jueves, agosto 04, 2016
LA PUESTA EN ESCENA DE UN POETA
'Tren, treile, Teillier’, texto de Mauricio Moro, con la dirección de Rodrigo Bórquez y la actuación de Ricardo Pinto apoyada por voces en off, es la primera obra teatral inspirada en la figura de Jorge Teillier Sandoval (Lautaro, 1935 - Viña del Mar, 1996), el “poeta de nombre claro como un guijarro en medio de la corriente”, quien decía que la poesía no era nada si no permitía a los hombres acercarse y conocerse. La obra, un monólogo de 50 minutos y un solo acto, se presentó ayer miércoles 3 en el debut de la XII versión del Festival de Teatro en La Frontera 2016 (Fetef), ante una Sala Los Avellanos de la Ufro colmada de público.
En el monólogo se nos muestra a un Teillier íntimo y a ratos disociado, en el último año de su vida, quien yace acosado por sus más obstinados fantasmas: la soledad en compañía, el desarraigo, el autoexilio, la familia fragmentada y el abuso de etanoles y terrores, y que podría decir, con Huidobro, que “el pozo de las cosas perdidas no se llena jamás”. El protagonista discurre sobre aquello y sobre el infatigable mandato de la poesía, que parece haber tomado a su existencia por rehén, mientras espera debutar en un conocido programa televisivo de entrevistas culturales. Pero su espera es paradójica, pues al entusiasmo de compartir el pan de su palabra con un avezado entrevistador, agrega el sentimiento de la inutilidad: un sentimiento furioso que lo paraliza y lo hace desdeñar “el inútil pago de la inmortalidad”.
Llama la atención la importancia que el dramaturgo le otorga en su texto a la figura del poeta Enrique Lihn (1929-1988), quien fue el gran antagonista de Teillier en los 60’s, ante todo cuando éste –mientras languidecían las llamas de su primer matrimonio– se quedó con la novia de aquél. Ello acaso se explica por el afán de tender puentes entre dos de los poetas más admirados por las actuales generaciones, los que, como es bien sabido, se reconciliaron en un encuentro literario acaecido en el Hotel Continental de Temuco el año 1982.
En suma, una obra de teatro interesante y que demuestra que el poeta de Lautaro suscita un interés creciente. Tanto es así que, a estas alturas del vértigo, podemos afirmar que obras de teatro como éstas –así como otras manifestaciones del arte, tales como documentales e inclusive filmes– seguirán floreciendo a partir de la persona y de la obra del poeta que está llevando los muros de Lautaro hacia fronteras ignoradas.
miércoles, febrero 24, 2016
EDO CAROE, TEMUCO, 1986
“Es con la risa y no con la ira como mejor se mata”, nos asegura el filósofo Friedrich Nietzsche en la primera parte del 'Zaratrustra'. Y en la reciente actuación de Edo Caroe (Eduardo Carrasco Rodríguez, Temuco, 1986), quien se presentó la primera noche del Festival de Viña sin dejar títere con cabeza entre la clase política, aquello se rubricó.
Lo cierto es que en esa inevitable reunión del verano que es la Quinta Vergara, que parece una cita familiar donde nadie está a sus anchas, pero de la que nadie o casi nadie es capaz de renegar, su rutina fue una de las mejores que se recuerden (51 puntos de rating, además), y lo sitúan a sus 29 –si no cae en lo reiterativo– como uno de los humoristas con mayor futuro en Chile.
La rapidez de su verbo y su prestancia de roquero, lo hacen corrosivo sin llegar a la amargura, en extremo irreverente sin caer en lo vulgar, y ferozmente crítico de las instituciones y de la mojigancia del chileno, pero frondoso a la hora de darse a sí mismo con el mocho del hacha. Hay en su show (donde también hace trucos de magia que dan una pausa a un show donde la ironía puede ser insoportable)algo que podríamos llamar ‘maldad calculada’, pues en éste hasta se presenta ‘Oscarito’, un personaje notoriamente discapacitado, del que tanto él mismo como el mago humorista se ríen a mandíbula batiente, con lo cual naturalizan una condición que sigue siendo motivo de hipócrita discriminación.
Acaso la gran virtud de Caroe es haberse situado, quizá como nunca antes, fuera de la lógica del hacedor de tallas como sujeto externo:como una suerte de operador político del chiste, ajeno (es un decir) a la política y al ejercicio del poder. En su rutina cáustica, pero liviana de sangre (valga la oxímoron) y hasta desternillante, él mismo es un niño abusado, un padre ausente y un hijo perverso. Por eso, no es un humorista crítico más, sino alguien que subvierte la lógica del intermediario, con lo cual se arroga cierta autoridad para hablar de casi todo.
Hasta hace poco los humoristas se reían de sus suegras o de sus señoras, pero no llegaban a la combustión misma del fenómeno, que en cierto modo es el sexo; pero Caroe, que maneja el tema pero también lo sabe sobredimensionado, le quita el eje y lo vuelve casi baladí. A despecho de estar parodiando un texto insigne, puedo concluir diciendo que Caroe es de aquellos venturosos que pueden prescindir de la aprobación de la crítica y aun, a veces, de la aprobación del público, pues el agrado que nos proporciona su trato es irresistible y constante.
Lo cierto es que en esa inevitable reunión del verano que es la Quinta Vergara, que parece una cita familiar donde nadie está a sus anchas, pero de la que nadie o casi nadie es capaz de renegar, su rutina fue una de las mejores que se recuerden (51 puntos de rating, además), y lo sitúan a sus 29 –si no cae en lo reiterativo– como uno de los humoristas con mayor futuro en Chile.
La rapidez de su verbo y su prestancia de roquero, lo hacen corrosivo sin llegar a la amargura, en extremo irreverente sin caer en lo vulgar, y ferozmente crítico de las instituciones y de la mojigancia del chileno, pero frondoso a la hora de darse a sí mismo con el mocho del hacha. Hay en su show (donde también hace trucos de magia que dan una pausa a un show donde la ironía puede ser insoportable)algo que podríamos llamar ‘maldad calculada’, pues en éste hasta se presenta ‘Oscarito’, un personaje notoriamente discapacitado, del que tanto él mismo como el mago humorista se ríen a mandíbula batiente, con lo cual naturalizan una condición que sigue siendo motivo de hipócrita discriminación.
Acaso la gran virtud de Caroe es haberse situado, quizá como nunca antes, fuera de la lógica del hacedor de tallas como sujeto externo:como una suerte de operador político del chiste, ajeno (es un decir) a la política y al ejercicio del poder. En su rutina cáustica, pero liviana de sangre (valga la oxímoron) y hasta desternillante, él mismo es un niño abusado, un padre ausente y un hijo perverso. Por eso, no es un humorista crítico más, sino alguien que subvierte la lógica del intermediario, con lo cual se arroga cierta autoridad para hablar de casi todo.
Hasta hace poco los humoristas se reían de sus suegras o de sus señoras, pero no llegaban a la combustión misma del fenómeno, que en cierto modo es el sexo; pero Caroe, que maneja el tema pero también lo sabe sobredimensionado, le quita el eje y lo vuelve casi baladí. A despecho de estar parodiando un texto insigne, puedo concluir diciendo que Caroe es de aquellos venturosos que pueden prescindir de la aprobación de la crítica y aun, a veces, de la aprobación del público, pues el agrado que nos proporciona su trato es irresistible y constante.
viernes, octubre 23, 2015
LOS "PUESTOS VARIOS" DE GUIDO EYTEL
Conocí al escritor Guido Eytel en las ya postrimerías del 95, en el Centro Médico de Temuco, cuando él dictaba un taller literario enfocado en la lectura y yo salía del cascarón (una muchacha de vestido rojo cuyo nombre no recuerdo se quedó con mi edición del 'Mala Onda' de Fuguet). Tiempo después, en el 97, presentó (ni a él ni a mí nos agrada la expresión “lanzó”, que apela más bien a la Nasa o a una carrera de galgos neoliberal) su primer libro, la novela ‘Casas en el agua’. De ahí ha dado a la imprenta unos siete textos, también de poesía, siendo a mi juicio el libro de cuentos ‘Puestos varios’ el más eminente de cuantos ha escrito. Fue publicado en 2006 y reposicionado el pasado martes 20 en el Museo La Chascona de la Fundación Pablo Neruda, en Santiago.
‘Puestos varios’ (RIL Editores), que debe su nombre a una analogía con aquellos entrañables almacenes que subsisten frente al embate de las tarjetas y los supermercados, y donde es posible hallar de un cuanto hay y hasta ser anotado al lápiz, se compone de 14 relatos que a juicio del autor sobrevivieron a su dura autocensura, “tendiente a no fastidiar al lector”. Eytel (Temuco, 1945) asegura en el prólogo que la mayoría de los mismos fue galardonado; y aquello, que acaso significa poco y nada, se rubrica en este caso con algunos cuentos de alta ley. Casi todos apelan a sujetos marginalizados, que han sido derrotados por la Historia o sucumbido ante sus propias fantasmagorías: que han perdido el norte o las expectativas de un mejor pasar, pero jamás la dignidad, como en el relato “El otro round de Dinamita Araya”, que habla del repentino acto de heroísmo de un ex boxeador que vende helados en la carretera.
También hay cuentos regiamente espeluznantes, como “Le juro que fue por amistad”, sobre un conscripto que sin una gota de culpa le relata al hijo de un ejecutado la manera en que mató a su padre; o “Ese viejo calor que tengo guardado”, que narra el espeso delirio de un vagabundo que tiene un acto de necrofilia. Son héroes descentrados y macabros, que coexisten con aquellos otros supervivientes de esta época que no pocas veces parece girar sin nosotros. De entre todos los relatos, y acaso porque tuve cierta cercanía con su protagonista, me quedo con “Matar a Padilla”, que narra la vital contradicción de un profesor que también es poeta y que decide asesinar al profesor. “Puestos varios” es uno de esos libros que, a despecho de la tiranía del olvido, diremos, se obstinará en permanecer.
domingo, septiembre 20, 2015
EDUARDO BONVALLET (1955-2015)
A mediados de los ’90, un ex seleccionado nacional de fútbol que debió retirarse a los 27 por exceso de infiltraciones, arremetió en la radio y la televisión chilenas con singular estilo. Blandiendo un micrófono, a ratos justiciero y otras veces simplemente cruento, pero casi siempre preñado de risas, rompió el obtuso paradigma de que Chile nunca sería campeón del mundo. No exagero: en decenas de ocasiones les oí decir a los comentaristas de entonces que “la selección juega muy bien de chico a grande”, por ejemplo en el partido donde La Roja fue a Londres a defender con 11 y empató a cero goles con Inglaterra gracias a que el portero (el llamado ‘Cóndor’ Rojas) atajó hasta los gritos de los hinchas británicos, y aquello fue tomado como un triunfo.
Pero Bonvallet se opuso siempre a ese modelo porque, como todos los grandes, no había venido a esta vida a empatar. Asumió un personaje agresivo, impecable, de voz imponente y autoritaria, y con muchos de esos rasgos filofascistas que muchos líderes debieran ponderar (ante todo la seguridad absoluta, cierto autoritarismo ya explícito o encubierto, y esa capacidad del polemista de pies ligeros que –como dice Juan Villoro de Bolaño– cambia de parecer sin permitir a los otros el hacerlo); aunque también otros que resultan polémicos y hasta detestables (cierta xenofobia, racismo y una facilidad imbécil para rotear a todo aquel sujeto de menos recursos económicos o espirituales). Había también en él esa obsesión desagradable de medir el éxito de un ser por el grado de conocimiento que de éste se tenga, y que es inherente a la aristocracia bastarda de la televisión. En esa línea y no en otra está la entrevista que se fabricó con Pinochet.
Pero era un comunicador brillante y su megalomanía –hija de una autoestima inestable y de un ego hipertrofiado y sordo– era al menos creativa, casi como parte de un programa, o de un símbolo; leerlo de manera racional resulta absurdo. Recuerdo que en el verano del ’97 vimos en la casa de Rafael Lanyon el partido donde Chile perdió 2 a 1 en Lima, con Perú, por las clasificatorias a Francia 98. Estábamos tan disgustados que cambiamos de canal para ver a Bonvallet: “¿Qué irá a decir este viejo culeado?”, dijimos, pero nuestra atracción era genuina. A veces daba la impresión que lucraba con las derrotas del fútbol chileno, que detestaba a la izquierda o que era de una ignorancia extrema que disimulaba con el ruido. Pero todos aquellos rasgos eran parte de un personaje que siempre tuvo rasgos entrañables, acaso por su extrema vulnerabilidad.
Fue el primero en jugársela en el fútbol por una postura nacionalista que, aunque algo pueril, incluía el respeto hacia el himno y la bandera. Y fue el primero, al menos en Chile, en comentar, con una pizarra con fichas que representaba a los 22 jugadores del campo y sus estrategias, los partidos de la selección. En esto último era tan asertivo y jocoso que, cuando aceptó el desafío de “probarle a todos que puedo ser el mejor técnico del mundo”, empezó su ocaso como hombre de fútbol. Fue el año 2007, en Deportes Temuco, escuadra a la que debía salvar de caer a la Tercera División. Al principio ganó muchos puntos y se hizo buena fama, pero a renglón seguido se agenció muchos enemigos, entre la prensa, los socios influyentes e inclusive al interior del plantel (llegó hasta a denostar a un jugador por ser de raza negra). Le hicieron –o él mismo se hizo, lo que para el caso da igual– la vida imposible y debió retirarse, enfermo y con la certeza del fracaso: el sabelotodo en cuestiones del fútbol, el infalible gurú (apodo patético que asumió en el último tiempo) era al final pura boca, se dijo. Fue un golpe durísimo.
Posteriormente, su estilo fue imitado y dejó de ser único. La masificación de las redes sociales, de la opinología y el advenimiento de la cultura del insulto y el descrédito entre los chilenos, que hizo casi ridícula la institución de la querella por injurias (Bonvallet recibió decenas de ellas y desenmascaró a varios delincuentes del deporte), lo fueron invisibilizando. Conservó su estilo hasta el final, pero se le veía menos como un líder o un sabio que como un sujeto pintoresco, una suerte de humorista. Y es este último rasgo en el que quiero detenerme. La agresividad de este sujeto era creativa y refrescante; no te dejaba ese regusto de amargura que te puede dejar una Patricia Maldonado o un Fernando Villegas: ellos nunca o casi nunca dieron, además, puntada sin hilo, y eso los hace un tanto abyectos.
Un cáncer furioso, que pudo derrotar casi del todo, lo dejó malherido y con dolores atroces en el rostro. Y una depresión sin duda coadyuvada por su ambición desordenada y algunas derrotas familiares, lo llevaron a quitarse la vida el 18 de septiembre de este año 2015. Fecha que quizá no fue casual. Ha muerto una suerte de guerrero ‘que reinventó el nacionalismo en democracia’ (es un decir) y que nos hizo más competitivos, también como país. Veremos cómo salimos librados de aquello. Yo por mi parte al menos, me declaro optimista.
miércoles, junio 03, 2015
PARA LLORAR (Vicente Huidobro. 1893-1948)
Es para llorar que buscamos nuestros ojos
Para sostener nuestras lágrimas allá arriba
En sus sobres nutridos de nuestros fantasmas
Es para llorar que apuntamos los fusiles sobre el día
Y sobre nuestra memoria de carne
Es para llorar que apreciamos nuestros huesos y a la muerte sentada
junto a la novia
Escondemos nuestra voz de todas las noches
Porque acarreamos la desgracia
Escondemos nuestras miradas bajo las alas de las piedras
Respiramos más suavemente que el cielo en el molino
Tenemos miedo
Nuestro cuerpo cruje en el silencio
Como el esqueleto en el aniversario de su muerte
Es para llorar que buscamos palabras en el corazón
En el fondo del viento que hincha nuestro pecho
En el milagro del viento lleno de nuestras palabras
La muerte está atornillada a la vida
Los astros se alejan en el infinito y los barcos en el mar
Las voces se alejan en el aire vuelto hacia la nada
Los rostros se alejan entre los pinos de la memoria
Y cuando el vacío está vacío bajo el aspecto irreparable
El viento abre los ojos de los ciegos
Es para llorar para llorar
Nadie comprende nuestros signos y gestos de largas raíces
Nadie comprende la paloma encerrada en nuestras palabras
Paloma de nube y de noche
De nube en nube y de noche en noche
Esperamos en la puerta el regreso de un suspiro
Miramos ese hueco en el aire en que se mueven los que aún no han nacido
Ese hueco en que quedaron las miradas de los ciegos estatuarios
Es para poder llorar es para poder llorar
Porque las lagrimas deben llover sobre las mejillas de la tarde
Es para llorar que la vida es tan corta
Es para llorar que la vida es tan larga
El alma salta de nuestro cuerpo
Bebemos en la fuente que hace ver los ojos ausentes
La noche llega con sus corderos y sus selvas intraducibles
La noche llega a paso de montaña
Sobre el piano donde el árbol brota
Con sus mercancías y sus signos amargos
Con sus misterios que quisiera enterrar en el cielo
La ciudad cae en el saco de la noche
Desvestida de gloria y de prodigios
El mar abre y cierra su puerta
Es para llorar para llorar
Porque nuestras lágrimas no deben separarse del buen camino
Es para llorar que buscamos la cuna de la luz
Y la cabellera ardiente de la dicha
Es la noche de la nadadora que sabe transformarse en fantasma
Es para llorar que abandonamos los campos de las simientes
En donde el árbol viejo canta bajo la tempestad como la estatua del mañana
Es para llorar que abrimos la mente a los climas de impaciencia
Y que no apagamos el fuego del cerebro
Es para llorar que la muerte es tan rápida
Es para llorar que la muerte es tan lenta
viernes, enero 10, 2014
Hoy Vicente Huidobro (Santiago, 1893-1948), uno de mis poetas más queridos, cumpliría 121 años. Acá, tres de sus poemas que más me agradan y que no son tan evidentes.
CONTACTO EXTERNO
El mar que los suspiros de los viajeros agita
Corre tras de sus olas barridas por el viento
El infinito busca una gaviota
Para tener un punto de apoyo lógico y blando
Cómo haremos
El cielo se suena con las alas que ama
Mientras yo busco al pie de mi poema
Una estrella que cruje
Como la rueda de un coche que se lleva los últimos recuerdos
Nada será encontrado
El pozo de las cosas perdidas no se llena jamás
Jamás como las miradas y los ecos
Que se alejan sobre la bruma y sus animales inmensos
MARINO
Aquél pájaro que vuela por primera vez
Se aleja del nido mirando hacia atrás
Con el dedo en los labios
os he llamado.
Yo inventé juegos de agua
En la cima de los árboles.
Te hice la más bella de las mujeres
Tan bella que enrojecías en las tardes.
La luna se aleja de nosotros
Y arroja una corona sobre el polo
Hice correr ríos
que nunca han existido
De un grito elevé una montaña
Y en torno bailamos una nueva danza.
Corté todas las rosas
De las nubes del este
Y enseñé a cantar a un pájaro de nieve
Marchemos sobre los meses desatados
Soy el viejo marino
que cose los horizontes cortados
ÉRAMOS LOS ELEGIDOS DEL SOL
Éramos los elegidos del sol
Y no nos dimos cuenta
Fuimos los elegidos de la más alta estrella
Y no supimos responder a su regalo
Angustia de impotencia
El agua nos amaba
La tierra nos amaba
Las selvas eran nuestras
El éxtasis era nuestro espacio propio
Tu mirada era el universo frente a frente
Tu belleza era el sonido del amanecer
La primavera amada por los árboles
Ahora somos una tristeza contagiosa
Una muerte antes de tiempo
El alma que no sabe en qué sitio se encuentra
El invierno en los huesos sin un relámpago
Y todo esto porque tú no supiste lo que es la eternidad
Ni comprendiste el alma de mi alma en su barco de
tinieblas
En su trono de águila herida de infinito
CONTACTO EXTERNO
El mar que los suspiros de los viajeros agita
Corre tras de sus olas barridas por el viento
El infinito busca una gaviota
Para tener un punto de apoyo lógico y blando
Cómo haremos
El cielo se suena con las alas que ama
Mientras yo busco al pie de mi poema
Una estrella que cruje
Como la rueda de un coche que se lleva los últimos recuerdos
Nada será encontrado
El pozo de las cosas perdidas no se llena jamás
Jamás como las miradas y los ecos
Que se alejan sobre la bruma y sus animales inmensos
MARINO
Aquél pájaro que vuela por primera vez
Se aleja del nido mirando hacia atrás
Con el dedo en los labios
os he llamado.
Yo inventé juegos de agua
En la cima de los árboles.
Te hice la más bella de las mujeres
Tan bella que enrojecías en las tardes.
La luna se aleja de nosotros
Y arroja una corona sobre el polo
Hice correr ríos
que nunca han existido
De un grito elevé una montaña
Y en torno bailamos una nueva danza.
Corté todas las rosas
De las nubes del este
Y enseñé a cantar a un pájaro de nieve
Marchemos sobre los meses desatados
Soy el viejo marino
que cose los horizontes cortados
ÉRAMOS LOS ELEGIDOS DEL SOL
Éramos los elegidos del sol
Y no nos dimos cuenta
Fuimos los elegidos de la más alta estrella
Y no supimos responder a su regalo
Angustia de impotencia
El agua nos amaba
La tierra nos amaba
Las selvas eran nuestras
El éxtasis era nuestro espacio propio
Tu mirada era el universo frente a frente
Tu belleza era el sonido del amanecer
La primavera amada por los árboles
Ahora somos una tristeza contagiosa
Una muerte antes de tiempo
El alma que no sabe en qué sitio se encuentra
El invierno en los huesos sin un relámpago
Y todo esto porque tú no supiste lo que es la eternidad
Ni comprendiste el alma de mi alma en su barco de
tinieblas
En su trono de águila herida de infinito
lunes, diciembre 02, 2013
KHALIL GIBRAN (SOBRE EL AMOR)
No sé mucho del artista libabés Khalil Gibran (1883-1931), que también fue pintor. Tampoco es mucho lo que se conoce de la vida y de la obra, más bien acotada, de este hombre hiperestésico y de muerte temprana que vivió muchos años en los Estados Unidos. De su principal libro, "El profeta", recuerdo haberlo acometido, hará unos 20 años y en una edición de una precariedad insolente, con la certeza de beber el cáliz de una revelación.
SOBRE EL AMOR
cuando el amor os llame, seguidlo.
Y cuando su camino sea duro y difícil,
y cuando sus alas os envuelvan, entregaos.
Aunque la espada entre ellas escondida os hiera.
Y cuando os hable, creed en él.
Aunque su voz destroce nuestros sueños
tal como el viento norte devasta los jardines.
Porque, así como el amor os corona así os crucifica.
Así como os acrece, así os poda.
Así como asciende a lo más alto y acaricia vuestras más tiernas ramas,
que se estremecen bajo el sol, así descenderá hasta vuestras raíces
y las sacudirá en un abrazo con la tierra.
Como trigo en gavillas él os une a vosotros mismos.
Os desgarra para desnudaros.
Os cierne, para libraros de vuestras coberturas.
Os pulveriza hasta volveros blancos.
Os amasa, hasta que estéis flexibles y dóciles.
Y os asigna luego a su fuego sagrado
para que podáis convertiros en sagrado pan para la fiesta sagrada de Dios.
Todo esto hará el amor en vosotros para que podáis conocer los secretos de vuestro corazón y convertiros, por ese conocimiento, en un fragmento del corazón de la Vida.
Pero si, en vuestro miedo, buscáis solamente la paz y el placer del amor,
entonces, es mejor que cubráis vuestra desnudez y os alejéis de sus umbrales,
hacia un mundo sin primaveras donde reiréis, pero no con toda vuestra risa, y lloraréis,
pero no con todas vuestras lágrimas.
El amor no da más a sí mismo, no toma nada más que de sí mismo.
El amor no posee ni es poseído.
Porque el amor es suficiente para el amor.
Cuando améis no debés decir: “Dios está en mi corazón”, sino más bien:
“Yo estoy en el corazón de Dios”.
Y pensad que no podéis dirigir el curso del amor porque él,
si os encuentra dignos, dirigirá vuestro curso.
El amor no tiene otro deseo que el de realizarse.
Pero, si amáis y debe la necesidad tener deseos, que vuestros deseos sean éstos:
Fundirse y ser como un arroyo que canta su melodía a la noche.
Saber del dolor de la demasiada ternura.
Ser herido por nuestro propio conocimiento del amor.
Y sangrar voluntaria y alegremente.
Despertarse al amanecer con un alado corazón y dar gracias por otro día de amor.
Descansar al mediodía y meditar el éxtasis de amar.
Volver al hogar con gratitud en el atardecer.
Y dormir con una plegaria por el amado en el corazón
y una canción de alabanza en los labios.”
SOBRE EL AMOR
cuando el amor os llame, seguidlo.
Y cuando su camino sea duro y difícil,
y cuando sus alas os envuelvan, entregaos.
Aunque la espada entre ellas escondida os hiera.
Y cuando os hable, creed en él.
Aunque su voz destroce nuestros sueños
tal como el viento norte devasta los jardines.
Porque, así como el amor os corona así os crucifica.
Así como os acrece, así os poda.
Así como asciende a lo más alto y acaricia vuestras más tiernas ramas,
que se estremecen bajo el sol, así descenderá hasta vuestras raíces
y las sacudirá en un abrazo con la tierra.
Como trigo en gavillas él os une a vosotros mismos.
Os desgarra para desnudaros.
Os cierne, para libraros de vuestras coberturas.
Os pulveriza hasta volveros blancos.
Os amasa, hasta que estéis flexibles y dóciles.
Y os asigna luego a su fuego sagrado
para que podáis convertiros en sagrado pan para la fiesta sagrada de Dios.
Todo esto hará el amor en vosotros para que podáis conocer los secretos de vuestro corazón y convertiros, por ese conocimiento, en un fragmento del corazón de la Vida.
Pero si, en vuestro miedo, buscáis solamente la paz y el placer del amor,
entonces, es mejor que cubráis vuestra desnudez y os alejéis de sus umbrales,
hacia un mundo sin primaveras donde reiréis, pero no con toda vuestra risa, y lloraréis,
pero no con todas vuestras lágrimas.
El amor no da más a sí mismo, no toma nada más que de sí mismo.
El amor no posee ni es poseído.
Porque el amor es suficiente para el amor.
Cuando améis no debés decir: “Dios está en mi corazón”, sino más bien:
“Yo estoy en el corazón de Dios”.
Y pensad que no podéis dirigir el curso del amor porque él,
si os encuentra dignos, dirigirá vuestro curso.
El amor no tiene otro deseo que el de realizarse.
Pero, si amáis y debe la necesidad tener deseos, que vuestros deseos sean éstos:
Fundirse y ser como un arroyo que canta su melodía a la noche.
Saber del dolor de la demasiada ternura.
Ser herido por nuestro propio conocimiento del amor.
Y sangrar voluntaria y alegremente.
Despertarse al amanecer con un alado corazón y dar gracias por otro día de amor.
Descansar al mediodía y meditar el éxtasis de amar.
Volver al hogar con gratitud en el atardecer.
Y dormir con una plegaria por el amado en el corazón
y una canción de alabanza en los labios.”
martes, noviembre 12, 2013
APUNTES SOBRE LA NUEVA POLÍTICA
Michelle Bachelet se apresta a ganar en primera vuelta y Chile enfrenta desafíos que me atrevería a llamar insoslayables: educación gratuita y de excelencia, reforma previsional y tributaria, y modificación de la carta constitucional, entre los principales. Pero hay un tema que se ha tocado de forma asistemática, o quizá si de soslayo o a manera de consigna con los pies de barro (Franco Parisi), que reviste una importancia acaso si mayor: el de renovar las prácticas políticas. El tema, que podría parecer una abstracción inabordable o un espurio manifiesto de buenas intenciones, se puede aterrizar con ejemplos harto simples, algunos de los cuáles ya se están sugiriendo y puntualizo acá.
Por ejemplo, es propio de un estadio social que debiera superarse el que los parlamentarios tengan sueldos millonarios, por lo cual algunos candidatos (como Giorgio Jackson y Gabriel Boric) han planteado rebajarlos en un 50%, lo que además permitiría reformar el sistema binominal de la única forma sensata, que es aumentando el número de senadores y diputados, sin que el erario público se vea resentido. Aún recuerdo cuando hace algunos años se planteó esta iniciativa y algunos congresistas adujeron que no tenía sentido, pues “usamos nuestros sueldos para ayudar a la gente que sufre”. Huelga decir que ello sólo propicia el paternalismo, la prebenda, el asadismo-leninismo y el tráfico de influencias. Y sobre esto último, es inaudito que quienes ocupan cargos puedan abrir a sus familias espacios de poder, so pretexto de que “el deseo de ayudar a los hambrientos lo llevamos en la sangre”, o algo así: es una práctica colonialista que debiera desecharse.
Asimismo, tenemos el caso de la propaganda política, cuyos gastos no se han transparentado, y que además se obstina en la pornografía visual. Las famosas palomas, por ejemplo, que desconcentran a los automovilistas y no se pueden reciclar, han hecho nata en estos días; llegará el tiempo en que nos avergoncemos de ellas, como hoy nos abochornan los rayados de paredes.
Por último, ¿qué me dice usted, caro lector, de las eternas reelecciones que han llevado a algunos orondos señores a estar 24 años en el congreso y siguen en campaña? ¿O de los candidatos con conflictos de interés (Sabag), con problemas judiciales (Velázquez) o apernados en virtud de maquinarias (Escalona), que le hacen un flaco favor a la Nueva Mayoría (y a cualquier conglomerado) y que no obstante perseveran en su sitio? Esperamos –soñar es gratis e inclusive saludable– que estos sólo sean los postreros estertores de unas prácticas malsanas que la Historia se haya en vías de superar.
Por ejemplo, es propio de un estadio social que debiera superarse el que los parlamentarios tengan sueldos millonarios, por lo cual algunos candidatos (como Giorgio Jackson y Gabriel Boric) han planteado rebajarlos en un 50%, lo que además permitiría reformar el sistema binominal de la única forma sensata, que es aumentando el número de senadores y diputados, sin que el erario público se vea resentido. Aún recuerdo cuando hace algunos años se planteó esta iniciativa y algunos congresistas adujeron que no tenía sentido, pues “usamos nuestros sueldos para ayudar a la gente que sufre”. Huelga decir que ello sólo propicia el paternalismo, la prebenda, el asadismo-leninismo y el tráfico de influencias. Y sobre esto último, es inaudito que quienes ocupan cargos puedan abrir a sus familias espacios de poder, so pretexto de que “el deseo de ayudar a los hambrientos lo llevamos en la sangre”, o algo así: es una práctica colonialista que debiera desecharse.
Asimismo, tenemos el caso de la propaganda política, cuyos gastos no se han transparentado, y que además se obstina en la pornografía visual. Las famosas palomas, por ejemplo, que desconcentran a los automovilistas y no se pueden reciclar, han hecho nata en estos días; llegará el tiempo en que nos avergoncemos de ellas, como hoy nos abochornan los rayados de paredes.
Por último, ¿qué me dice usted, caro lector, de las eternas reelecciones que han llevado a algunos orondos señores a estar 24 años en el congreso y siguen en campaña? ¿O de los candidatos con conflictos de interés (Sabag), con problemas judiciales (Velázquez) o apernados en virtud de maquinarias (Escalona), que le hacen un flaco favor a la Nueva Mayoría (y a cualquier conglomerado) y que no obstante perseveran en su sitio? Esperamos –soñar es gratis e inclusive saludable– que estos sólo sean los postreros estertores de unas prácticas malsanas que la Historia se haya en vías de superar.
EL AMENAZADO (Jorge Luis Borges. Buenos Aires, 1899-1986)

Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición?...
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente
ya el hombre se levanta a la voz del ave
ya se han oscurecido los que miran por las ventanas
pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz
la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.
jueves, septiembre 12, 2013
LA GALLINA MALDONADO
Pensaba escribir sobre el 11 de septiembre. Sobre esa éPica bastarda que celebra como el nacimiento de un hijo el hecho infortunado de que un ladrón ingresó a nuestra casa –en el supuesto de que Allende hubiera sido eso– y lo aniquilamos con ensañamiento; o sobre esa otra épica, que festina recalcando una verdad incuestionable –el museo de horrores del gobierno militar–, pero que algunos usan para santificarse.
Pero como del 11 se ha hablado ya bastante y el escritor Claudio Maldonado (Curicó, 1977), con quien alguna vez yo hiciera migas literarias, acaba de publicar su tercer libro y primera novela, prefiero referirme a tal. “Piel de gallina” (Ediciones Inubicalistas), es el delirio del profesor Lizardo Melgarejo, un cincuentón anodino que, tras quedar en estado de coma en un accidente escolar, recrea el monstruoso escenario del Colegio de Aplicación Avícola Abelardo Taladriz, donde los educandos son pollos a los que, mediante tácticas constructivistas, se prepara para el buen morir. Sostenedores corrompidos, militares sodomitas, profesores reducidos a la segunda infancia y una sensual y astuta manipuladora de alimentos, entre otros, coexisten con Lizardo, quien desde “el mundo de Allá” viene a hacer un reemplazo y conseguir la ansiada firma para jubilarse. La novela se articula en primera persona, ya hablando Lizardo (en el mundo soñado) o personajes que lo frecuentaron en su pasado terrenal, como sus padres, un compañero de carrera, sus alumnos (en un video chat) y su ex mujer, esta última en un dialecto popular que Maldonado transcribe sagazmente. Y son estos monólogos y diálogos, además de un espléndido relato que hace escarnio del protagonista, lo mejor logrado de esta hilarante sátira, cuyo avance es a veces balbuceante, y que peca de efectismo en su gusto por el esperpento y en su afán por desfondar los límites de la imaginación.
Pero, no obstante ser “Piel de gallina” una celebración del absurdo y una novela del género fantástico, pone en el tapete y de forma original un tema de honda coyuntura: los desaciertos de un modelo educativo que se impuso en un régimen de fuerza, con la connivencia de un dinero muchas veces mal habido y cierta estéril devoción al pragmatismo, y que está en tela de juicio en nuestro Chile actual. Novela de trazas políticas, entonces, esta “Piel de gallina”, que además tiene el mérito –tal vez replicable– de incluir ilustraciones que sin duda la refrescan, es un libro ineludible… como las conmemoraciones del 11 de septiembre.
martes, septiembre 10, 2013
TEILLIER RECORDANDO A DE ROKHA
En un día como hoy pero de 1968, murió Pablo de Rokha. En este mes, donde mañana se conmemoran los 40 años del tan mentado quiebre de la democracia, lo recuerdo a través de una experiencia lautarina relatada por otro poeta significativo: Jorge Teillier.
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Era el tiempo de las vacaciones y solíamos caminar con mi padre y mi hermano Iván hasta el puente Cautín y luego cumplir el rito de jugar brisca y tomar unas cervezas en el Club Conservador o donde el Pavo Arévalo.
Ahora bien, en medio del paseo siento un brusco rechinar de frenos e inesperadamente surge de un auto Pablo de Rokha, diciéndome: "Amigo Teillier, vengo desde Los Ángeles con unas ganas horribles de comerme unas patitas de vaca". Hechas las presentaciones del caso, mi padre me llamó aparte: "donde doña Margarita llegaron patitas, pero no creo que sea un lugar para llevar a un poeta”. “Para él no hay otro mejor –respondí–. Ya verás”. Y partimos.
Doña Margarita era dueña de una frutería en Cuyanquén, barrio de la bronca lautarina, al lado de la línea férrea y era famosa por su buena mano. Mientras sus hijos vendían frutas y verduras, ella atendía en la trastienda a los gourmands del pueblo, desde el gobernador al alcalde y al sargento de Carabineros encargado de controlar el expendio clandestino de comidas y bebidas.
Doña Margarita siempre nos acogía con una gentileza que se acrecentó cuando le informamos que estaba en presencia de una de las glorias de las letras chilenas y de su yerno, gran pintor argentino. No sólo nos ofreció patitas, sino también pancoras y –en secreto– un salmón recién pescado (estábamos en época de veda), y chicha fuerte de manzana de don Nicolás Van de Moler, la mejor de la región.
“Se ve en el horizonte”, exclamó con su mejor vozarrón don Pablo, y pidió, a modo de aperitivo, una damajuana de chicha junto a una pichanga “para preparar el ingreso a conversar”. La pichanga (a la cual llamaba también “causeo criaturero”) contó con su aprobación. Traía toda clase de cecinas de un cerdo “sureño y oceánico” preparado en casa, queso de cabra, aceitunas de Azapa, cebollas escabechadas en vinagre y ají cacho de cabra. La dueña de casa nos sirvió una fuente para seis personas, pero don Pablo, con su servilleta anudada al cuello a la manera de los viejos demócratas, se expropió para él solo la fuente. Doña Margarita, sin decir palabra, nos trajo la misma cantidad a cada uno. En la tácita competencia me di por vencido tras comer enormes cantidades de pancoras, sin poder llegar hasta el salmón al horno. Todo esto era acompañado por un pipeño que corría “más ligero que un alguacil”, al decir del Arcipreste. Recuerdo que el poeta lautarino Gabriel Barra recitó unos versos del tabernario Serguei Esenín con gran alegría de don Pablo que, asimismo, acompañó con tamboreo y huifa unas cuecas chilota cantadas por el profesor Mancilla, bailadas por doña Margarita con el notario del pueblo León Ocqueteaux, hasta que el paso del tren de las cuatro nos indicó que era hora de terminar la reunión…
En la mañana siguiente acompañé a don Pablo a vender su libro Idioma del mundo por la localidad. Lo vi practicar el trueque. Por un volumen autografiado recibía un quintal de harina, un saco de papas o enormes ristras de ajo que embarcaba a la capital, a su familia.
El poeta estaba invitado a almorzar a casa de mis padres. Ante el espanto de mi madre, decreté que debía haber un almuerzo de acuerdo a los cánones rokhianos. El aperitivo consistió en una chupilca con harina tostada recién hecha, la cual el vate acompañó –por cuenta propia– con dos cebollas crudas de nuestra huerta que devoró como pomelos. Vino después un plato de pancutras fiambres preparadas la noche anterior (“componedoras de cuerpo”) y un ganso con ajo y arvejitas nuevas. De postre, una tajada de sandía para cada comensal, y una entera para don Pablo. La comida había sido preparada en la cocina económica, y con fragante leña de ulmo, lo que contó con la entusiasta aprobación del poeta.
Luego, pidió permiso para dormir siesta, bajo la vieja parra de la casa, eso sí, en un sillón. Nos explicó que uno de los secretos de su buena salud era el de dormir sentado.
Y ahora escribo sobre una visita a De Rokha en su casa de calle Valladolid. Me entregó su poema “La hoja caída”, el último que apareció en su vida, para una revista universitaria. Mientras me incitaba a seguir comiendo prietas y a tomar vino áspero de Cauquenes, Maule, él tomaba agua mineral y probaba apenas un caldo de verduras. Estaba herido de muerte. Y recordé uno de sus versos: “retorne solo a la provincia despavorida y funeral / cómase un caldillo de papas, que es lo más triste que existe”. Poco tiempo después recurría, como Joaquín Edwards Bello, al último remedio: un tiro de Smith & Wesson, tras cumplir, entre otras grandes tareas, la de haberse comido y bebido a Chile entero.
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Era el tiempo de las vacaciones y solíamos caminar con mi padre y mi hermano Iván hasta el puente Cautín y luego cumplir el rito de jugar brisca y tomar unas cervezas en el Club Conservador o donde el Pavo Arévalo.
Ahora bien, en medio del paseo siento un brusco rechinar de frenos e inesperadamente surge de un auto Pablo de Rokha, diciéndome: "Amigo Teillier, vengo desde Los Ángeles con unas ganas horribles de comerme unas patitas de vaca". Hechas las presentaciones del caso, mi padre me llamó aparte: "donde doña Margarita llegaron patitas, pero no creo que sea un lugar para llevar a un poeta”. “Para él no hay otro mejor –respondí–. Ya verás”. Y partimos.
Doña Margarita era dueña de una frutería en Cuyanquén, barrio de la bronca lautarina, al lado de la línea férrea y era famosa por su buena mano. Mientras sus hijos vendían frutas y verduras, ella atendía en la trastienda a los gourmands del pueblo, desde el gobernador al alcalde y al sargento de Carabineros encargado de controlar el expendio clandestino de comidas y bebidas.
Doña Margarita siempre nos acogía con una gentileza que se acrecentó cuando le informamos que estaba en presencia de una de las glorias de las letras chilenas y de su yerno, gran pintor argentino. No sólo nos ofreció patitas, sino también pancoras y –en secreto– un salmón recién pescado (estábamos en época de veda), y chicha fuerte de manzana de don Nicolás Van de Moler, la mejor de la región.
“Se ve en el horizonte”, exclamó con su mejor vozarrón don Pablo, y pidió, a modo de aperitivo, una damajuana de chicha junto a una pichanga “para preparar el ingreso a conversar”. La pichanga (a la cual llamaba también “causeo criaturero”) contó con su aprobación. Traía toda clase de cecinas de un cerdo “sureño y oceánico” preparado en casa, queso de cabra, aceitunas de Azapa, cebollas escabechadas en vinagre y ají cacho de cabra. La dueña de casa nos sirvió una fuente para seis personas, pero don Pablo, con su servilleta anudada al cuello a la manera de los viejos demócratas, se expropió para él solo la fuente. Doña Margarita, sin decir palabra, nos trajo la misma cantidad a cada uno. En la tácita competencia me di por vencido tras comer enormes cantidades de pancoras, sin poder llegar hasta el salmón al horno. Todo esto era acompañado por un pipeño que corría “más ligero que un alguacil”, al decir del Arcipreste. Recuerdo que el poeta lautarino Gabriel Barra recitó unos versos del tabernario Serguei Esenín con gran alegría de don Pablo que, asimismo, acompañó con tamboreo y huifa unas cuecas chilota cantadas por el profesor Mancilla, bailadas por doña Margarita con el notario del pueblo León Ocqueteaux, hasta que el paso del tren de las cuatro nos indicó que era hora de terminar la reunión…
En la mañana siguiente acompañé a don Pablo a vender su libro Idioma del mundo por la localidad. Lo vi practicar el trueque. Por un volumen autografiado recibía un quintal de harina, un saco de papas o enormes ristras de ajo que embarcaba a la capital, a su familia.
El poeta estaba invitado a almorzar a casa de mis padres. Ante el espanto de mi madre, decreté que debía haber un almuerzo de acuerdo a los cánones rokhianos. El aperitivo consistió en una chupilca con harina tostada recién hecha, la cual el vate acompañó –por cuenta propia– con dos cebollas crudas de nuestra huerta que devoró como pomelos. Vino después un plato de pancutras fiambres preparadas la noche anterior (“componedoras de cuerpo”) y un ganso con ajo y arvejitas nuevas. De postre, una tajada de sandía para cada comensal, y una entera para don Pablo. La comida había sido preparada en la cocina económica, y con fragante leña de ulmo, lo que contó con la entusiasta aprobación del poeta.
Luego, pidió permiso para dormir siesta, bajo la vieja parra de la casa, eso sí, en un sillón. Nos explicó que uno de los secretos de su buena salud era el de dormir sentado.
Y ahora escribo sobre una visita a De Rokha en su casa de calle Valladolid. Me entregó su poema “La hoja caída”, el último que apareció en su vida, para una revista universitaria. Mientras me incitaba a seguir comiendo prietas y a tomar vino áspero de Cauquenes, Maule, él tomaba agua mineral y probaba apenas un caldo de verduras. Estaba herido de muerte. Y recordé uno de sus versos: “retorne solo a la provincia despavorida y funeral / cómase un caldillo de papas, que es lo más triste que existe”. Poco tiempo después recurría, como Joaquín Edwards Bello, al último remedio: un tiro de Smith & Wesson, tras cumplir, entre otras grandes tareas, la de haberse comido y bebido a Chile entero.
martes, abril 23, 2013
APUNTES EN EL DÍA DEL LIBRO
Publicado en el semanario "Tiempo 21"
Hoy martes 23 se celebra el Día Internacional del Libro y el Derecho de Autor y acá en Ciudad Sur, ha habido una serie de actividades, ante todo lecturas públicas. Pero también se retrucó en el día de ayer el bombardeo de poemas, en este caso de Teillier, lo que sin ser nefasto –a estas alturas del vértigo, no es dable satanizar así sin más la asociación entre cultura y espectáculo– constituye una aspirina que no apunta al mal de fondo: La escasa o nula existencia de audiencias lectoras, “de interés por la sangre ajena” (Nietzsche), lo que sumado al retroceso lector, producto de la mutación del paradigma del conocimiento desde lo escrito a lo audiovisual, nos ha casi convertido en una sociedad de neo-analfabetos. ¿Y será necesario repetir lo inconveniente que es aquello?
Y un dato de la causa es que, además de los académicos y críticos profesionales, la mayor parte de quienes aún son capaces de acometer un libro (me refiero a textos literarios), son casi todos escritores o aspirantes a escritores. Ello en sí no es malo, pero nos empobrece como sociedad, y deja la sensación de que el tema literario es –como la numismática o el bridge– un asunto para especialistas. Además, tiende a confundir el arte –una operación que en el fondo apela a lo sublime– con el derecho universal a la libre expresión.
Hace unos días, un amigo me decía que todo escritor de poesía era un poeta y que el ejercicio literario es en sí mismo un acto de humanización. Estoy de acuerdo con lo segundo, mas no con lo primero: no cualquier texto es poesía y un sentimiento profundo no asegura un buen poema o texto literario. No seré yo quien fustigue a los escritores con escasas aptitudes, pues no tengo el cinismo de tantos creadores de la élite “que se creen santos, profetas o poderosos” (Teillier), o el aristocrático y torpe desdén de quienes ven en la literatura a una cofradía de espaldas a la realidad; pero esa idea algo gratuita del poeta como ser alado, gentil y luminoso y casi víctima de un mundo deshumanizado, hay que mutarla a pasos de gigante. Es una idea etérea (o romántica en el mejor de los casos) y hasta victimizante, pues nos sitúa a tiro de cañón, tanto de quienes desearían privatizar el universo y dejarnos afuera, como de aquellos que, en el mejor de los casos, nos ven como actores de un guión preestablecido.
La idea platónica de que lo bueno, lo bello y lo verdadero, son una y la misma cosa, ha mucho tiempo que no se sustenta en el arte. Y reiterarla –sobre todo en la poesía, que es un arte en crisis, que al decir de Zurita en entrevista reciente, ha caído en el facilismo, el divorcio con los lectores y la proliferación de folletines– parece un acto de negligencia, de ignorancia o de cinismo calculado, tan propio del lenguaje vacío de la mala acción política. No se trata de apelar al utilitarismo, pero la poesía (y la literatura) debe tener un sentido más allá de sí misma. Quizá en la educación, quizá en la intuición de una belleza que, de manera paradójica y por su misma intimidad, está más allá del espectáculo perenne y las pantallas.
Hoy martes 23 se celebra el Día Internacional del Libro y el Derecho de Autor y acá en Ciudad Sur, ha habido una serie de actividades, ante todo lecturas públicas. Pero también se retrucó en el día de ayer el bombardeo de poemas, en este caso de Teillier, lo que sin ser nefasto –a estas alturas del vértigo, no es dable satanizar así sin más la asociación entre cultura y espectáculo– constituye una aspirina que no apunta al mal de fondo: La escasa o nula existencia de audiencias lectoras, “de interés por la sangre ajena” (Nietzsche), lo que sumado al retroceso lector, producto de la mutación del paradigma del conocimiento desde lo escrito a lo audiovisual, nos ha casi convertido en una sociedad de neo-analfabetos. ¿Y será necesario repetir lo inconveniente que es aquello? Y un dato de la causa es que, además de los académicos y críticos profesionales, la mayor parte de quienes aún son capaces de acometer un libro (me refiero a textos literarios), son casi todos escritores o aspirantes a escritores. Ello en sí no es malo, pero nos empobrece como sociedad, y deja la sensación de que el tema literario es –como la numismática o el bridge– un asunto para especialistas. Además, tiende a confundir el arte –una operación que en el fondo apela a lo sublime– con el derecho universal a la libre expresión.
Hace unos días, un amigo me decía que todo escritor de poesía era un poeta y que el ejercicio literario es en sí mismo un acto de humanización. Estoy de acuerdo con lo segundo, mas no con lo primero: no cualquier texto es poesía y un sentimiento profundo no asegura un buen poema o texto literario. No seré yo quien fustigue a los escritores con escasas aptitudes, pues no tengo el cinismo de tantos creadores de la élite “que se creen santos, profetas o poderosos” (Teillier), o el aristocrático y torpe desdén de quienes ven en la literatura a una cofradía de espaldas a la realidad; pero esa idea algo gratuita del poeta como ser alado, gentil y luminoso y casi víctima de un mundo deshumanizado, hay que mutarla a pasos de gigante. Es una idea etérea (o romántica en el mejor de los casos) y hasta victimizante, pues nos sitúa a tiro de cañón, tanto de quienes desearían privatizar el universo y dejarnos afuera, como de aquellos que, en el mejor de los casos, nos ven como actores de un guión preestablecido.
La idea platónica de que lo bueno, lo bello y lo verdadero, son una y la misma cosa, ha mucho tiempo que no se sustenta en el arte. Y reiterarla –sobre todo en la poesía, que es un arte en crisis, que al decir de Zurita en entrevista reciente, ha caído en el facilismo, el divorcio con los lectores y la proliferación de folletines– parece un acto de negligencia, de ignorancia o de cinismo calculado, tan propio del lenguaje vacío de la mala acción política. No se trata de apelar al utilitarismo, pero la poesía (y la literatura) debe tener un sentido más allá de sí misma. Quizá en la educación, quizá en la intuición de una belleza que, de manera paradójica y por su misma intimidad, está más allá del espectáculo perenne y las pantallas.
sábado, marzo 23, 2013
¿FUE NERUDA ASESINADO?

Publicado en el semanario “Tiempo 21”
Los restos de Pablo Neruda (1904-1973) –el más manipulado y celebrado de nuestros poetas, uno de los más altos, ante todo en “Canto general”, “Residencia en la tierra” y los “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, y cuya boina y cuya pipa son parte indisociable de la iconografía del pasado siglo– serán exhumados el próximo ocho de abril. Esto después que se acogiera una querella presentada por el Partido Comunista de Chile, a raíz de una denuncia del ex chofer del vate, Manuel Araya, quien en el libro “La doble muerte de Neruda” de Francisco Marín y Mario Casasús, asegura que el Premio Nobel fue envenenado en la Clínica Santa María por sicarios de Augusto Pinochet.
En una larga investigación los autores del libro sostienen, en base a indagaciones médicas preñadas de detalles y contradicciones, que el poeta fue asesinado por querer instaurar desde México, donde había sido invitado a exiliarse, la revolución contra la dictadura militar. Pero es bien sabido que tras el golpe, Neruda, afectado además de un grave cáncer a la próstata, no tenía los bríos para tal. Por eso y por otras razones, la querella huele más a oportunismo que a anhelos justicieros: un oportunismo muy a tono con los actuales tiempos, donde una notica golpeadora y lucrativa como ésta, tiene más prominencia en la agenda noticiosa que el rigor exhaustivo de una denuncia seria.
El ensayista y poeta Bernardo Reyes (1951), sobrino nieto de Neruda y fuente sin duda cercana al entorno del Nobel, me sostiene que durante años ha sido consultado sobre el particular, tanto en Chile como en el extranjero, citado a declarar dos veces por la Policía de Investigaciones y por el mismo magistrado que sigue la causa. Asimismo, asegura que el New York Times, tras entrevistar a todos los involucrados en la telenovela, no publicó la nota por hallarla obesa de contrasentidos. Dice tener la certeza, además, que tras la exhumación no se hallará absolutamente nada y que el chofer Araya –a quien sorprendió en mendacidades admirables– no llevaba más de cinco meses trabajando para Pablo Neruda.
A estas alturas del vértigo, quizá uno de los rasgos más impresentables de nuestro carácter sea la suspicacia, que nos hace pretender ver realidades donde no hay más que fantasmas. Lo que se trasunta, por ejemplo, en el abuso del refrán, “si el río suena es porque piedras trae”… ¿De hacernos cargo del testimonio del chofer Araya, no podríamos perfectamente sospechar de alguien del círculo de hierro del Neruda agonizante, como su hermana Laura o su esposa Matilde Urrutia, por permitir que lo llevaran a una clínica insegura? Parece difícil. Pero a muchos les seduce –o les lucra– tanto la fantasía de un bigotudo Pablo, armado de dos pistolones y organizando la caída de Pinochet desde una cama mexicana, que prefieren falsear la realidad.
jueves, enero 17, 2013
WERKÉN AUCÁN HUILCAMÁN
Publicado en el semanario "Tiempo 21"
El werkén (mensajero) Aucán Huilcamán (1965), líder indiscutido del Consejo de Todas las Tierras, saltó a la palestra a comienzos de los 90 cuando planteó por vez primera y sin hilar muy fino el tema del derecho a la autodeterminación del pueblo mapuche. En aquel entonces, sus modos toscos y lo destemplado de su propuesta, que estaba muy lejos del asistencialismo (la zanahoria y el garrote) por el que al final optaron los gobiernos desde el de Aylwin al actual, con Ley Indígena incluida, resultaban absurdas. Y por ello su estadía en la cárcel fue como un dato de la causa que pocos cuestionaron.
Ahora las cosas han cambiado. Huilcamán fue paciente y tras vencer las reticencias de su propia gente incluso, ha vuelto a ser un líder que suscita no poco consenso. Con recursos de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena y de organismos extranjeros, se dedicó a buscar afuera una solución alternativa, alejada de la absurda y cruenta lucha de gente como Llaitul, para obligar al estado chileno a negociar una salida, por cierto que dentro del marco de tratados internacionales de la ONU que nuestro país ha suscrito. Es por eso que el encuentro del martes 15 en el Cerro Ñielol –donde entre otros líderes acudieron los dos gobernadores de La Araucanía y un vasto número de mapuches– en cierta forma marca un antes y un después. Y si bien las 10 propuestas parecen desmedidas (transitar a un autogobierno ante todo en la región, reconocimiento constitucional pero con autodeterminación, rechazo a la ocupación de las forestales, entre otras), es muy claro que en las negociaciones el tejo se lanza siempre pasado.
Los avances sociales, como el aumento exponencial de profesionales mapuches, la no prohibición del uso de la bandera propia y la conciencia cultural de ser parte de una etnia (¿qué mapuche bautiza hoy a sus hijos con nombres hispanos?, ¿qué chileno sensato sigue pensando en la inferioridad genética de la raza de Lautaro?), nos indican que en un plazo prudencial no es imposible que haya una nación mapuche dentro de un estado chileno, tal como ocurre en Cataluña y en Galicia, por ejemplo. Pero se requiere un enorme trabajo para tal, una tolerancia no menor y también una dosis de coraje… ¿Cuánto y dónde tributan las empresas forestales que destruyen el suelo para siempre?
miércoles, enero 09, 2013
VIOLENCIA EN LA ARAUCANÍA
Publicado en el periódico "Tiempo 21"
El horrible asesinato de una pareja de ancianos agricultores en las cercanías de Vilcún, cuya casa fue incendiada con ellos adentro, provocó un inédito revuelo
en el llamado conflicto mapuche. Problemas de violencia, sólo en los últimos años, ha habido ya muchos. Los mapuches han perdido a cinco de los suyos por excesos policiales en enfrentamientos, Carabineros perdió un efectivo en un incidente confuso, y los parceleros ya habían tenido en 2012 a su primera víctima; y a ello hay que sumar los constantes abusos de la policía en los (¿acaso inevitables?) allanamientos a comunidades, y los innumerables atentados a la propiedad privada perpetrados por encapuchados que dicen defender la causa indígena o la defienden con métodos abyectos.
Pero la muerte del matrimonio Luchsinger- MacKay, por varias razones marca un antes y un después. Nadie (o nadie sensato) duda de lo escandaloso de las homicidios de Catrileo, Lemún y Mendoza Collío, sobre todo porque fueron perpetrados por funcionarios policiales que siguen en servicio activo. Pero las características del reciente asesinato, ejecutado por desconocidos, lo hacen más impactante para la comunidad: dos ancianos que de seguro dormían terminan calcinados en su propio domicilio; se trata, además, de dos personas de clase acomodada y “buenos apellidos”, lo que en un país como Chile es más importante de lo que debiera. Y por último, este hecho reitera la crueldad ilimitada que el ser humano alcanza en ciertas ocasiones.
En los últimos días la Coordinadora Arauco Malleco, el grupo violentista que reivindicó casi todos los pasados atentados a la propiedad privada en la zona, se desligó de este hecho, lo cual es positivo pues da cuenta que a lo menos de palabra este grupo no avala el daño hacia personas para lograr reivindicaciones territoriales. Reivindicaciones que, debido al presente atentado, han sufrido un revés más que serio, pues todos sabemos que una causa justa que ocupa métodos brutales deja en la práctica de ser justa.
El conflicto mapuche-chileno es complejo y tiene demasiadas aristas. Y no es un despropósito afirmar que se arrastra desde las últimas décadas del siglo XIX. En esos años, una editorial de El Mercurio, avalando las acciones de ocupación territorial del gobierno, donde el gesto civilizador se confundió con la abyección y la mentira, decía: “los hombres no nacieron para vivir inútilmente y como los animales selváticos, sin provecho del género humano; y una asociación de bárbaros… como los araucanos no es más que una horda de fieras, que es urgente encadenar o destruir en el interés de la humanidad y en el bien de la civilización”.
jueves, diciembre 13, 2012
POETA ÓSCAR SAAVEDRA: "ESCRIBIR ES MIRAR AL SOL DE FRENTE".
(más de 20 escritores se dieron cita en el Encuentro de Poesía "Teófilo Cid", realizado en Ciudad Sur los días 6 y 7 de diciembre)
Óscar Saavedra Villarroel (Santiago, 1977), que estuvo en el reciente encuentro de poetas “Teófilo Cid” gestionado por Christian Martínez en el Instituto Profesional de Chile, es una de las voces más autorizadas de su generación. A pesar de haber publicado un solo libro –Tecnopacha” (Editorial Zignos, Perú, 2008)–, Saavedra, tanto por su proyecto “Descentralización Poética” como por las decenas de talleres literarios que ha gestado en múltiples niveles, ha atisbado una suerte de revolución literaria sustentada en la democratización de la escritura.
Háblame de tus estudios formales
Estudié en varias escuelas y en el Liceo Manuel Barros Borgoño de Santiago. Pasé por varias carreras, pero finalmente me licencié en Educación. Soy un profesor que siempre ha ejercido una educación alternativa, no acorde con los planes y programas. Todo en la educación formal nos prepara para la sociedad de consumo, con profesores que repiten y repiten y con directores que son auténticos tiranos. Lo primero que hace un niño al conocer sus instituciones, a través de lo que llaman constructivismo, es ir a los supermercados, saber que existen los malls y luego su espacio, su mundo. Todo está disfrazado, apuntaron a destruir la memoria y lo han conseguido. Entonces, no bastan los discursos, que están quebrados; se requieren acciones.
¿Algún posgrado?
La escritura y mis talleres –en estos momentos realizo nueve– son un posgrado superior. Ahí se produce la combustión misma de la creatividad. Estudiar algo que no es mejor que mi biblioteca, la acción o las personas, no tiene sentido. Hay que tener cuidado con las instituciones, muchas veces te quiebran el cielo. Otras veces, te seducen al punto de hacerte desaparecer como persona creativa.
¿Cómo definirías tu poesía?
Es una poesía que muchas veces se borra para salir a caminar por las calles y los acontecimientos, como narrando a través de una “ficcio-realidad” o dialogando con la crónica; un escritor debe escribir su tiempo. Algunos de mis temas: la transculturización, el sistema, el capitalismo, los talentos quebrados de las poblaciones, el quiebre del lenguaje (al chileno lo defino como un lenguaje con pasamontañas). He dejado que niños y jóvenes intervengan mi poesía, para salirme del individualismo que a algunos empresarios de la palabra parece haber ahogado ¿Para qué más supermercados del lenguaje, si hay lenguajes fresquitos en casi todas las esquinas?
¿Cuál es la verdadera función que tiene la literatura, además del goce estético y de la posibilidad de difundir conocimiento?
Escribir su historia, no dejar que la memoria se venda. Ahí debiera estar la escritura, dando la batalla, como un poema lleno de fotos indelebles. El lenguaje es política en sí mismo, es cosa de ver cómo lo mal emplea el utilitarismo. Una de las cosas que ha hecho este sistema, de manera casi inteligente, es quitarnos la lucidez y llevarnos a un individualismo que ha sometido al escritor a creerse la punta de tope de un iceberg que se desmorona. Estrategias del neoliberalismo que uno debe descubrir y combatir. Creo en el escritor como un actor social. Escribir es leer y leer es escribir. La escritura nace de la valentía, de mirar al sol de frente.
¿Qué experiencias –y a qué niveles– has tenido en la enseñanza de la poesía?
He compartido poesía a través de talleres en muchos lugares de Santiago y también de regiones y a todas las edades. Es impresionante lo que te puede entregar un taller literario. Los niños me tienen todo el rato pensando, debo tener respuestas para todo, en cualquier momento debo cumplir con lo que digo y ser creativo; o si no, viene el desplome. ¿Qué es mejor, estar ahí con ellos o haciendo una carrera literaria en donde la competencia y la velocidad te hacen desaparecer? Opto por lo primero, son muchos soles, muchas tormentas mentales, mucha vida por delante. Estoy haciendo un libro para la enseñanza de la poesía y, junto a dos destacados poetas, planificamos las “Escuelas de la Poesía”, un proyecto mayor. Algunos dicen: la poesía no se enseña. Yo creo que sí, que se puede enseñar
¿Qué me puedes decir de “Descentralización poética”?
Llevamos varios años generando movilidad literaria con encuentros en casi todo Chile y otros países, en universidades, colegios, poblaciones, centros culturales, ocupando casi todos los espacios geográficos e interviniendo la ciudad. Nuestra idea es volver a encantar a las personas con un patrimonio espiritual que les pertenece y que el sistema –las academias y el sentido elitista de la literatura– les ha enajenado. El 2013 haremos un “Descentralización” en muchos lugares a la vez, invitando a poetas latinoamericanos que a su vez darán talleres en poblaciones. Daremos un golpe a la institucionalidad, diremos que la poesía está viva y las personas le han dado respiración a la palabra.
Óscar Saavedra Villarroel (Santiago, 1977), que estuvo en el reciente encuentro de poetas “Teófilo Cid” gestionado por Christian Martínez en el Instituto Profesional de Chile, es una de las voces más autorizadas de su generación. A pesar de haber publicado un solo libro –Tecnopacha” (Editorial Zignos, Perú, 2008)–, Saavedra, tanto por su proyecto “Descentralización Poética” como por las decenas de talleres literarios que ha gestado en múltiples niveles, ha atisbado una suerte de revolución literaria sustentada en la democratización de la escritura.
Háblame de tus estudios formales
Estudié en varias escuelas y en el Liceo Manuel Barros Borgoño de Santiago. Pasé por varias carreras, pero finalmente me licencié en Educación. Soy un profesor que siempre ha ejercido una educación alternativa, no acorde con los planes y programas. Todo en la educación formal nos prepara para la sociedad de consumo, con profesores que repiten y repiten y con directores que son auténticos tiranos. Lo primero que hace un niño al conocer sus instituciones, a través de lo que llaman constructivismo, es ir a los supermercados, saber que existen los malls y luego su espacio, su mundo. Todo está disfrazado, apuntaron a destruir la memoria y lo han conseguido. Entonces, no bastan los discursos, que están quebrados; se requieren acciones.
¿Algún posgrado?
La escritura y mis talleres –en estos momentos realizo nueve– son un posgrado superior. Ahí se produce la combustión misma de la creatividad. Estudiar algo que no es mejor que mi biblioteca, la acción o las personas, no tiene sentido. Hay que tener cuidado con las instituciones, muchas veces te quiebran el cielo. Otras veces, te seducen al punto de hacerte desaparecer como persona creativa.
¿Cómo definirías tu poesía?
Es una poesía que muchas veces se borra para salir a caminar por las calles y los acontecimientos, como narrando a través de una “ficcio-realidad” o dialogando con la crónica; un escritor debe escribir su tiempo. Algunos de mis temas: la transculturización, el sistema, el capitalismo, los talentos quebrados de las poblaciones, el quiebre del lenguaje (al chileno lo defino como un lenguaje con pasamontañas). He dejado que niños y jóvenes intervengan mi poesía, para salirme del individualismo que a algunos empresarios de la palabra parece haber ahogado ¿Para qué más supermercados del lenguaje, si hay lenguajes fresquitos en casi todas las esquinas?
¿Cuál es la verdadera función que tiene la literatura, además del goce estético y de la posibilidad de difundir conocimiento?
Escribir su historia, no dejar que la memoria se venda. Ahí debiera estar la escritura, dando la batalla, como un poema lleno de fotos indelebles. El lenguaje es política en sí mismo, es cosa de ver cómo lo mal emplea el utilitarismo. Una de las cosas que ha hecho este sistema, de manera casi inteligente, es quitarnos la lucidez y llevarnos a un individualismo que ha sometido al escritor a creerse la punta de tope de un iceberg que se desmorona. Estrategias del neoliberalismo que uno debe descubrir y combatir. Creo en el escritor como un actor social. Escribir es leer y leer es escribir. La escritura nace de la valentía, de mirar al sol de frente.
¿Qué experiencias –y a qué niveles– has tenido en la enseñanza de la poesía?
He compartido poesía a través de talleres en muchos lugares de Santiago y también de regiones y a todas las edades. Es impresionante lo que te puede entregar un taller literario. Los niños me tienen todo el rato pensando, debo tener respuestas para todo, en cualquier momento debo cumplir con lo que digo y ser creativo; o si no, viene el desplome. ¿Qué es mejor, estar ahí con ellos o haciendo una carrera literaria en donde la competencia y la velocidad te hacen desaparecer? Opto por lo primero, son muchos soles, muchas tormentas mentales, mucha vida por delante. Estoy haciendo un libro para la enseñanza de la poesía y, junto a dos destacados poetas, planificamos las “Escuelas de la Poesía”, un proyecto mayor. Algunos dicen: la poesía no se enseña. Yo creo que sí, que se puede enseñar
¿Qué me puedes decir de “Descentralización poética”?
Llevamos varios años generando movilidad literaria con encuentros en casi todo Chile y otros países, en universidades, colegios, poblaciones, centros culturales, ocupando casi todos los espacios geográficos e interviniendo la ciudad. Nuestra idea es volver a encantar a las personas con un patrimonio espiritual que les pertenece y que el sistema –las academias y el sentido elitista de la literatura– les ha enajenado. El 2013 haremos un “Descentralización” en muchos lugares a la vez, invitando a poetas latinoamericanos que a su vez darán talleres en poblaciones. Daremos un golpe a la institucionalidad, diremos que la poesía está viva y las personas le han dado respiración a la palabra.
miércoles, diciembre 05, 2012
VIGENCIA DE PABLO DE ROKHA
Publicado en el periódico "Tiempo 21"
Conversando hace unos días con el académico y poeta Naín Nómez, en la octava versión del encuentro “Molina-Poesía”, el experto en De Rokha decía que éste era un poeta en movimiento, y que sus contradicciones (“donde converge el copihue horriblemente tenaz”… “la batalla por la vida va perdida de antemano, pero lo heroico es ganarla”… “como un fabricante de enfermedades que se hiciese vendedor de rosas”) habían dificultado su fijación en un contexto moderno, donde los metarrelatos aspiraban a ser inequívocos. Es por eso que el Partido Comunista de Chile prefirió como cantor de masas a Neruda y borró del mapa al autor de “Los gemidos”, a pesar de la lealtad de éste, porque necesitaba a un poeta como aquél, que exaltara la alegría así sin más: alguien más cercano al arquetipo platónico de que “lo bueno, lo bello y lo verdadero” son lo mismo.
Pero la realidad está preñada de retornos y fluye como un río. En los actuales tiempos, Pablo Neruda –que en el mundo es muy famoso y que en el burdo Chile es ante todo respetado por sus casas– es muy poco visitado por las actuales generaciones de poetas nacionales, y salvo excepciones su influencia es escasa en la poesía de autores recientes, lo cual dista de ser definitivo (es la idea). En cambio De Rokha, junto a Enrique Lihn, es el poeta más querido y respetado y mítico, quizá por su desborde existencial, y porque su discurrir paradójico y total lo hizo estar más allá del bien y del mal y de la tentación de convertirse en sacerdote (o pontífice) de una causa con verdades inmutables, donde puede que haya risa pero nunca carcajada.
Más adelante, me refería Nómez que anhelaba escribir una novela centrada en De Rokha, a quien virtualmente resucitó, pero que temía no estar a la altura. Difícil. Nómez conoce demasiado de la vida y de la obra del maulino, y su pluma de ensayista y de poeta es a ratos notable. Al parecer, el caso De Rokha –el patriarca mesiánico, el padre violento, el vanguardista utópico, el incansable y desdeñado militante, el barroco maldecidor, el macho anciano, el amigo piedra, el torrencial huaso metafísico de Licantén, y el personaje más cinematográfico del arte nacional– seguirá en el tribunal de la belleza y de la realidad. Y en Temuco se hará pronto un homenaje.
viernes, agosto 10, 2012
ALGUNOS APUNTES SOBRE "CIUDAD SUR"
Por Renzo Vaccaro Meza. 10 de agosto de 2012, Campus Menchara Lira de la UCT
“Ciudad Sur” –el segundo libro del escritor y periodista Luis Marín– es una novela cuyo formato de bolsillo resulta algo engañoso. Engañoso, pues contiene nada menos que 17 relatos imbricados, cronológicamente ordenados, aunados a un prólogo y 70 notas al pie, que aluden a una ciudad que bien pudiera ser Temuco, y que denota un complejo circuito de relaciones humanas que se ramifican en los extramuros del aparataje cultural.
Es éste un circuito poblado de oscuros personajes –como el depravado emprendedor que fundó una universidad– que movidos por los antivalores del egoísmo, la corrupción y la ambición ilimitada, constituyen una estética del desacato, donde el narrador, ya en primera o tercera persona, Antonio Roquentin se sitúa como un francotirador, cuyas municiones descarga a mansalva.
Esta serie de relatos que funden ficción y realidad, ilustran un ámbito de acción –el de la gestión cultural en todo su dilatado espectro– heterogéneo, carente de filtros profesionales y de normativas. Un ámbito de acción expuesto como una especie de jungla amazónica, con estética de reality o western televisado en horario prime, donde la especie humana se caricaturiza y se la expone como bestia hambrienta y desequilibrada.
Por ejemplo, en las notas al pie reseñadas, más que aclarar los contextos biográficos de los sindicados, lo que el autor hace es confirmar y robustecer con mayores elementos, devotos del más acucioso periodismo, sus poco elegantes estilos. En efecto, en estos singulares dispositivos el autor aplica el desmontaje ético de los productores de arte y cultura, desplazándolos desde el Olimpo al escarnio del lector, como un cuadro hiperrealista, descriptivo y frío, o un drama teatral que alude al caos y a la desesperanza. Y en ese sentido, “Ciudad Sur” es un guiño a la desesperanza, a la falta de proyección social, y la ciudad que recrea es un espacio desahuciado.
Pero por otra parte, los 17 relatos de este libro están antecedidos por epígrafes extraídos de los siete Libros Sapienciales de La Biblia católica –tales como Proverbios 4, 17; Job 12, 6; Eclesiastés 4, 10; o Proverbios 7, 18…– que, como sabemos, forman parte de ese “libro de los libros”, de ese texto que es acaso el más significativo de la cultura occidental. Y ello hace aflorar al narrador como una suerte de Giacomo Savonarola que denuncia la patología social, pero que en este caso no ofrece descanso en el arrepentimiento final. Emerge, entonces, una fallida redención, donde Cristo, paradigma del supliciado que perece en el silencio, se transfigura en Antonio Roquentin, nacido el 11 de marzo de 1977.
¿Quién es Antonio Roquentin, el narrador de estos textos que a ratos asemejan novelas condensadas? Roquentin, el co-protagonista –que agazapado acusa y después huye a limpiar excusados a Bélgica– baila sobre su propia tumba, al develar y amplificar hasta el hastío y la parodia el “carnaval de esperpentos culturales” –como sale en la contraportada– que circundan estas páginas que él mismo ha compendiado. Y como parodia de las pretensiones de los artistas de embellecer la realidad, opera en “Ciudad Sur” una siniestra maquinaria de deslegitimización en 360 grados, cuyo alcance destructivo salpica al mismo narrador o antologador de los 17 relatos del libro.
Aquí no hay héroes, ni tampoco redimidos. Roquentin nos indica que validar es ejercer poder, y esa autoridad no es más que un ejercicio performativo. Es la onda expansiva de este texto la que lo arroja a la vereda opuesta del poder. Es su propia visión la que –junto con hacerlo imprescindible– lo ha desnudado y desarmado frente a los otros lectores.
En todo caso, parece que el autor no nos quiere encandilar acá con ninguna sorpresa, y son sus propios colegas del arte y la cultura –reconocibles como seres de carne y hueso– quienes a través de sus imposturas estéticas y políticas, han servido de precursores de las febriles historietas de “Ciudad Sur”.
Sabido es que los mundos del arte nacional operan muchas veces bajo paradigmas impostados de éxitos foráneos, que en realidad tampoco allí son tan exitosos como acá nos lo parece, y están más bien lejos del catálogo de papel couché y de la ilusión de la industria cultural. Por eso y lo anterior, podemos decir que opera en “Ciudad Sur” un ultraje al oficio del artista, el desmontaje de una ética pespuntada por el amiguismo y el chaqueteo encubierto. Por eso, no puedo dejar de recordar a la pintora Celia Leyton –una de las precursoras del arte moderno en La Araucanía–, que en algunos pasajes de su libro autobiográfico “Rupanzungu”, daba cuenta, por allá por los años 40, de las dificultades que le ofreció la institucionalidad del arte regional para sacar adelante su oficio, en una Ciudad Sur dominada por el patriarcado y el academicismo importado.
Quizá en la prosa artera de este libro se nos señale una mirada que, a fin de cuentas, resulta necesaria. Una mirada que nos logre situar en el otro extremo del exitismo del del arte y la cultura nacional.
Alguna vez, el poeta Antonin Artaud nos dijo que alimentando nuestra actitud de absurdo y de muerte afinamos nuestra receptividad. Y al parecer, el exitismo y la autocomplacencia, la absoluta falta de autocrítica, nos indican, según lo reseñado, una realidad que ya no parece viable. Y que se hace imperioso refrescar.
miércoles, julio 18, 2012
BOLAÑO Y SU DESTINO EJEMPLAR
Publicado en el semanario "Tiempo 21"
El domingo 15 de julio se cumplieron nueve años de la partida de Roberto Bolaño Ávalos (1953-2003), de ese día aún no memorable (porque apenas intuíamos al maestro) en que el autor de “Nocturno de Chile” moría a la espera de un trasplante hepático en un hospital barcelonés. Mientras espero el homenaje temuquense a Juan Pablo Ampuero, que se murió hace una década, pondero que el futuro 2013, cuando ocurra lo mismo con Bolaño, los homenajes a éste se multiplicarán: libros, concursos, seminarios y tardíos lisonjeos habrán de erigirse en su memoria, incluso propiciados por decanos, académicos, políticos y otros agentes del determinismo, no pocas veces “caracterizados por su fuerza bruta y su cobardía sin fin”, como decía el escritor, y a quienes no obstante fue capaz de iluminar.
El destino del cosmopolita Bolaño, que escribió una veintena de libros, varios de los cuales fueron armados tras su muerte, es singularmente ejemplar. Luchó desde los márgenes y desde el exilio –se fue de Chile tras el golpe y de México luego del fracaso amoroso y literario, y vivió durante años de concursos literarios y mínimos empleos en España– para recién después de los 40 instalarse en la prestigiosa editorial Anagrama, donde publicó sus grandes obras. Entre ellas destacan “Los detectives salvajes”, una fascinante novela de formación que vio la luz en el 98, y “2666”, un edificio de 1.200 páginas y cinco historias que desembocan en una ciudad mexicana desangrada por los homicidios a mujeres, y que estaba corrigiendo cuando a los 50 lo encontró la muerte con la cabeza reclinada en el ordenador.
El díscolo Bolaño –que también publicó poesía y artículos de prensa y en su juventud participó del movimiento vanguardista del Infrarrealismo–, entendió que la creatividad y la cortesía van casi siempre por carriles separados. Y entendió que la literatura es una empresa algo esotérica que a pesar de su prestigio –según Barthes es el discurso que se sitúa sobre todos los otros– es una batalla que va perdida de antemano… pero que es necesario ganar.
viernes, junio 01, 2012
¿LA MUERTE DEL LIBRO?
La mutación de la lectura clásica en papel (textual) a la electrónica (hipertextual), junto a los nuevos recursos tecnológicos –como imagen y sonido– que la complementan, han cambiado el modelo de cómo la lectura se entendía. Y si bien ello la hace más diversa y accesible (¿más democrática o acaso más entretenida?), hace menos maduro el acto de leer, más acelerado y más utilitario. Y esta forma de leer, vertiginosa y simultánea, debido a su carencia de rigor estético, de alguna manera atenta contra la reflexión y el pensamiento puro. (Quizá sobre eso nos advertía Nietzsche cuando en la primera parte de su Zaratustra decía que un siglo más de lectores haría que el espíritu empezara a heder).
¿Y qué nos queda si a lo anterior le sumamos el tema quizá archimanido mas no por ello inexistente de la banalización de la cultura? Pero como mi intención es suscitar la reflexión y no pontificar sobre el Apocalipsis, en vez de denostar las nuevas formas de lectura, que en realidad suscribo aunque sin veneración, diré por qué me parece que el libro de papel no va a morir jamás, para la tranquilidad de quienes prefieren la lectura tradicional.
El libro de papel se palpa y se huele y se acaricia y nos lleva a los confines de la imaginación, para nada limitados por imágenes visuales o sonidos perpetrados por un yo ajeno a nosotros. La lectura de libros de papel es un acto íntimo y a su modo secreto, una conversación con el autor y sus determinismos (¡y nada de tener la opción de cambiar el final de la historia!), pero también con nosotros mismos, con nuestro pasado y con nuestro futuro, a pesar de ser un acto presencial que sigue una secuencia –no necesariamente cronológica– que actúa como principio ordenador. Y si bien hay ciertos textos que pueden y deben leerse de forma azarosa, el acto clásico de leer sigue apelando a cierto ordenamiento racional o aristotélico, digamos, que no se casa con lo simultáneo y que a pesar de haber perdido una fracción de su anterior prestigio no ha perdido validez.
Hace unos diez años, cuando internet empezó a masificarse y se empezaba a hablar de libros electrónicos, algunos aducían que ello era inviable, que los tablets (ahora los llamamos de esa forma) impedían las anotaciones al borde de página o volver sobre la marcha (¿?), agotaban la vista y era peligroso dormirnos con ellos, impedían subrayar un texto, leer bajo la lluvia o dejar hojas otoñales en sus páginas. Tales razones nos parecen ahora infantiles, y en realidad apelan a la necesidad que tenemos del objeto materializado. Un tablet podrá traducirnos el texto a todas las lenguas del orbe, mostrarnos cinco mil tipografías diferentes, leernos en voz alta o anexarnos diccionarios, biografías, planisferios –inmutables o mutables– o gramáticas surtidas; podrá facilitarnos el almacenamiento y la distribución a niveles increíbles, pero no se compara a un anaquel golosamente apertrechado de animales prodigiosos.
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