ser parte de una aristocracia (que quiere decir “el gobierno de los más óptimos”), de aquellos seres que -como ocurría antes con los nobles que dirigían los destinos de una nación- suscitan nuestro tiempo, nuestra atención y nuestro dinero, porque cada segundo televisivo vale millones, y cada minuto que les damos enriquece su mugroso cuento. Lo más increíble de todo es que la mayor parte de nosotros sabe que es así; casi todos decimos: “este programa es una mierda, una colección de imbecilidades”, mientras, como hipnotizados bovinos, no tenemos el coraje de apagar la tele. Pero, bastarda o no bastarda, es -junto con los políticos y empresarios que mueven los hilos de la realidad- nuestra aristocracia: la gente que ha triunfado en el reino de este mundo. ¡Arrodillémosnos ante ellos y ante el altar de la televisión!

jueves, junio 14, 2007

EN CHILLÁN PRESENTANDO "PALACIO LARRAÍN"



(mural de Siqueiros y Guerrero en la Escuela México de Chillán)
PRESENTADO MI LIBRO (QUE TUVO UNA PÉSIMA DISTRIBUCIÓN Y QUE CASI NO HA SIDO CRITICADO EN LOS MEDIOS, PESE A SU CALIDAD INTRÍNSECA) EN YA CUATRO CIUDADES (NACIMIENTO, TEMUCO, LONCOCHE Y AHORA CHILLÁN). Y ESPERANDO PRESENTARLO LUEGO, EN SANTIAGO, GRACIAS AL INTERÉS DE LOS POETAS HIPERVENTILADOS CAMILO HERRALDE, FÉLIX BECERRA Y AGUSTÍN HIDALGO, ENTRE OTROS: LA IDEA NO FUE MÍA, SI NO DE ELLOS.
CHILLÁN. ENTRE EL 5 Y EL 9 DE JUNIO DE 2007
Martes 5 de junio de 2007. 5 de la tarde. El bus me deja en otro terminal y pienso en la indeterminación, en el error como entidad gloriosa, pese al frío oscuro que me arredra...

6 de la tarde. Consigo llegar al terminal "Tarapacá", un auténtico hormiguero que quizá funcionaba ha 20 años. Al llegar veo a una mujer no demasiado atractiva que llora desconsolada y sin pudor; deploro no poder decirle algo y me siento cobarde. Me trabaja la ansiedad porque el poeta Rodolfo Hlousek Astudillo (Chillán, 1977), encargado de la actividad de lanzamiento de "Palacio Larraín" (editorial "La calabaza del diablo", 2006), mi primer libro publicado, no llega a la hora convenida. Llamo al fonomóvil que me dio y me contesta Marcela Chandía, quien inusitadamente amable me dice que me puede pasar a buscar. Pero sigo esperando hasta que llega Hlousek, quien me pide acompañarlo al diario "La Discusión"; mas antes de eso y a metros de la hermosa catedral saludamos a un sempiterno y arácnido profesor universitario de boina ploma, a quien entre sonrisas le cae una lágrima sagaz. Nos cuenta que la Universidad del Bío Bío está tomada.

7 de la tarde. El ambiente del diario "La Discusión" es demasiado tranquilo, y se celebra que Chillán será sede de un evento mundial y deportivo de fútbol de mujeres. Hallamos al poeta Andrés Rodríguez, quien nos habla de sus presentes avatares; el tono es cordial, y su poesía -que leí después- tiene momentos admirables. Luego, lo inesperado: al salir del diario y ya en el paseo peatonal, un peleador clandestino de 108 kilos y dedicado a la venta de combustible, acompañado de un amigo algo más mesurado, nos "obliga" a beber en el "Shopdog", no sin antes preguntarme a lo menos 10 veces si soy homosexual, mientras le da golpes en el pecho al bueno de Hlousek, y en un momento está a punto de safarle el brazo. 9 de la noche. Llegamos a la casa de Bambasch, un artista visual y bajista que nos dará asilo. Bambasch (
http://bambasch-galeria.blogspot.com/) tiene dos mascotas entrañables (un gato plomo y una perra negra) y deambula en las naves del crepúsculo, como el sol dimanado de su tornamesa de discos setenteros. Y seguimos bebiendo, como dice un poema del Rodolfo subnutrido.

Es bueno que el lector ya sepa que mis casi 5 días en Chillán conforman una sola y larga noche, con ciertos intervalos de luz. Al otro día conocemos a Fidel Torres, un marxista de biblioteca clásica y espíritu acogedor que nos invita a su casa, junto a dos amigos más, a probar las mentadas longanizas chillanejas. Glorioso. En algún momento me confiesa que las chillanejas (las mujeres, no las longanizas) incitaban a la misoginia: ese cabal odio al ser femenino que puede tener muchas y hasta bien justificadas razones, pero que sólo provoca dolor; luego me diría que nada de eso va con él. Vemos un implacable video que denuncia el horror capitalista de las corporaciones; me siento un izquierdista más, pese a haberme salido del absurdo (ahora lo sé y sobre todo tras leer la primera parte del "Breviario de podredumbre" de Emil Ciorán) de cualquier ideología. Luego caminamos como locos (deporte favorito de Hlousek, el más abnegado viajero de la poesía chilena) y llegamos al bar "13 Lunas", donde se hará el evento de mi libro; el dueño es un joven, generoso aunque formal en demasía y sospechosamente parecido al videísta Michael Moore. Vendo un par de textos e invitamos a unos universitarios a beber palanganas de cerveza: el avaro y el manirroto están según el Dante en el mismo recinto del infierno, pero eso no lo aprenderé jamás.

Al día siguiente (¿dije siguiente o dije anterior?) Hlousek me lleva a la casa del poeta Sergio Hernández (1931), compañero de generación de tipos como Enrique Lihn (1929-1988), Efraín Barquero (1931) y Rolando Cárdenas (1933-1990), y amigo personal de Jorge Teillier (1935-1996) y de los nóbeles Vicente Aleixandre (español: 1898-1984) y Pablo Neruda (1904-1971). Su aspecto noble y sutilmente decadente, con una mirada penetrante y elegante ironía, resultan conmovedores; su conversación de primerísima fuente es invaluable.

Luego, el evento. El vértigo. Los amigos que cumpliendo su palabra se hacen presentes, y la cerveza que corre como un alguacil. La lectura furibunda de quien esto escribe, un bis, mi furioso y aleatorio juego con 2 o 3 monstruosas chillanejas (singularmente bellas, como una mascota o un cigarro botado en la acera) que luego mentarán aquel desliz con incomodidad. Nada nuevo. Las malas lecturas están a la vuelta de la esquina, y nada tiene que ver el dolor con el dolor ni Chillán con mi orfandad. Luego, la venta de 3 o 4 ejemplares de mi libro de relatos imbricados, "Palacio Larraín", y la huída con John Milton y dos amigos más para seguir bebiendo un fraternal vino en caja en las calles agotadas de la urbe. Cuando vuelve la luz visitamos el cementerio y brindamos in situ por el "Gato" Monroy y por Francisco Merino ("estrella fugaz por la que nadie pidió un deseo"), dos juveniles mártires del panteón de Rodolfo.
El último día vamos a casa de Gloria Garrido, una profesora de inglés que cuenta con la biblioteca en lengua inglesa más grande que yo haya visto en un hogar, y que compra el último ejemplar de "Palacio…" y nos traduce el poema "the winding stair", del irlandés Yeats. Antes de tomar el bus conocemos al tío de Rodolfo, algo triste por motivos que no son del tenor de este mail, quien viendo nuestros rostros se apiada y nos invita un vaso de vino caliente en el mercado, que debe ser uno de los mejores del país.

En Chillán se bebe y se conversa. En Chillán se acoge al forastero, se palpa la cultura en cada por(r)o, y el arte es un incendio que todo lo devora. Se huele el infierno de un grande pueblo amigo, de sujetos entrañables que se odian entre ellos (es obvio que exagero). No me pregunten de calles, de horarios, de la importancia o la futilidad de este viaje a la tierra de O'higgins y Arrau. Ahora, y en habiendo llegado a mi casa, sólo quiero descansar y volver a la vigilia.

miércoles, enero 31, 2007

SOBRE UN ENCUENTRO DE POESÍA: ALGUNOS ALCANCES

Entre un jueves 25 un domingo 29 de enero de este año de 2007, se realizó el mentado encuentro que contó con la presencia de casi una treintena de poetas –de Santiago, Chillán, Concepción, Valdivia, Temuco y otras ciudades de la región de la Araucanía- cuyas edades promedio andaban por los 26, y que en su mayoría contaban con una obra al menos esbozada y con varias experiencias de socialización de sus quehaceres.

El coordinador general de esta instancia fue el estudiante de Ingeniería Civil de la U.C de Santiago CAMILO HERRALDE (nacido en 1986 y criado en Temuco, pero que jamás había tenido comercio con los creadores literarios de la región), ganador de la última edición del “Concurso ROBERTO BOLAÑO versión poesía”, para menores de 25 años.

Camilo tuvo, entre muchos otros méritos -incluida su original performance de poesía en el “Museo Ferroviario de Temuco PABLO NERUDA”-, la capacidad de poner a trabajar, como buenos y dulces hermanos, a personas como:

GERARDO QUIJANO, que facilitó el taller de su productora para hospedar a la mayoría de los invitados, contactó a varios de ellos y realizó el principal registro audiovisual del evento; CÉSAR ABUELO, ganador de la última versión del “Concurso de Poesía Eduardo Anguita”, que dispuso de recursos personales y venciendo algunos problemas de salud no se restó al lance; y RAMIRO VILLARROEL, artista visual y poeta que prestó las dependencias de su “Klandestino Bar” para las libaciones de rigor y la presentación de dos libros, y que junto a Herralde realizó casi todas las introducciones. Por decirlo claramente, estos 3 artistas de talentos y saberes convergentes, divergentes y paralelos Y POR ENDE SINÉRGICOS, simplemente no fomentan -ni mucho menos- una amistad común.


“COFRADÍA” O SINERGIA

A este respecto, he llegado a la convicción –paradójica quizá, pero jamás amarga- que de la falta de aprecio y justa ponderación, pueden a veces dimanar frutos más nobles y venturosos que de las mutuas masturbaciones de la religión del amiguismo, que han llevado a la poesía chilena actual al enghettamiento (según Armando Roa Vial) o a las patotas y el matonaje (según Germán Carrasco Viedma). Antes también fue así, pero en las actuales y aún más caóticas circunstancias sociales (hablo ante todo de los males del neoanalfabetismo y del exitismo insubstancioso que parecen haberse entronizado), esta tendencia está acorralando a la poesía en una suerte de cofradía palurdesca y ni siquiera suficientemente luminosa: Poesía jibarizada, elitizada y, en el mejor de los casos, sólo destinada a cumplir la condena lihneana de ser leída por otros poetas, lo que provoca hacinamiento, miseria y hace del pelambre, la zancadilla y el resguardo carcelario de las becas y prebendas, su razón de ser. En ese sentido, los escritores nos estamos pareciendo a la gente de la farandulandia televisita, con la diferencia de que estos últimos son "los que realmente importan para la sociedad".

Por ello resulta imperativo levantar encuentros (de LITERATURA) entre públicos desacostumbrados a la misma, interviniendo sus cotidianos; y reunir ovejas de rediles distintos para lograr que se miren a la cara, tal vez con desprecio y suspicacia pero con la certeza de que se está luchando contra un único enemigo común: el lobo de la lepra espiritual en estos tiempos de crisis y de cambios.

A mi modo de ver, la actitud de Abuelo, Quijano y Villarroel (unidos por un aparecido), refrenda plenamente lo antes dicho y sienta tal vez un precedente que puede ser emulado incluso en el solitario Santiago de Chile.


INTERVINIENDO ESPACIOS

El encuentro de poesía VIOLENTO SUR se desarrolló en algunos referentes esenciales de la ciudad, como lo son el HOSPITAL REGIONAL de Temuco (donde Héctor Fernández presentó algunos versos de su portentoso libro “Coma”), la BIBLIOTECA MUNICIPAL GALO SEPÚLVEDA, el CEMENTERIO GENERAL DE TEMUCO y el MUSEO FERROVIARIO PABLO NERUDA (en dos ocasiones). El evento concluyó, aprovechando el público de un evento musical previo, el domingo 28 en la cumbre del CERRO NIELOL de Ciudad Sur; y es dable destacar –con sorna, emoción o ironía- que en esta última instancia declamaran sus versos dos poetas de origen mapuche: Genaro Huenchullán y Roxana Rupailaf.

Todas estas actividades se realizaron al aire libre y tuvieron, aunque menguado, un carácter interventor y -en el caso del cementerio- hasta disrruptor del espacio cotidiano citadino. Y a juicio de quien este escribe, para evitar el callejón sin salida del hacinamiento (porque hay demasiados tripulantes para tan poco suministro), que lleva a los poetas, entre otras linduras, a fagocitarse mutuamente (es cosa de leer la abyeción a que llegaron algunos de los comentarios emitidos en el blog de Violento Sur y otros), es necesario sacar a la poesía de las abadías universitarias, del cadaver sagrado de lo museológico mal entendido, de las cada vez más invisitadas bibliotecas e incluso de los libros casi siempre cerrados, e intervenir los espacios sociales, dejando en el público (en el otro que también es nosotros) esa capacidad de asombro, esa preplejidad que entronca con lo sagrado, con la revelación anticosificante, que los hace preguntarse “no sé que es esto pero se ve interesante”, devolviéndoles de paso un patrimonio que ignoran que siempre les ha pertenecido.

Ello, y debo dejarlo muy en claro, no deslegitima las entidades culturales de conservación de la cultura antes nombradas (y otras), pero si relativiza su poder de pregnancia social.


¿POESÍA VERSUS NARRATIVA?

Hace algunos años un conocido crítico nacional sustuvo que a los poetas les faltaba involucrarse más con la narrativa y a los narradores inmiscuirse más con la poesía. A estas alturas, ello (y por muchas razones entre las cuáles esbozaré sólo una) parece indiscutible: Poesía y narrativa nacieron de la oralidad, devinieron letra impresa (allí se entronizaron) y ahora –donde el texto impreso vale cada vez menos- es necesario que vuelvan a la oralidad: Porque poesía y narrativa, a diferencia del texto dramático (teatro), no nacieron para ser representadas. Es el valor de la paradoja en estos tiempos donde sin duda, y más allá de ciertas luces, estamos perdiendo la batalla y por ello mismo la vamos a ganar.

Concluyo esta breve reflexión dimanada de VIOLENTO SUR, agradeciendo a los organizadores… a los auspiciadores… y a los poetas:

Héctor Hernández, Sebastián Baeza, Genaro , Rodrigo Gómez, Tamym Maulén, Guido Arroyo, Jaime Baeza, Becerra, Marcela Parra, Gerardo Quezada, Ramiro Villarroel, Luis Marín, César Abuelo, Dafne Meezs, Patricio Alvarado, Camilo Herralde, Ernesto González, Rodolfo Hlousek, Ángel Valdebenito, María Isabel Lara Millapán, Víctor Cifuentes, Juan Huenuán, Roxana Rupailaf, Jorge Cid, Agustín Hidalgo, Marcelo Guajardo, y a algún otro cuyo nombre se me escapa y a quien pido por ello las disculpas de rigor.

miércoles, enero 17, 2007

Apuntes sobre el verano


Poco antes de finalizado el mes de enero de este 2007 se realizará el evento de poesía VIOLENTO SUR, al que asistirán Huidobro, Kavadis, Rilke, Artaud, Baudelaire y William Buttler Yeats

Por ahora, no hay literatura.-

miércoles, diciembre 27, 2006

UN POEMA DE TRAKL



Escribo una novela corta sobre un profesional en eso mismo o parecido y ahora procesado por dejar lisiado a un narco. Leo centenares de blogs de Chile y su pueril literatura, y el sueño y la vida leída y alfabeto para perros que conozco en alguno de los seis estadios en que es dable conocer a una persona.

Siento una tristeza impersonal y casi anónima al ver información y aprendizaje y abundante buena fe u odio estéril, pues ninguno será como la joven que con un pelotero de lunar en la nariz C3 o D se fue a casar de blanco, tras ser fotografiada con cinco mongolitos en el ascensor, aunque Bolado asegura que son más orificios en la parte de los crímenes.

Groseramente inculta es esta hembra, como dice la vieja rica y de pecas en las tetas que fomenta una doble militancia pues también le juega al verso conversado con Uribe y a leer al resentido de parche en el ojo parido en una retorta irlandesa de jesuitas desalmados que describen el infierno en palabras dignas de quien ha estado en el Movimiento Gnóstico Cristiano Universal del Nuevo Orden.

Elaborando junto a mi ex polola antropóloga de la imaginación una nueva estrategia para verterle un vaso de piscola en la ñata a Francisco Javier Morandé y a ella misma y el reinado de millones de maletas cargadas con ojos y billetes.

EL SIGUIENTE POEMA DE GEORG TRAKL (AUSTRIA, 1887-1914) SE LLAMA "A LOS ENMUDECIDOS", Y ESTÁ MÁS QUE BIEN, PORQUE DECIR MÁS ES DEMASIADO FÁCIL Y DEL TODO INNECESARIO CUANDO SOBRAN TEORÍAS E IDEAS PEGOTEADAS : ANTE TODO LA EMOCIÓN

PS: Trakl es austríaco y participó en la 1ra Guerra Mundial. Fue farmacéutico (es decir, algo sabía de estupefacientes), tuvo con su hermana una relación insestuosa (igual que F.W Nietzsche) y se suicidó a los 27.


A LOS ENMUDECIDOS

Ah, la locura de la gran ciudad cuando al anochecer,
junto a los negros muros, se alzan los árboles deformes
y a través de la máscara de plata se asoma el genio del mal;
la luz con imantados látigos ahuyenta la noche de piedra.
Oh, el hundido repique de las campanas del crepúsculo.

Ramera que entre escalofríos un niño muerto parió
La ira de Dios que con rabia azota la frente de los posesos,
epidemia purpúrea, hambre que rompe verdes ojos.
Ah, la odiosa carcajada del oro.

Pero una humanidad más silente está sangrando en cueva oscura
forjando con duros metales el rostro redentor.

jueves, noviembre 09, 2006

SALVADO POR GERMÁN MARÍN SESSA




Plena primavera. Miseria total (“y se queja este imbécil que no tiene cáncer y puede comer todos los días”). No me interesa explicitarla si no mediante carcajadas, cuyas tonalidades pueden ser agrias, pero que no por eso dejan de ser risotadas. Es muy sabido que la ira y la tristeza no van por el mismo carril, y la risotada feroz nada tiene que ver con la tristeza, emoción a la que prefiero hacerle la cruz.

Despierto del último sueño. Para eternizarlo aplico el “despertar heroico” de los Opus Dei (que no es otra cosa que salirse de la cama sin pensarla mucho). Soñaba que Germán Marín Sessa (Santiago, 1934), un escritor chileno muy potente con quien no tengo parentesco alguno, había sido invitado a disfrutar una velada, un paseo o una cena (en rigor las tres cosas) con algunos de los miembros de mi familia. En las escenas finales llegamos al último piso de un hotel con vista al mar, en Valparaíso o Viña del Mar, y nadie sabía porqué el autor de “La ola muerta” estaba ahí, tampoco yo. Mi anciana tía me reprochaba el tutearlo (cuestión que hacen muchos escritores aún menores que yo, supongo que previo consentimiento), pero yo no había hablado con Germán y tenía mis dudas de cómo dirigirle la palabra.

Llegó entonces a visitarme mi hija, a la sazón de 3 años, que por un rato fue dejada por su epiléptica madre y uno de sus cercanos. Como la relación con esas gentes, que yo salvé de la separación absoluta, es auténticamente mala, mi hija (que había sido dejada en un rincón del salón donde cenábamos) no vino de inmediato corriendo como un perrito amaestrado. No la quise seguir, y eso dio pie para que mi madre me agrediera brutalmente. Entonces grité de ira, pero fue como si un perro sin cuerdas vocales gritara.

Fue ahí que decidí salir del salón, subir dos pisos por la oscurísima escalera y dirigirme a la azotea. Pero el paso hacia ésta estaba vedado con electricidad, para evitar suicidios. Pero yo, extrañamente, no quería suicidarme, si no buscar el lugar donde el viejo Marín cenaba junto a mi familia (pese a que recién yo había salido de ahí… porque así son los sueños, y así muchas veces es muestro actuar).

Como todos sabemos, la configuración espacial y temporal de los sueños (donde uno es el dramaturgo, el director, el actor y el espectador de la pieza representada) tiene rasgos caóticos. Bajé de nuevo las mismas escaleras, pero sólo encontré un baño infecto. Ahí estaba Germán Marín, orinando, riéndose a carcajadas. Le dije: “HOLA, GERMÁN, ASÍ SON LAS COSAS NO’ MÁS”. Y él me respondió, trapicado de la risa: “¿Y TÚ A TU PADRE LO TRATAS DE USTED, POBRE DIABLO?” Yo también me reí; desperté; y me juzgué salvado; porque sentí que lo había entendido todo.

Sólo resta decir que Germán Marín Sessa es un anciano desagradable y suspicaz, lleno de resentimientos, a veces estériles. Es muy admirable su postura de hacer de la amargura autobiográfica (¡pero no cualquier autobiografía!) un bálsamo, una literatura redentora, pero él no es una persona admirable: ¡SÓLO PORQUE SU SENTIDO DEL HUMOR CARECE DE TODO LUDICISMO! Debo decir que lo conocí en febrero de 2004 en la editorial donde trabaja, y me dio una entrevista de 15 minutos, donde fue muy cordial y donde siempre nos tratamos de Usted.

Una última cosa, Marín es el autor de "FUEGOS ARTIFICIALES" (1973, su única novela mediocre), "EL PALACIO DE LA RISA" (1992) y, en los últimos 15 años, de la trilogía HISTORIA DE UNA ABSOLUCIÓN FAMILIAR (como de 1200 páginas en total) , compuesta por las novelas "CÍRCULO VICIOSO", "LAS CIEN ÁGUILAS" y "LA OLA MUERTA"; también escribió la trilogía de novelas cortas "UN ANIMAL MUDO LEVANTA LA VISTA" y un par de libros de relatos. Este año fue postulado al Premio Nacional de Literatura, y los críticos establecieron que era quien más méritos tenía para ganarlo.

martes, noviembre 07, 2006

COÑARIPE-LONCOCHE-TEMUCO...NACTO



"Vivir es asqueroso, escribir también", fue el primer grafitti que escribí en una pared, en este caso en uno de los baños de la universidad de mierda donde me titulé. Lo sigo suscribiendo plenamente, y le agrego un aforismo de Emil Ciorán: "Me gustaría ser libre, inimaginablemente libre. Libre como un ser abortado".

Estuve en Coñaripe, solo, escribiendo en una casa que no es mía. Algo después, el 4 y 5 de octubre, estuve en Loncoche (IX región), en una de las tantas "Fiestas Huachaca". Fui invitado por Orlando Campos (músico y gran animador de un metro cuarenta y cinco) y Ernesto Pincheira (colega feliz y escritor sin hambre), quienes le copiaron sabiamente la idea al sagaz punga de Dióscoro Rojas y a su gente. Este tipo de instancias suele llamar mucho la atención en pueblos chicos, porque provocan los alardes de choreza de tanta pituquita bien pintada o de más de alguna autoridad municipal que acude a comerse un pernil de chancho y a declararse "libertario, democrático y republicano" (casi siempre sin serlo), como sale en los estatuos del huachaquerío. En el evento declamé un cuento de mi libro recién publicado ("Palacio Larraín"), recibí pifias, aplausos, y el ver tanto sistema "Footlose" me sumió en la bebida y en el escándalo. Me quise propasar con la reina recién electa, agredí a varias gentes de palabra (entre ellas a un concejal Nacional Socialista llamado Erwin Krumbach), le robé el trago a otras y, al final, le regalé mi libro al hijo de puta que encabezó las pifias.

Al día siguiente estuve bebiendo con unos indigentes y con un albañil y regalé todos los libros que andaba trayendo (de ese acto sólo rescato haberle pasado esa apología de la resaca que es "Puerto Trakl" -del acibaroso Jaime Luis Huenún- a un payador de raza, pero cuya vida es menos socialmente modélica que la de Andrés Velasco).

Después estuve en Temuco con el artista visual Ramiro Villarroel y su sistema de imposturas- pedanterías-y-diarias traiciones, pero también de proterva risa contra los tetrapléjicos, enfermos mentales y gentes que vinieron aún peor que nosotros a esta vil mierda. También pernocté donde Claudio Maldonado (un amigo escritor, con quien puedo comunicarme como con pocos seres lo he hecho en esta letrina, lo que no me sirve de mucho porque él sólo piensa en estrujar mis conocimientos), y al día siguiente encontré casualmente a Leandro Muñoz, un colega muy sicótico a la hora de conversar (se masturba hablando a mares, con su esplendente voz de pito), pero con quien saqué adelante uno de los pocos logros que he tenido en esta enfermedad perpetua que ha sido mi vida.

Finalmente, llegué a NACIMIENTO y me sorprendió el calor, la estupidez, las rameras, los mongólicos sin down, los mal nacidos (todos los que viven en este pueblo de mierda que tiene un promedio de 35 suicidios anuales). Me enteré que 5 concejales defenestraron a la administradora municipal, una palurda que es amante del alcalde: un pobre diablo con poder, aunque parezca una contradicción.

Y así con la belleza de estar vivo. No saben cuanto le agradezco al Señor el haberme dado la vida. Haberme dado 125 puntos de CI (tengo la nota donde sale la prueba, a los 11 años...), y una vida perfectamente miserable. Gracias. Muchas gracias.

Si salgo sonriendo en una de las fotos de este posteo, es única y exclusivamente por saludable cinismo, o porque en las otras salgo aún peor de lo que soy. Por último, otra de Ciorán: "VIVO SOLAMENTE PORQUE PUEDO MORIR CUANDO QUIERA; SIN LA IDEA DEL SUICIDIO HACE TIEMPO QUE ME HABRÍA MATADO".

miércoles, octubre 25, 2006

Una Mujercita de Mierda


El 23 de octubre de este año 1996 recibí un correo electrónico de -llamémosla así- Mariela Coñoepán (Valdivia, 1974), una atractiva antropóloga mapuche, feminista y resentida (sale en internet como deudora del crédito fiscal), que en el año 2003 gocé hasta el tedio y el hartazgo (no ponía mucho de su parte a la hora de hacer el amor, pero era singularmente lasciva). Esta sensual morena, que usaba aros de plata y cadenas en los tobillos fue, en estricto rigor, la última hembra que tuve de forma establecida. No debo desconocer que estuve bastante enamorado de ella y que la cobarde decisión de terminar la relación provino de su parte (su violencia y cobardía deben haber provenido, en una medida considerable, del hecho que su padre, militante socialista, le diera feroces golpizas a su madre).

Lo cierto es que hace algunos meses, en uno de los posteos de este blog, junto con otros amigos y amigas (o francamente “amigas”), escribió un comentario, más bien tiernucho y laudatorio, que ahora pretende desconocer. Y con furia.

El mensaje que me envió anteayerSu actual mensaje, petulante y acerado, preñado de absurdo y suficiencia mongoloide, está atravesado por un ensoberbiado afán didáctico, y por un sospechoso anhelo de borrar toda huella de mi presencia en su vida (¿no es acaso sospechoso que una persona que te desprecia y no quiere saber nada de ti te escriba después de años, sin motivación aparente y que después lo niegue?). Pero lo más impresentable de toda su turbia perorata -que por consideración al buen sentido me niego a transcribir en este artículo- es que nombrara a mi hija Catalina (1° de mayo de 2000), para que yo recapacitara, o algo así. ¿Con qué derecho puede una persona que te ha ninguneado y despreciado, mentarte a tu ser más amado así sin más, pretendiendo con ello tocar -o más bien ulcerar- tu integridad espiritual y darte una lección de no sé qué? Asimismo, entre la retahíla de inmundicias de su mensaje, aseveró finalmente ¡QUE AÚN GUARDABA CONSIDERACIÓN HACIA MI PERSONA!

En más de alguna ocasión he deseado hablar con ella, porque mi civilidad me impele a tener un buen trato con todos mis antiguos clientes y animales, pero se ha negado a ello de manera rotunda. Por cierto, ¡está en su pleno derecho!: pero esa misma actitud ¡LA OBLIGA! a no mandarme mensajitos o urdir jugarretas de golfa desquiciada.

A ella la conocí en un encuentro de poetas huilliches al que me invitó el poeta Genaro Huenchullán, en noviembre del año 2002. Entre diciembre de ese año y marzo de 2003 estuvimos juntos. Lo pasamos bien, fuimos cómplices en muchos aspectos e indagamos en la vida y en la muerte; fuimos amigos; fuimos proyecto y aventura; fuimos una luna de champaña y pies descalzos; escalamos libros y leímos el estío. Por eso me duelen sus infundios y su cólera obsoleta.

Este es, sin lugar a dudas, el peor y más inoficioso posteo de todo el blog, pero no voy a permitir que me extorsionen; ni ella ni nadie. ¡NEMO ME IMPUNE LACCESIT!

jueves, septiembre 07, 2006

Sobre PALACIO LARRAÍN


En septiembre de este año de 1996 salió de la incubadora mi primer libro, PALACIO LARRAÍN, cuya portada es la foto del espléndido óleo de Felipe Christensen ("A comer") que decora esta crónica. He lanzado el libro en Nacimiento (VIII región), Temuco y Loncoche (IX región), pero que no pretendo lanzarlo en Santiago... hasta ahora.

Fue titulado de esa asertada forma por mi editor, Marcelo Montecinos, de "LA CALABAZA DEL DIABLO". Debo decir que este ciudadano me hizo esperar -no sólo por falta de tiempo, si no también por una desidia criminal que poco y nada tiene que ver con el odio- cerca de dos años desde que me dio el SI; pero ya arreglamos cuentas... , y la falta del hombre quedó perfectamente absuelta.

También es cierto que yo mismo demoré hasta la náusea un proceso que pudo concluir antes. Pero no es menos cierto que esa demora, ese "ya no es un escritor joven", me ha granjeado inéditas simpatías de parte de amigos, amigoides y amigastros, ajenos o cercanos a los trámites del arte, e incluso de familiares, que ven como un logro mi perseverancia, y que perciben que yo no estaba mintiendo al dármelas de escritor (lo que escribí luego de la última coma es de una palurdez impresentable pero necesaria).

No me cabe ninguna duda que el presente libro -una suerte de novela de formación fragmentada en varias voces, una autobiografía algo mañosa, una exploración sociológico periodística del entrecruce de siglos, un retrato generacional, una suerte de metáfora del callejón sin salida a que se ve sometido el arte no cosificado, y un homenaje al grupo de vanguardia al que pertenecí el año 2000- es uno de los buenos textos de narrativa publicados el presente año en Chile. Estoy cierto que, por razones obvias (mi estadía en la hundida provincia, mi desdén hacia el lobby literario, mi lejanía de la industria cultural, etc), el libro no va a tener el "brillo" (in)mediático de autores como Ortega, Bisama, Fritz u otros, pero que es un libro sólido, que después podré mentar con alegría y sin la verguenza de autores que publican antes de escribir de manera aceptable.

Debo decir que lo más difícil en la construcción del libro fue el armado conceptual: darle sentido cronológico y epistémico a un caos donde se confunden la vendetta con la justificación del fracaso, el aprendizaje literario con las caídas vivenciales, la carcajada feroz con el sentimiento de muerte. Pero también fue difícil escribir de manera excelente (con períodos cabales y adjetivaciones creativas, etc), cuestión que -al igual que Henry Miller, Germán Marín y varios otros escritores notables- sólo aprendí algo después de los 30 años.

Concluyo este antipublicitario posteo (no hay nada más antipublicitario que hablar bien de uno mismo) con una idea de Domínguez Montressor, el sociólogo protagonista que compila las diversas voces del libro:

Puedo decir, con Borges, que los hechos que le ocurren a un hombre les suceden a todos, y -si se me permite una disgresión- creo que las grandezas y miserias que el lector puede encontrar en los presentes testimonios, puede hallarlas en casi todos los jóvenes chilenos emancipados atravesados por el cambio de milenio (es decir, aquellos que prefieren defecarse en un Mc Donalds antes que botar ahí su dinero; y que piensan que la bataclana de origen italiano que se casó con aquel ex Presidente argentino que mandó a asesinar a su hijo para asegurarse la reelección es, pese a su exitismo, nada más que eso: una bataclana internacional sin importancia) .