miércoles, abril 23, 2008

DíA INTERNACIONAL DEL LIBRO EN CIUDAD SUR


“A quienes se pierden a si mismos todo les abandona”, dice un verso de uno de los mejores poemas de Rainer María Rilke , y aquella experiencia universal de desamparo, quizá consubstancial a todos los animales del bosque en algún momento de sus menguadas existencias, me viene asolando como desde el pasado, como desde el futuro, en las últimas semanas...

Hoy se conmemoró una vez más el DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO Y DEL DERECHO DE AUTOR, a cuya versión temuquense asistí en el ITINERARIUM MENTIS AD VERITATEM, en el jardín de Bello matinal con avellanos. Un toque de surrealismo (o de irrealidad), con Shakespeare, Garcilaso de la Vega (¿para qué lo nombran los burócratas de la cultura si ni siquiera conocen el nombre de UNO SOLO de sus libros?) y aquel célebre español que no debió su manquedad a una pendencia de taberna, “sino a la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros” (Quixote, prólogo a la segunda parte). Los 2 más ilustres conmemorados, el hispano y el inglés, “que con sus personas dan realce a este magno evento”, lo son en la fecha de sus muertes, lo cual no deja de ser un indicio: ¿de que la forma de ENTENDER LA LECTURA debe replantearse?

Pues bien, durante la mañana de hoy miércoles (la fecha del blog dice jueves) me encontré con Rodolfo Hlousek Astudillo y Ernesto González Barnert, que presentaban sus respectivos poemarios –"PERSISTENCIA DEL ALBA” e "HIGIENE"- en Ciudad Sur. Pero no fue en la mañana que estos señores leyeron sus poemas, sino en la tarde. En la mañana el plato fuerte fue un lechuguino de cuidado: el bachiller Sansón Carrasco, aquel infatuado varón que proclamándose letrado e ilustrado y progresista y guardián de las buenas costumbres, terminó con el sueño del Quijote de la Mancha.

Carrasco, que venía del fuerte de la UACH de Valdivia, apertrechado en sus jinetas de caballero de la civilización, expuso en algo más de dos horas de ironía petulante, una retahíla de lugares comunes, algunos embustes y limosnas conceptuales (“los escritores siempre repiten los mismos temas y jamás harán nada nuevo”… “hay cada vez más escritores y menos lectores y no sé a donde vamos a llegar con la subliteratura que atenta contra la santidad del mundo”, “a menudo la vida nos impide vivir plenamente, ay”), con las cuales dio curso a su acre escepticismo. Y como decía mi abuelita: todo joven que en su juventud nunca se rebeló contra nada, termina siendo un resentido de cuidado” o un VCDSM, podría agregar yo. Tengo grabada su conferencia, pero no me interesa de momento hacer una rigurosa pormenorización de la misma y de sus múltiples inconsistencias (también tuvo algunos aciertos), pues el hombre me puede enviar a sus sicarios y desmedrar aún más mi delicada situación en la Universidad. Para terminar con él, debo decir que, al momento de recibir el galardón que la Universidad le dio, sostuvo que “hay que fingir, jeje” (¿qué habrá querido decir?). Luego, el café, algunos saludos más felices que otros, un cigarro de campo con algunos compañeros de Rodolfo y la espera del evento de la tarde.
EN LA TARDE
En la tarde se hizo un evento-intervención (bastante interesante pero no demasiado) en calle Prat, casi en frente de la Dirección de Extensión Contínua, que empezó con parvulitos (hablo literalmente) oyendo a Rodolfo Hlousek, Guido Eytel (en una foto reciente) y Ernesto González (Elicura Llanquilef una vez más no se presentó) contar historias sobre “un caballero muy flaco que tenía un escudero, ¿alguien sabe lo que es un escudero?”, e instándolos después, ante la nula atención de los peques, a decir poemas y refranes. Al poco andar el asunto se hizo insostenible, porque era un desafío tan ambicioso que más bien parecía un sabotaje: yo no digo que lo fuera, y sostengo que con niños de 8 o 9 quizá la cosa hábría bellamente funcionado.

Luego del desliz, Eytel leyó un único poema: “CUANDO EN EL SUR FLORECÍAN LOS CEREZOS”, que nos habla del secuestro de su primo Marcelo Salinas Eytel, acaecido en la primavera de 1973, y que tiene a lo menos dos versos excelentes: “Se vuelven otra vez los perros horizonte / y no hay agua para lavar la injusticia". Lo interesante de su lectura es que esta vez la realidad superó a la ficción, pero para bien: pues ha pocos días se dictó condena contra los autores del secuestro del entonces joven Marcelo (“La última vez usaba sandalias / y una chaqueta verde / del color del pasto / que brota a principios de noviembre”). Y Guido, en un gesto que desmiente los delirios de algunos paniaguados del Olvido que confunden la Justicia con la Venganza, dijo que en ese momento sus sensaciones y las de la familia eran muchas, tal vez de tranquilidad, tal vez de reposo, o de fe en el progreso de un ideal de Justicia que ampare a todas las personas sin importar su condición… pero no precisamente de Alegría.

Más adelante, minutos después de saludar al poeta César Abuelo (que vive momentos felices) y al publicista Gerardo Quijano Asediados (que también fue muy cordial), se abatieron sobre mí las tinieblas y seguí inercialmente en ese sitio. Y lo hice solamente para oír a los poetas Ernesto "Barnie" González (un dinosaurio que vive en nuestra mente y que ha mejorado mucho su lectura) y Rodolfo Hlousek (que parece hallarse como pez en el agua en su presente incursión universitaria y que cada día se las arregla para reinventar su adolescencia perpetuada y convertirla en buenos versos). Se divirtieron mucho y también al respetable. Pero, en ese momento... tomé mi sombra y me fui.

lunes, abril 21, 2008

Apuntes sobre "LOS MISERABLES" de Víctor Hugo


Dentro de seis días son las elecciones internas del Partido Socialista de Chile, que elige candidatos a la dirección nacional, al comité central y a la dirección regional, así como también a los respectivos comunales . Cuatro votos, un enredo de cuidado, y posiblemente una ferocidad (cualquier tipo de organización desmedida me parece una ferocidad... y ello quien mejor lo ha planteado en estos tiempos es John Ralstom Saul en su notable ensayo "Los bastardos de Voltaire"). Pero también un acto necesario, pues soy militante de esa colectividad, cuyos únicos escritores que conozco son el locutor de boites Hernan Rivera Letelier y la torpe Marcela Serrano (su éxito está asegurado), cuyas obras dejan mucho que desear, pues están determinadas por el abuso del chiste fácil, del más irritante lugar común y casi carecen de poesía, de metáforas y tropos que bien utilizados enriquecen cualquier prosa hasta niveles memorables. Por ello es importante que Claudio Maldonado -que también es militante socialista- se ponga las pilas y escriba más de dos horas al semestre.
Durante este par de semanas no he escrito nada significativo, pero al menos leí dos novelas ponderables: LOS HERMANOS KARAMAZOV (Dostoievski) y LOS MISERABLES (Víctor Hugo), 1500 páginas en total y construidas con idéntica fuerza y afán de redención. Para concluir este posteo, diré algunas palabras de LOS MISERABLES, una de esas novelas que puedes leer y releer sin sentir que botas el tiempo a la basura, y que fue escrita por un escritor inmensamente exitoso y superventas, pero que a diferencia de los antes reseñados no padecía de oligofrenia.
MONSEÑOR BIENVENIDO
Es octubre de 1815 y el caritativo sacerdote Carlos Miryel, conocido como el obispo Bienvenido, vive en una humilde casa con su hermana y una criada, pues ha renunciado a vivir en el Palacio Episcopal cediéndolo como hospital. De pronto se presenta en su casa un hombre sucio y haraposo, que tras ser expulsado de dos posadas se presenta sin ambages: Jean Valjean, ex presidiario que desfallece de hambre y de cansancio tras una caminata de 12 leguas (una legua equivale a 5572.7 m.), y que solicita un lugar donde dormir y comer a cambio de dinero. Valjean, un modesto podador detenido cuando no llegaba a la treintena, pasó 19 años en la cárcel al agravársele una condena de cinco a causa de sus cuatro intentos de fuga. ¿La razón de su encierro? : el robo de un pan y el rompimiento del vidrio de una panadería, lo que hizo para alimentar a su hermana y a sus siete sobrinos.
JEAN VALJEAN, DE PRESIDIARIO A ALCALDE
Tras padecer esa ferocidad, Valjean -que decide aprender a leer y educarse azuzado por el odio vengativo- condena a la sociedad… y condena a la Providencia por permitir las iniquidades de la misma. Hasta que conoce al obispo Bienvenido. Éste, al verlo en la entrada de su casa lo llama caballero, ordena que le hagan una cama con sábanas limpias, lo invita a su mesa, abre una botella de vino inusitado y dispone que se ponga en su honor el cubierto y los candeleros de plata. Tras la cena acuden a dormir, pero en mitad de la noche el ex presidiario, (que incluso piensa en matar al cura) roba los cubiertos de plata del armario y huye por la ventana. Pero lo cogen los gendarmes y lo llevan de vuelta a casa del obispo, para ver si acaso es cierto que éste le ha dado los cubiertos. Éste lo reafirma y le pasa además los candeleros, “que habías olvidado”, pero antes de dejarlo ir le dice al oído: “Jean Valjean, hermano mío, vos no pertenecéis al mal, sino al bien. Yo compro vuestra alma; yo la libro de las negras ideas y del espíritu de perdición, y la consagro a Dios”.
Luego de esas palabras y de una pequeña anécdota, Valjean cambia para siempre. Llega al pueblo de M., donde tras salvar a dos niños de un incendio arriesgando su vida (su espacialidad), se libra del trámite del pasaporte (léase, carnet de identidad), por lo cual se hace llamar Señor Magdalena. Y mediante el ingenio de mutar la goma laca por la resina en la fabricación de abalorios, se enriquece en menos de tres años, lo que hace que, en virtud de su inmensa caridad y filantropía, el mismo rey disponga -por dos veces y casi obligándolo- que lo nombren alcalde.
EL POLICÍA JAVERT
El misterioso señor Magdalena, hombre afable, triste, ascético y sin mujer ni mujeres, descomunalmente forzudo, generoso hasta la demencia y curiosamente sin ambiciones de riqueza, se granjeó el respeto general del pueblo (a veces hasta lidiaba en los pleitos). De todo el pueblo, hemos dicho, menos de uno: el inspector Javert, hombre nacido en una prisión e hijo de una mujer que leía el futuro en las cartas y cuyo marido también estaba encarcelado... “Se dice que en toda manada de lobos hay un perro, al que la loba mata, porque si lo deja vivir al crecer devorará a los demás cachorros. Dad un rostro humano a este perro hijo de loba y tendréis el retrato de aquel hombre”. Javert se sentía connaturalmente marginal, y como creía que la sociedad excluye de su seno a dos tipos de hombres, los que la guardan y los que la anhelan destruir, se hizo policía. Y se afanó en ello hasta el fanatismo (“estaba compuesto este hombre de dos sentimientos muy sencillos y relativamente muy buenos, pero que él convertía casi en malos a fuerza de exagerarlos: el respeto a la autoridad y el odio a la rebelión”). Asimismo, por lo raro que le parecía el alcalde Magdalena (“nadie es tan generoso, ningún hombre rico defiende a una prostituta de un ciudadano decente, ningún poderoso es capaz de arriesgar su vida”), se fanatizó con la idea de desemmascararlo. Esa persecución-huída sempiterna es el principal hilo conductor de “Los Miserables”, que tiene en Jean Valjean, su protagonista, que se empeña en salvar a una niña y encauzar su vida, a uno de los más grandes héroes de la historia de la literatura, al menos de la modernidad.

Para concluir, básteme decir que esta novela -de un autor que llegó a creerse un teólogo, un vidente, un develador de los misterios del trasmundo y de los designios más recónditos del ser Supremo y de su Obra- nos hace rozar uno de los atrinutos esenciales de la divinidad.
Hugo (que según Jean Genet "no era más que un loco que se creía Victor Hugo", que solía acostarse con servientas a cambio de sumas miserables, y que en sus sesiones de espiritismo aseguraba comunicarse entre otros con Jesucristo, Mahoma, Lutero, Josué, Shakespeare, Moliere, Dante, Platón Galileo, Isaías y Napoleón) creía que al leer obras relevantes, el ser social profundizaría su comprensión de la naturaleza y de la vida, mejoraría su conducta cívica y hasta su adivinación del arcano infinito, del más allá, del alma trascendente y de Dios. Ahora nadie o casi nadie piensa que la literatura pueda mejorar el actuar de los hombres, pero resulta muy claro que al visitar las páginas de esta vasta construcción, sentimos -sobre todo al leer la portentosa cantidad de mayestáticas y sabias afirmaciones de Hugo (el no dice, "siempre he creído", si no más bien "los hombres siempre han creído")- que rozamos ese atributo divino del que antes hablé: LA OMNISCIENCIA... esa cualidad de conocerlo todo, que un argentino desesperado y lúcido, quizá parafraseando a Nietzsche, le auguró al FUTURO. Veremos.

miércoles, abril 09, 2008

FELICIDAD PERPETUA

Un buen amigo periodista, quizá demasiado televisivo y emocional, pero de gran calidad humana, está muy enfermo. No tiene empleo, ni trabajo y sobrelleva la incomprensión y el hastío familiar. Hace un par de días fui a verlo y estaba aún más débil de lo que siempre ha sido. Pero parecía un titán. Me dijo que asumía cada día como un regalo y que sobrellevaba su enfermedad con estoicismo y alegría. Yo pensé en tanto poeticastro de mierda sumido en dolores de cartón piedra (si si, el sufimiento es un fenómeno complejo, señores, pero a veces he llegado a pensar que los únicos dolores reales son la enfermedad y el hambre), y recordé este poema oscuro que paradojalmente, pese a ser creado “por un poeticastro de mierda”, tiene que ver con mi amigo. Su ejemplo fortalece a cualquiera.



Si alegre de que todos sus amigos y animales
lo dejaran consigo en las afueras del bosque
en las afueras de la risa y de la vid
no los ame ni perdone


vaya al interior de sus muros y enciérrese
sin atavío en la ciudad de polvo negro y sin ciudad
con el hambre, la sed y la risa sin luz
con el miedo y el dolor como promesa sin promesa
como lepra silente y sin harapos


enciérrese junto a la ira sin voz y pida un cáncer
agradezca la falta de mujer, la falta de hombre
el frío obscuro, el fuego negro, el hielo sin pájaro ni luz


agradezca su mensaje en la botella
botado al mar en una botella destapada
y sin mar y sin mensaje.

lunes, marzo 17, 2008

COÑARIPE, VERANO 2007


Desde hace algunos días volví a Ciudad Sur, esta vez de forma más o menos definitiva, y ya me alejé para siempre de Parición, esperando dejar -en ese pueblo ramplón y huasiloco, lleno de tipos amables, sin mundo y buenos para el aguardiente y el pasto, y de mujeres machistas y dominadas, de culos vigorosos, y apetecibles rostros de mujer caliente no asumida- la fantasmática estela de los héroes y los homicidas venturosos. Lo cierto es que estuve en Coñaripe (balneario ubicado al noreste de la décima región) durante todo el verano y avancé en unos 4 o 5 textos de mi libro de relatos imbricados, que habrá de titularse ARCADIA, y que se sale del bildungsroman para incursionar en el basurero social de Ciudad Sur: la perfidia del falso mapuchismo, el narcotráfico y el lavado de dinero, el tema universitario, ciertos crímenes sospechosamente inexplicables, el colapso de la relación de pareja y el funesto bestiario de los artistas de la zona, son algunos de los temas incursionados en este experimento.

En Coñaripe no estuve bien (eso está lejos de mí por ahora), pero no me faltó comida, ni agua ni un poco de afecto. Extrañamente -por mi cualidad anticonvencional, que apela al desapego gnóstico y a cierta autonomía de los determinismos familiares casi siempre anticreativos- puedo decir que una de mis mayores motivaciones fue mi hija Catalina Francisca (1° de mayo de 2000), que no vive conmigo a quien veo para las vacaciones, pero que constituye una suerte de puerto de salida. Además, hay algo en ella que tiene mi sello indesmentible, y eso sin duda es un detalle, pero ES UN HECHO... que no fomento ni contra el cual me rebelo.

sábado, diciembre 22, 2007

EN CALIFORNIA CON FREDY GU


Hay quienes juzgan que lo que uno escribe en los blogs es -o debiera ser- lo más importante de toda nuestra industria. Aquellos seres, casi siempre poetas y narradores, se indignan cuando una pluma se arroga el derecho de retratar sus nobles personas, esculpidas en los mármoles antiguos de la gloria literaria. Nada más diré de C.A.P, el hacedor de poemas bien dateados que me acaba de enviar un saludo navideño (que no quise leer), donde seguramente ponía las cosas en su sitio diciendo que "para mí lo que haces no es literatura y si te hace feliz hablar de mí lo puedes hacer, aunque bla bla bla bla bla". Vacas. Así de simple. Vacas. Por ahora, no contesto (ni leo) ningún correo que no sea de mi gusto, ni siquiera el de Pelafustanio y su sistema de miserias . Pasemos a la otra habitación, la que interesa en este post.

SÁBADO 22 DIC. A LOS ÁNGELES ¨CON FRANKIE GU

Hoy es el día más largo del año. Acabo de llegar de L. A de Chile, a 60 kilómetros de Parición en bus (que acá en la foto se nos muestra en foto de C.R http://www.nacimientodigital.cl/), bajo el amparo de un sol de puta madre, donde fui con Fredy Gu, un campesino rubio y pecoso que alguna vez fue JDC, antes que lo expulsaran por derramarle un plato de tallarines al ex alcalde Guerrero, a causa de una promesa incomplida del viejo. Fredy Gu, que tiene dos hermanos que trabajan en lo mismo, colecciona celulares y montañas de vértigo y clamor para vivir sin perder la sonrisa del rostro y descansar en esos verdes prados que el Señor nos promete (Salmos 23: 2). Llegamos a la obscena hora de las 4 de la tarde con el sol calcinando y nos bajamos cerca de la botillería JR, que debe ser la mejor de cuantas en Chile existen, y doblamos una cuadra hasta llegar a una población de piso de tierra, a una esquina llena de sujetos más bien mal parecidos, pero de zapatillas caras y fonos con visor, y cuyas existencias no parecían demasiado auspiciosas, pero que tenían esa fortaleza y ese poder sin aspavientos y bastante liberado, tan propio del arrabalero antiguo, indestructible en su territorio y por ende en todo el orbe y en todos los tiempos.

Saludamos al Sacerdote, el Chelo, quien nos invitó a rezar en la calle y luego nos dijo que en media hora nos juntaríamos en su parroquia. Caminamos al menos media hora (36°C. a la sombra) y llegamos a un sitio con árboles , cuyo poyo estaba rodeado de mujeres y sombras y niños pequeños, y una de ellas se veía muy agria y alegaba a pesar de nuestra presencia perfectamente concordada.
El sacerdote llegó algo retrasado y nos llamó a su cabaña personal, que tenía una bella parroquia, donde destacaban el altar con una escultura de la insignia del Colo-Colo, la escultura con la clásica imagen de Jesús el Cristo en la puerta que daba a la cocina y el póster de los dos caminos en una de las paredes. Había artesanía y algunas frases que bendecían el hogar. Luego de darle las ostias a Fredy, el sacerdote le pasó una botella de ron Pampero. Caminamos de vuelta, a punta de helados, hasta llegar a un local empotrado en el barrio Orompello, donde vendían unos completos impresionantes; luego fuimos al Súper y ya no habrá escasez porque el Señor provee en estas fiestas.
DOMINGO 23 DE DICIEMBRE
Se llama Diana, atiende el kiosko y tiene 24 años. Nada más diré, porque nada más hay que decir.
LUNES 24 DE DICIEMBRE. cerca de las 21...
Queda poco para Nochebuena. Espero que no demasiada gente se quite la vida; es muy molesto para los servicios de urgencia y para Carabineros. Acabo de llegar del centro de Parición. Hacía muchísimo frío y estaba vacío, pues, como siempre, toda la gente ya había comprado sus regalos con antelación. Al tomar el colectivo, una evangélica muy fea decía que nunca se reunía con sus parientes, porque no podía tolerar que se bendijera una mesa donde había vino, lo cual le había traído problemas familiares, "pero a mí no me importa porque sólo a Dios hay que temerle y los otros que se jodan". Luego, tras recorrer unas diez cuadras y 5 librerías, pude anillar un documento, y esta vez otra evangélica, muy bella y que tiene un bazar en frente de la neurosis biblioteca de Parición, sólo me dispensó sonrisas de alégría. De todo hay en la viña de Roberto Bolaño (chiste repetido, pero qué diablos). Ojalá disfruten su plato de avena con agua y su ensalada de zanahoria sin aceite.

miércoles, diciembre 19, 2007

APUNTES SOBRE NOCTURNO DE CHILE, DE ROBERTO BOLAÑO:


Por razones técnicas, es la tercera vez que rehago este posteo, y como no me hace gracia el chiste de Emile Ciorán, cuando en "Mortinato de clarividencia" nos habla del revés, diciendo que al eternizarse éste llegamos a amarlo y a necesitarlo, voy de nuevo a la carga :

Escribía sobre NOCTURNO DE CHILE (Edit Anagrama, 2000), la novela de Bolaño protagonizada por el sacerdote del Opus Dei y crítico literario Sebastián Urrutia Lacroix (que en realidad existe), quien arrasado por la fiebre recuerda algunas de sus vivencias capitales: Su amistad, que termina en decepción, con el crítico homosexual conservador Farewell (Alone) que le hace alusiones sexuales; el día en que conoce a Neruda en el fundo del anciano Farewell y el día en que asisten juntos al funeral del vate, ponderando lo desagradable del rotaje que acompaña al poeta (ambos), y lo bello de algunos jóvenes comunistas (Farewell); las clases de marxismo que Urrutia le imparte a la Junta Militar a petición de éstos, con la intermediación de dos oscuros señores llamados Oido y Odeim (el diálogo timorato y aquiescente de Urrutia con el agrandado Pinochet, donde se ve al ex Presidente como un tipo presuntuoso, intrigante y mendaz, que se declara intelectual a diferencia de todos sus predecesores, es notable; también la descripción de César Mendoza como un imbécil callado y astuto); su experiencia como veedor de iglesias europeas para un proyecto nacional de restauración, que lo hace conocer sacerdotes desquiciados que criaban halcones para descuartizar palomas hasta extinguirlas; y sobre todo su vivencia final en la casa de la escritora María Canales, esposa del miembro de la DINA James Thompson (ambos existentes, y todos conocen sus nombres), que realiza semanales y bien comidas y bebidas tertulias de escritores nacionales, mientras en el sótano de su casa se tortura y se asesina; y la conversación final con ella, que se ríe de forma diabólica, sufre espantosamente, pero no se arrepiente

Nocturno... es un pedazo de historia, una muestra del estilo dionisíaco y paródicamente eruditizante de un autor que gusta de burlarse de la erudición. Es una muestra de su ritmo febril, que en un solo y apretado párrafo de 65pantáginas (el libro lo leí en PDF), sin capítulos y sin puntos aparte (salvo la frase final " y después se desata la tormenta de mierda"), recrea las remembranzas esenciales de un hombre para nada siemple; quizá demasiado complejo; quizá demasiado razonable y aséptico; quizá demasiado impoluto para hacer lo que hizo, para lograr esa complicidad sin habérsele arrugado la sotana.

Parodiando uno de los recursos de Bolaño (el de las enumeraciones con la reiteración de algunas palabras), debo decir que el tema de la novela es la memoria en medio del olvido final; que el tema es un convaleciente que razona sus posibles culpas y se las achaca al destino trágico de un país abandonado por Dios, pero no a si mismo; que el tema es el poder (Neruda incluido), y la política, y la influencia de estos en algo tan precario y a la vez tan decidor como la literatura; que el tema es un fragmento ominoso de la historia de Chile que recién estamos indagando y disfrutando. Y que el tema es, ante todo, la irrealidad de un intelectual aristocratizante (o más bien clasista), frío, asexuado y receloso de la idea misma del sexo, despreciativo con la gente de carne y hueso, sobre todo si son pobres (sobrecoge esa parte cuando se extravía en el fundo de Farewell -otra bolañada kafkiana- y al ver el funeral de un angelito, siente asco y es incapaz de empatizar con el hecho), que al rememorar su existencia, impelido por un joven envejecido que va a insultarlo a su casa (el mismo Bolaño, diremos, por comodidad literaria), no hace más que consagrar una impunidad que en esos tiempos alcanzó ribetes ecuménicos... y más aún si a ésta fue posible sumarle ese rasgo pavoroso y despreciable del ratón de biblioteca que, desde su esclerosis espiritual disfrazada de cultura impoluta y de bondad (¿como en el delirio platónico que iguala lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero?), no hace otra cosa que transparentar una de las formas más sutiles del mal, o del error, o de la confusión, o de la ceguera, de quien cree saber demasiado y a la vez sabe tan poco.

Y para ejemplificarlo, bastarían estas pocas líneas indestructibles :

"Un día decidí que ya era tiempo de regresar a Chile. Volví en avión. La situación en la patria no era buena. No hay que soñar sino ser consecuente, me decía. No hay que perderse tras una quimera sino ser patriota, me decía. En Chile las cosas no iban bien. Para mí las cosas iban bien, pero para la patria no iban bien. No soy un nacionalista exacerbado, sin embargo siento un amor auténtico por mi país. Chile, Chile. ¿Cómo has podido cambiar tanto?, le decía a veces, asomado a mi ventana abierta, mirando el reverbero de Santiago en la lejanía. ¿Qué te han hecho? ¿Se han vuelto locos los chilenos? ¿Quién tiene la culpa? Y otras veces, mientras caminaba por los pasillos del colegio o por los pasillos del periódico, le decía: ¿Hasta cuándo piensas seguir así, Chile? ¿Es que te vas a convertir en otra cosa? ¿En un monstruo que ya nadie reconocerá? Después vinieron las elecciones y ganó Allende. Y yo me acerqué al espejo de mi habitación y quise formular la pregunta crucial, la que tenía reservada para ese momento, y la pregunta se negó a salir de mis labios exangües. Aquello no había quien lo aguantara. La noche del triunfo de Allende salí y fui caminando hasta la casa de Farewell. Me abrió la puerta él mismo. Qué envejecido estaba. Por aquel entonces Farewell debía de rondar los ochenta años o quizás más y ya no me tocaba la cintura ni las caderas cuando nos veíamos. Pasa, Sebastián, me dijo. Lo seguí hasta la sala. Farewell estaba haciendo unas llamadas telefónicas. Al primero que llamó fue a Neruda. No pudo establecer contacto con él. Luego llamó a Nicanor Parra. Lo mismo. Yo me dejé caer en un sillón y me cubrí la cara con las manos. Todavía oí cómo Farewell discaba los números de cuatro o cinco poetas más, sin ningún resultado. Nos pusimos a beber. Sugerí que llamara, si eso lo tranquilizaba, a algunos poetas católicos que ambos conocíamos. Esos son los peores, dijo Farewell, deben de estar todos en la calle, celebrando el triunfo de Allende. Al cabo de unas horas Farewell se quedó dormido en una silla. Quise llevarlo hasta la cama, pero pesaba demasiado y lo dejé allí. Cuando volví a mi casa me puse a leer a los griegos. Que sea lo que Dios quiera, me dije. Yo voy a releer a los griegos. Empecé con Homero, como manda la tradición, y seguí con Tales de Mileto y Jenófanes de Colofón y Alcmeón de Crotona y Zenón de Elea (qué bueno era), y luego mataron a un general del ejército favorable a Allende y Chile restableció relaciones diplomáticas con Cuba y el censo nacional registró un total de 8.884.768 chilenos y por la televisión empezaron a transmitir la telenovela El derecho de nacer, y yo leí a Tirteo de Esparta y a Arquíloco de Paros y a Solón de Atenas y a Hipo-nacte de Efeso y a Estesícoro de Himera y a Safo de Mitilene y a Teognis de Megara y a Anacreonte de Teos y a Píndaro de Tebas (uno de mis favoritos), y el gobierno nacionalizó el cobre y luego el salitre y el hierro y Pablo Neruda recibió el Premio Nobel y Díaz Casanueva el Premio Nacional de Literatura y Fidel Castro visitó el país y muchos creyeron que se iba a quedar a vivir acá para siempre y mataron al ex ministro de la Democracia Cristiana Pérez Zujovic y Lafourcade publicó Palomita blanca y yo le hice una buena crítica, casi una glosa triunfal, aunque en el fondo sabía que era una novelita que no valía nada, y se organizó la primera marcha de las cacerolas en contra de Allende y yo leí a Esquilo y a Sófocles y a Eurípides, todas las tragedias, y a Alceo de Mitilene y a Esopo y a Hesiodo y a Heródoto (que es un titán más que un hombre), y en Chile hubo escasez e inflación y mercado negro y largas colas para conseguir comida y la Reforma Agraria expropió el fundo de Farewell y muchos otros fundos y se creó la Secretaría Nacional de la Mujer y Allende visitó México y la Asamblea de las Naciones Unidas en Nueva York y hubo atentados y yo leí a Tucídides, las largas guerras de Tucídides, los ríos y las llanuras, los vientos y las mesetas que cruzan las páginas oscurecidas por el tiempo, y los hombres de Tucídides, los hombres armados de Tucídides y los hombres desarmados, los que recolectan la uva y los que miran desde una montaña el horizonte lejano, ese horizonte en donde estaba yo confundido con millones de seres, a la espera de nacer, ese horizonte que miró Tucídides y en donde yo temblaba, y también releí a Demóstenes y a Menandro y a Aristóteles y a Platón (que siempre es provechoso), y hubo huelgas y un coronel de un regimiento blindado intentó dar un golpe y un camarógrafo murió filmando su propia muerte y luego mataron al edecán naval de Allende y hubo disturbios, malas palabras, los chilenos blasfemaron, pintaron las paredes, y luego casi medio millón de personas desfiló en una gran marcha de apoyo a Allende, y después vino el golpe de Estado, el levantamiento, el pronunciamiento militar, y bombardearon La Moneda y cuando terminó el bombardeo el presidente se suicidó y acabó todo. Entonces yo me quedé quieto, con un dedo en la página que estaba leyendo, y pensé: qué paz. Me levanté y me asomé a la ventana: qué silencio. El cielo estaba azul, un azul profundo y limpio, jalonado aquí y allá por algunas nubes. A lo lejos vi un helicóptero. Sin cerrar la ventana me arrodillé y recé, por Chile, por todos los chilenos, por los muertos y por los vivos".
¿Es mentira todo aquello que Bolaño dice de aquel cura que existe bajo otro nombre. Lo dudo. Y si hubiera alguna maña o exageración, me permito recordar que la literatura no tiene que ver con la cortesía. Y que a veces ésta disfraza una barbarie que es mucho más que literaria.

jueves, noviembre 22, 2007

LA AMARGURA DE JORGE HÉCTOR GIOVANNI


Jorge Giovanni es un huasimentano (o nactobarense o paricino o nacimentano) de unos 34 años, alternadamente obrero o mozo de almacén, que tiene a su haber unas rabiosas patas de gallo rodeando sus ojos de huarén montaraz; su pelo es casi del mismo color que el de la nieve que a sus venas introduce, como la carne y el vino en abundancia y el asado con la parentela de la madre de su hijita. Su salud es buena, aunque carga con un estómago abultado y terminado en punta, que no deja de enorgullecerlo. Yuvini, que es hijo de quien alguna vez fuera el flamante dueño de la gloriosa Quinta de Recreo "La mariposa", allí mismo en Villa Inmensa 680, alguna vez intentó matar a su madrastra, la singular "Matarife", que tiene 3 vástagos con antecedentes delictuales.

Giovanni, por lo mismo, al completar sus fechorías en algún robo casual o al choque de un auto en Santiago, es, supuestamente, el más angelito de todos. Pero eso no es cierto. Porque su impetuosidad y prepotencia superan con largueza la de sus otros 3 medio hermanos, bastante más acumados y cerriles. Es de esos seres que juran que el destino les debe demasiado, cuestión que no es en si misma reprochable... siempre y cuando ésto no signifique vomitar sin talento sobre todos los otros seres y, lo que es mucho peor, intentar abusar de ellos de una manera criminalmente desagradecida.

Giovanni es de aquellos a los que puedes invitar una cerveza y un par de completos, y es capaz de tirártelos por la cara y tratarte de cagado, de tacaño y de pobre huevón, por no haberle invitado un jabalí con una garrafa de Melchor de Casa Concha o, a lo menos, dos cervezas y cuatro completos más. Y debo decir que este posteo nació a raíz de que el engendro aquel me dijo, tras el partido de Chile con Paraguay, una frase oportunista y maricueca que no me provocó admiración: "LOS CHILENOS SOMOS LA PEOR DE LAS MIERDAS PARA EL FÚTBOL".
Cuando la capacidad crítica de un sujeto excede a su capacidad de creatividad o de visión, estamos en presencia de un cerdo; cuando la capacidad crítica de un sujeto está muy por debajo de su capacidad de creatividad, estamos en presencia -casi siempre- de un sospechoso mojigato o un cabrón oportunista; y cuando estas cualidades tienden a igualarse en las alturas, estamos en presencia de un Bolaño o de un Swift o de un Ciorán o de una Emily Bronté o de un Sartre o de un Pablo de Rokha o de una Gabriela Mistral o de un Kafka o de un Enrique Lihn o de un Charles Baudelaire o de un Jean Arthur Rimbaud o de un Carlos Droguett o de un Roque Dalton... pero no de un Juan Giovanni.
LO REPITO: LA CREATIVIDAD NO TIENE QUE VER CON LA CORTESÍA.

lunes, noviembre 19, 2007

MONTANER Y CASTRELLANI: DOS APORTES PARICINOS QUE SE ODIAN


Aprovechando la exposición que parece estar teniendo el blog de Marín en Nactobar (hablo -como Martín Vargas o como el pelotudo de Walterio Benítez que se retiró del Partido por un ataque de hidrofobia- de mi mismo en tercera persona), y a la presencia siempre interesante en los comentarios de un convidado de piedra ANÓNIMO de pensamiento derechistoide (este blog se lo di, sólo en el pueblo, a más de 20 personas... y siempre hay un efecto multiplicador), me voy a referir a dos ilustres nacimentanos -uno de ellos por adopción- y a la relación que tienen entre ellos: FERNANDO CASTRELLANI y GERARDO MONTANER. El primero, es el director de "EL FUERTE", el segundo periódico que ha existido en esta comuna a lo largo de 400 años; el otro es el actual alcalde de la comuna, que pretende reelegirse (no la comuna, el alcalde).

Para mí resulta enriquecedor y misterioso haber no pocas veces entablado amistad con personas que se odian entre si. Y antes de seguir, debo ser claro. A Castrellani, en virtud del apoyo que me ha dado siempre, de una cuestión etaria, de la profesión mutuamente compartida y de cierto común escepticismo (nada destructivo y más bien propositivo) que tenemos ante el panorama social y cultural de estos pagos, lo considero un amigo; a Montaner, en cambio, sólo lo considero un compañero de Partido que cuenta con todo mi apoyo: En las esferas medianas o altas de la política o del edificio del poder, la palabra "amigo" resulta casi humorística cuando no francamente mendaz. De todas formas, para el caso de este posteo da igual: a ambos sujetos les tengo estimación. Y ambos se desprecian mutuamente. Y harto...

GERARDO MONTANER (60 años, huasimentano, chileno y católico)

Gerardo, que es hermano de quien tal vez sea el diputado más destacado de toda la transición, llegó a la zona hace unas décadas; y ocupando su dinero bien ganado, algunos trucos de viejo zorruno y su indesmentible carisma, derrotó en buena lid al alcalde de entonces, Óscar Guerrero Quinsac (militante del insoportable Partido de la flecha... http://www.pdc.cl/ ), que fruncía (Q.E.P.D.) demasiado la boca y no tenía una llegada relajada con la gente. El año 2000, Montaner fue electo con una impresionante votación, que 4 años más tarde aumentó (aquella vez su principal rival fue un pordiosero moral llamado Vittorio Camposanto, dueño de una radio, de un acerado hocico de perra en celo y de una conducta intachable... que cierta vez lo llevó a sacarle la chucha a su suegro apellidado Pezo). Ahora -cuando quizá en virtud de su carácter "al todo o nada", al desgaste natural del cargo y a la envidia de varias de sus víctimas- la pelea será más despiadada que nunca y a varias bandas, y es seguro que Montaner sacará a relucir su caballo de batalla: LA ADJUDICACIÓN DEL PROYECTO DEL PUENTE SOBRE EL RÍO VERGARA (2800 millones de pesos). Es que la política es así: los que la ejercen deben no sólo bien cacarear el huevo que empollan, si no hacernos creer que éste les nació por generación espontánea y en virtud de su pura y gloriosa omnipotencia, y sin la intervención de nada más que de su propia pujanza (léase, gestión). Montaner es mujeriego y demagogo (ha llegado a decir que "todas las mujeres del mundo son hermosas"), bien parecido y viril, bebedor contumaz pero nunca lamentable, generoso con su plata y preocupado de los suyos... con todas esas características del clásico patrón de fundo que tanto le gusta al chilenito, sobre todo en pueblos como Parición. Asimismo, y como casi todas las personas defectuosas (¿todos lo somos?) que pretenden pasar piola sin dejar de ser defectuosos (jaja), es acendradamente católico, y mariano... y este tema de la Fe, del que sé bastante, quizá demasiado, da para un posteo más largo que los de mi amigo el guatón Zúñiga.

FERNANDO CASTRELLANI (34 años, huasimentano, chileno y católico)

Castrellani trabaja de manera solitaria y sin granjearse el apoyo de nadie (excepción hecha de los auspiciadores, que también ganan con él), y es una persona muy discreta que nada tiene que ver con las mañas, muñequeos o especulaciones de la política. Él es un lobo estepario que tiene un Proyecto tanto o más consistente que el de Montaner (alcaldes ha habido siempre acá, pero medios de comunicación escrita sólo dos en cuatro siglos), el que no ha sido suficientemente justipreciado, quizá porque Fernando no tiene esa cualidad de impostación (ojo: no dije impostura) y cacareo mayestático connaturales al quehacer político y al edificio del poder, o porque su producto se relaciona con algo tan irreal como la lectura y la escritura. Castrellani, que es un tipo muy viril y derecho como pocos, casi no gusta, a diferencia de Montaner, de "esas grandes esponjas acomodaticias de lo bueno y lo malo" (LIHN) que son las mujeres, quizá porque es demasiado regodeón o demasiado inhábil en esos parajes, lo que no le arroga ni una brizna de resentimiento... y en eso está muy lejos de tipos como Daniel Yañez (por fortuna se fue de acá, el canapé de grasa), que cierta vez me dijo: "entiende Marín, todas las mujeres, pero absolutamente todas, son malas". Castrellani es un católico mariano de raza y convencido, pero tolerante al igual que Montaner; es, también, un sujeto bastante culto y un fotógrafo notable, que ha leído de muy buena forma el panorama cultural de la zona: comprendió que la cultura de acá pasa casi exclusivamente por el folcklore y por el rescate de las valiosísimas tradiciones del campo, que son la quintaesencia de la Patria... cuestión que más de alguna jueza palurdezca e ignorante desconoce, pues considera tales tradiciones como "rasquerías que nada tienen que ver conmigo, ya". Hay una sola cosa peor que un pelafustán ensoberbiado e ignorante: un pelafustán ensoberbiado e ignorante y con poder.

¿Y POR QUÉ EL MUTUO DESPRECIO?

El asunto, como ocurre con tantas tragedias que nacen de una comedia o de comedias que devienen finalmente tragedias, ocurrió de manera baladí. Hace poco menos de cinco años, Castrellani le dio el puntapié inicial a su periódico y quiso conversar con varios líderes de la comuna, entre ellos con el alcalde Montaner. No sé qué desgraciada conjunción astrológica o perfidia del destino hizo que éste no quisiera recibir a Castrellani, ni la primera, ni le segunda ni la tercera vez. Yo tengo para mí que más de algún cortesano palaciego más papista que el Papa y asaz maniqueísta (esto es, que ve todo en blanco y negro), quizá Juan Brócoli, o cualquier otro, le metió en la cabeza al alcalde que Castrellani era un tipo irreductible y ominosamente derechista (en realidad, si hemos de jugar a la política, tendría que decir que C... es un democristiano de izquierda aunque furiosamente independiente) que pretendía pasar gato por liebre, engañar. De ahí al suspicaz ninguneo del alcalde hubo sólo un paso. Y cualquiera que haya padecido el ninguneo SABIENDO QUE SU PROYECTO ES ONTOLÓGICAMENTE BUENO, sabe que es ésta la peor de las humillaciones, pues te deja con los brazos cruzados y sin mensurar una capacidad de reacción proporcionada y natural, ya que no sabes si achacar tal actitud (el ninguneo) a desdén, envidia, estupidez, falta de visión, flojera mental o lisa y llana maldad.

Estoy cierto que Castrellani sólo anhelaba del alcalde un apoyo moral, un necesario palmoteo, un "estoy contigo muchacho, has tu pega no' más", pero el mal asesoramiento o los propios prejuicios (los propios fantasmas) de Montaner fueron más fuertes. De ahí a la reacción desmezurada del periodista, hubo sólo una paso. Y Castrellani la hizo de oro. En el número siguiente publicó una reveladora fotografía de una de las laderas del Fuerte Ribera convertida, por circunstancial inoperancia municipal, en un auténtico basural, lo que consolidó la guerra (más bien, el mutuo desprecio) entre estos dos ilustres ciudadanos. Asimismo, y quizá sólo por ingenuidad, Castrellani reclutó entre sus columnistas a dos concejales cuyo único aporte ha sido la denuncia sin propuestas asertivas: uno de ellos, un sujeto muy bruto y con cara de mico subnutrido que se apellida igual que el maravilloso vate que escribió "Venus en el pudridero" ( http://inmaculadadecepcion.blogspot.com/2005/06/eduardo-anguita.html ); el otro, un educador, escandalosamente frío, que tiene tanta vocación para la política como yo para las ecuaciones trigonométricas. Mediante sus columnas, estos despechados señores se dedicaron -con muy buenos modales y una calculada abyección- a darle de leñazos a la gestión de Montaner (que en términos generales ha sido buena), y de paso a funar para siempre ante los ojos de éste al notable periódico de Castrellani.

Así es la danza de la realidad, a ratos singularmente absurda. Para concluir, no puedo sino dejar las palabras finales de "LOS TEÓLOGOS", un cuento de un escritor superior. Dicho relato trata, entre muchas otras delicias, de los odios contumaces que en vida se tuvieron dos varones adeptos a la misma Fe... y de lo que Dios pensó de ellos al final, una vez que ambos estuvieron a su lado :

"El final de la historia sólo es referible en metáfora, ya que pasa en el reino de los cielos, donde no hay tiempo. Tal vez cabría decir que Aureliano conversó con Dios y que Éste se interesa tan poco en diferencias religiosas que lo tomó por Juan de Panonia. Ello, sin embargo, insinuaría una confusión de la mente divina. Más correcto es decir que en el paraíso, Aureliano supo que para la insondable divinidad, él y Juan de Panonia ( el ortodoxo y el hereje, el aborrecedor y el aborrecido, el acusador y la víctima) formaban una sola persona".

sábado, noviembre 17, 2007

¡NACIMIENTO TIENE NUEVO PUENTE!


Fueron designados los precandidatos para la elección comunal de concejales y de alcalde del Partido Nacional Socialista de Parición, donde estoy militando. Se presentaron 4 ciudadanos : una mujer con un diente de niño de la Fundación mi Casa (que más encima tiene plata hasta para prender fuego), un dirigente sindical que dice esparda en vez de espalda y ocupa 30 minutos para exponer algo que perfectamente cabe en 3, un sujeto de hígado hecho mierda que es chofer municipal y conoce bien el campo y a su gente y a su vino, y otro amigoide no poco soberbio que al fin se quedará con el voto que yo pensaba darle a mi amigo Mario Andrés Galaz Martín. Éste, en una decisión de última hora tiró el poto pa' las moras y no se presentó. Me pareció una tontería inexplicable. Tenía buenas condiciones y posibilidades (Mario se junta con cuicos y pirujas, analfabetos y letrados por igual) y se granjeaba más encima un buen empleo. Pero al parecer le dio pánico escénico ver a dos personas con más hambre y con más años, y a dos candidatos que sólo desatan su risa. Siempre ha dicho que Don Nelson es un cerdo que no sabe comportarse con el trago y que Pablo Morón es un guatón libidinoso e irresponsable que anda puro hediondo a sal. Pero no se presentó y no sé bien porqué. Yo tampoco lo propuse; quizá faltó ese paso necesario. Ahora, sólo la muerte podría redimirnos.
Lo único notable de la cita (donde fueron más de 30 camaradas entre ellos una mujer abstemia y no poco apetecible) fue la alegría del alcalde Gerardo Montaner (en la foto, en una caricatura de Juan Carlos Puyrredón), porque ayer le aprobaron un proyecto por DOS MIL OCHOCIENTOS MILLONES para construir un puente vehicular sobre el río Vergara. Nuestro líder nos dio la exclusiva y se emborrachó gustoso, nos dio una cátedra de inteligencia emocional y de manejo escénico, contándonos intimidades de amigo. Gran valor el viejo. Hay que puro pedirle hueás, pq es un tipo muy personalista, emotivo y devoto de los libros de la vida de Francis For Coppola y Mario Puzo. Y aunque no sabe casi nada de demasiadas cosas, es un zorro de temer y alguien que nació para buscar acuerdos. Y también ha vivido sus dramones mexicanos el hombrón, como cuando quedó viudo y cuando una de sus hembras lo dejó por otro, pero su talento y el dinero lo han redimido siempre (bien o mal), pues "CON LA AYUDA DE MI DIOS" le ha permitido siempre ponerse dispendioso cuando lo ha necesitado.
A Mario le dije al final lo siguiente:"POR SER MÁS VIEJO QUE TÚ ME HE EQUIVOCADO MÁS, ¡¡AVANTI COMPÁÑERO!!! ". Lo del bicho fue una decepción notable, similar a las que yo le he dado a él con mi talento incuajado. Pero los amigos verdaderos están en todas, y lo sigo considerando un gran tipo, de lealtad probada y enorme destreza social (es capaz de lidiar con el Papa, con el Presidente de Venezuela y también con un piruja o subnormal cualquiera). Dios lo va a perdonar, porque yo también lo hice.

lunes, octubre 22, 2007

RESPETEMOS LOS DERECHOS DE LA INFANCIA


Tanto mi madre (ahora jubilada) como mi hermana y una prima que vive en casa, trabajan en temas relacionados con la educación infantil. Por lo mismo, siempre andan mentando el versiculo segundo del capítulo diecisiete del evangelio de San Lucas. No estoy muy de acuerdo con ellas.
Ayer, sin ir más lejos, yo estaba en el barrio más clásico -y quizá el más brígido- de todo Parición. Jugaban Colo Colo (2) y la Universidad de Chile (2). Estaban Flaco Lenny, Choro Nicke, Miguel Garces, Henry Hidalgo, Negro Óscar (que pasó a buscar su bicicleta), Mario y Germán Galaz, el Maestro Santis, Brad Pitcher, Pato Garrapata, el Chuleta Zamora (que es de por sí agresivo), Johnny Pepa, el Pichula Ocaranza, el hijo subnormal de don Eustaquio Rigoletto, Charly Gato, un Joven Regio que defeca de oído, Choche Cotorra, Lucho Tripa (hincha del Arriteta Guindos), dos adolescentes admirablemente feos y los dueños de casa: la familia de Aldous asomando la nariz de vez en cuando para ver si los hombres requerían más bebida.
De pronto, Nicke Danny, a quien es imposible faltarle el respeto y estaba asaz de cumpleaños y cuidando la puerta del privado donde departíamos (pa' cachar quien entraba y quien no entraba), dijo al aire, referiéndose a uno de sus azules: “¡tay puro hueveando gil culia’o!”. En eso, un enano de no más de 8 años, le constesta: “¿Y por qué no entrai vos a jugar?” En ese lugar, en ese privado que da a un patio con cerro y dogos blancos, había exactamente 12 subnormales, 3 delincuentes, un criminal (que acuchilló a un badulaque pa'lla pa'l Otro Lado y le esparció caca en las entrañas) y 4 microtraficantes de matico seco. En ese lugar, en ese cubil con tele grande y risotada y vino rancio y cerveza color pichí de perro, ninguno de nosotros era un santo, pero la incalificable grosería de ese pequeño Calígula, sencillamente me sublevó.

Hice algo de un coraje borracho. Me puse de pie, atravesé el larguísimo mesón donde los hinchas se inyectaban, y le reventé el hocico al triste enano, con una sola patada mis punta de acero. Le volé como 4 dientes y le dejé la cara como bofe. El partido estaba MUY caliente, pero el OHHHHHHHHHHH, entre admirado y censurante que los locos profirieron, se escuchó hasta en Santiago. El niño irrumpió en un llanto mojigoide de travesti sin pichula: ¡¡PAPÁ, PAPÁ!!, ¡¡PAPÁ!!, bramaba como un cerdo en celo cagando de placer.

Llegó su padre, el sinigual Aldous Pérez, que es, a kilómetros de distancia, el tipo más rudo de todo el viejo pueblo fundado por Ribera (24 de diciembre de 1603) y que no entiende otro lenguaje que la violencia. Sacó un revólver y me lo puso en la cara. Me hizo daño. El partido ya a nadie importaba. Le dije que no estaba educando bien a su retoño y me respondió (aunque con otras palabras) que aquello sólo le incumbía a él. Le retruqué que no estaba de acuerdo, que no podía incurrir en el pestilencial error de amparar la prepotencia. Es mi hijo, respondió. Los hijos son de todos según Khalil Gibrán, le dije finalmente. Me entendió. Bajó el revólver y llevó a su hijo, que lloraba con lágrimas de cocodrilo, al hospital. En ese momento, Miguel Riffo marcó el 2 a 1 para Colo-Colo. Pero nadie celebró.

sábado, octubre 20, 2007

APUNTES A PARTIR DE "LA CONJURA DE LOS NECIOS"



Hace un par de días murió LUIS SÁNCHEZ LATORRE (1925-2007), el popular Filebo, un crítico literario ancestral y muy querido que, entre sus muchos logros, sobresale su intento de abuenar a Neruda y a De Rokha, ese par de colosos que en vida se odiaron con una pasión digna de mejor causa; el intento de Filebo fracasó por la negativa -cobarde, pragmatista o ensoberbiada- del Pablo triunfador. "La historia los juzgará", decía un caballero por ahí. Y es por Filebo que, inusualmente en este blog, me dispongo a criticar un libro. Se trata de "LA CONJURA DE LOS NECIOS", de JOHN KENNEDY TOOLE (1937-1969, en la foto), un americano de Nueva Orleans que a principios de los 60's escribió esta novela sorprendente, que esperó más de una década para ver la luz. Cuando Toole estaba bajo tumba, fue su propia madre la que años después convenció al editor Walker Percy de publicar el apócrifo manuscrito de un desconocido.
El protagonista de LA CONJURA... es un joven de 30 años llamado IGNATIUS REILLY, que pasó 10 en la universidad, donde conoció a Myrna Minkoff, su sempiterna y polémica novia, que vive la vorágine de los 60's en Nueva York. Reilly, que yace varado en Nueva Orleans, descree del mundo laboral y vive con su madre, una viuda sobreprotectora, estrafalaria y ambigua en su actuar para con él (su relación con él es casi idéntica a la que tiene mi amigo el poeta Daniel Stone con su madre). Ignatius, casi siempre enclaustrado en su fétida habitación, fomenta una visión medieval de la realidad, carente de ambiciones mundanas de éxito y riqueza, y resignada al influjo de la Rueda de la Fortuna. Es inmensamente gordo, egocéntrico, hipocondríaco (se siente determinado por las aperturas o cierres de su "válvula pilórica"), antisexual onanista, inquisidor de las costumbres y aficiones modernas (cine, tevé, espectáculos, etc... lo que no impide que sea un ávido consumidor de las mismas), insolentemente feo y flatulento; y con una destreza y elegancia de palabra, con una capacidad de elaboración de ideas e interpretación de la realidad, verdaderamente sorprendentes: es, como lo son muchos escritores de estos tiempos de triunfal neo-analfabetismo y famofilias bastardas, un ser condenado a la argumentación marginal, a la revolución solitaria y a las reflexiones inconducentes (que pasan a ser parte de los rastrojos del basurero cultural). Su libro de cabecera es "Sobre la consolación de la filosofía", (De consolidatione Philosophiae), publicado en el 523 d.c por Severino Boecio, un cónsul caído en desgracia que considera que la felicidad consiste en el desprecio de los bienes de este mundo y en la posesión de un bien providencial imperecedero, pensamiento que lo convertirá en uno de los precursores de la teología medieval.
Reilly -que como dice en la contratapa es una mezcla de Oliver Hardy delirante, Don Quijote adiposo y santo Tomás de Aquino perverso- está ocupado en escribir una extensa y demoledora denuncia contra su tiempo, tan carente de "teología y geometría como de decencia y buen gusto". De pronto, una circunstancia accidental lo mete de lleno en el trabajo remunerado, que desempeña primero en la fábrica "Levy pants" y luego en la empresa "Salchichas Paraíso" de repartidores callejeros del indigesto material (que él consume con grosera avidez). En estos ambientes -y en el bar "Noche de Alegría" donde comienzan los problemas-, Ignatius conoce a muchos personajes, casi todos marginales, auténticos despojos del capitalismo, incluso los que están mejor parados: un patrullero que es humillado por no poder infraccionar a nadie, un travesti que recibe cuantioso dinero familiar a condición de no aparecerse por su casa, una anciana patética que es mantenida artificialmente en el trabajo de la fábrica de pantalones, un afroamericano resentido incapaz de hablar sin palabrotas, la altanera dueña de un prostíbulo encubierto, una pareja de millonarios que no hacen más que hostilizarse, etc. El tono es de un sarcasmo terrible, a veces melancólico y -a diferencia de casi todas las novelas de autor- poco condescendiente con el protagonista.

Todos estos personajes desembocan genialmente en el clímax, que constituye un escándalo público, una posible debacle económica con amenaza de cárcel (derivada de una carta que Ignacius escribió al gerente de la competencia cuando trabajaba en la fábrica de pantalones) y la posible internación siquiátrica de Ignacius urdida por amigos de su madre. Todo a la vez. Y es en este punto cuando más nos atenaza, cuando más nos conmueve, y cuando más atingente nos parece el bellísimo epígrafe de Jonathan Swift (autor de "Los viajes de Gulliver") al comienzo del libro: "Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede indentificarse por este signo: todos los necios se conjuran contra él". Pero la vida, que es un payaso grosero e inmisericorde, hizo que tal conjura quedara invalidada en el desenlace final de Ignacius Reilly, pero no en la vida de John Kennedy Toole, quien en 1969, luego que su novela fuera tenazmente rechazada por las editoriales y a causa de ésto su vida malograra, puso fin a sus días. Quedó, quizá por lo mismo y no pese a ello, como un ídolo de la cultura yankee que idolatra los cadáveres, los genios vomitados por la danza de la realidad que se empeñan en construir, y esto se rubrica al constatar que en Nueva Orleans hay hasta una estatua del entrañable Ignacius Reilly. Así es ese grande y terrible país que queremos emular.
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Nota al margen: Al leer este libro no pude evitar pensar en GONZALO LEÓN e IGNACIO FRITZ , dos escritores chilenos más bien iletrados (yo tengo exactamente la edad promedio de ambos) que alguna vez se compararon con el mentado Reilly. Pero ellos, aparte de fomentar una escritura más exhibicionista que autobiográfica, y de ser o haber sido escandalosamente gordos, no tienen ni la décima parte del bagaje cultural del aludido personaje, y no saben nada de teología. Nada. Son las tentaciones de la famofilia: aquel sacodehuevismo que pretende subvertir la conducta obvia que QUIZÁ todo literato debiera asumir como un dogma : LEER-ESCRIBIR-HABLAR; no al revés.

viernes, octubre 19, 2007

REFLEXIÓN INTEMPORAL SOBRE EL HERMANO FÚTBOL

Hace 3 o 4 días la ROJA DE TODOS, tras perder ante Argentina con dos tiros libres de Riquelme, no era nada, y ayer hizo con Perú lo q siempre ha hecho: hacerse respetar. Ambos encuentros los vi en casa de Miguel Garcés (compañero comunista y vendedor ambulante), en Parición, hacia "el otro lado", junto a Mario Galaz, el maestro Víctor, Henry Hidalgo, el microtraficante Marcelo Chea, Cabeza de Cordero Hernán (q llegó al final), Manuel Castro y el Choro Nicke, que es panadicto (adicto al vino, al tabaco, al cigarro de visiones, a la carne), oriundo de Los y gana como palo y medio al mes vendiendo chucherías en el centro; después hicimos una asado de hilos de plateada con ensalada de lechuga con yuyos. De lo que se vio en ese partido se puede esperar mucho, pq tipos como González o Fernández o Suazo o Vidal o Waldo Ponce, no los encuentras siempre. Y ahora están. Ahora son. Ahora somos. El fútbol es como un absurdo día de campo, botado junto a un río tomando cerveza y comiendo trozos de res con la mano, no se saca nada en claro pero se disfruta. El fútbol es el martirio de la derrota merecida, la incomprensión de los otros ante el infortunio y también el triunfo, escaso pero real. Es el poder beatífico y milagroso de la revancha y la condena (la liberación) del olvido, y acaso en eso se parece a la literatura. Ahora está prostituido: bueno, se sigue pareciendo.

Hablando con Ulises San Martín, Gregorio Suárez, Camilo Herralde y Marcelo Montecinos, mi editor, puedo dar fe que el 24 de este mes podré lanzar mi libro. Lo de lanzar es un término simbólico, pq el libro lo he lanzado 4 o 5 veces y lo he difundido de la mejor forma posible: de manera personal. Creo q es un gran libro. Salud. A finales de este año sale el otro.

miércoles, octubre 10, 2007

BAJO LA SOMBRA DE JUAN PABLO AMPUERO


El siguiente texto, habrá de ser leído el viernes 26 de octubre en el lanzamiento de "La vida se deshace en las sombras", novela de Juan Pablo Ampuero (1945-2002), que se realizará desde las 20:00 horas en el Colegio de Profesores de Ciudad Sur (Varas 330).

Hablar de Juan Pablo Ampuero es evocar a un escritor que también fuera un eximio pedagogo. Es recrear el influjo del ensueño de los bares y el infatigable periplo hacia el fondo de la noche, donde suele hallarse el fuego y algunos secretos vedados al hombre común, sometido al dictamen de la razón y de un presuntuoso orden perfecto... anterior a la sangre.

Hablar de Ampuero -el primer escritor vivo que admiré y que vino al mundo en Punta Arenas con el nombre de Carlos Káyser, el 13 de noviembre de 1945- es evocar a un narrador prolijo que también fuera un espléndido poeta; es referirnos a un conversador infatigable, que desde la tiniebla y desde la modestia, alejado de los centros de poder y de los fondos concursables, urdió una obra singular. Es evocar las férreas luchas en contra del gobierno militar y la visión posterior de construir el futuro en base a una actuar propositivo; es evocar al escritor comprometido con su tiempo, impulsor de revistas culturales, páginas literarias y alguna vez líder de la filial Temuco de la Sociedad de Escritores de Chile. Hablar de Ampuero es evocar a un espíritu solitario que, paradójicamente, a través de su viaje conoció de cerca -y no con la cercanía de los políticos- los sueños, alegrías y tristezas de la gente sencilla: del obrero, del mapuche, del profesional esforzado, del estudiante y del andante de la noche.

Hermano secular de Baudelaire, de Rimbaud, de Mallarmé, de Teófilo Cid, de Rolando Cárdenas y de Jorge Teillier, Juan Pablo Ampuero, autor de ocho libros -dos de los cuáles aún esperan su publicación- encarnó la videncia propugnada por los simbolistas: esa visión tenebrosa y profunda de la naturaleza, esa iluminación que según Arthur Rimbaud se lograba mediante el razonado desajuste de todos los sentidos. “La vida es una enfermedad del espíritu, la verdadera vida está ausente, no estamos en el mundo”, nos dice el mismo Rimbaud. Y Ampuero reafirma:

"Quizá escribir para los exaltados / cuyo espíritu funciona en el vacío doloroso
nos ayude a recobrar lo que fueron nuestras alas"

y en un par de versos de su último poemario, sostiene:

"Sólo es dueño de su vida quien la desprecia / va escribiendo el alba con su mano luminosa".

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En cuando a su último libro, “La vida se deshace en las sombras”, básteme decir que es una novela del género policial inspirada en hechos reales y ambientada en el Temuco de los 90's : una sociedad debatida entre un progreso sordo, los negocios oscuros y el tráfico de influencias y de estupefacientes. En ese contexto -y luego de la muerte de Janet Gajardo, la ex secretaria del Empresario Mauricio Ibáñez- Rafael Storni, un ex militar y a la sazón periodista del “Diario del Sur”, decide aclarar esa muerte por su cuenta. Luego de una furtiva llamada del inspector Víctor Sáez, y ante la sospechosa inoperancia de la Policía y del Poder Judicial, Storni acomete su misión, indagando en las fuentes no oficiales, en la magia del azar objetivo, y en los secretos emanados de “estar en el lugar preciso, a la hora precisa, para escuchar la movida precisa, pues en el bar llega el momento irremediable en que no hay diferencias sociales, ni raciales, ni de trabajo, y el vino desata las trabas que sostienen los secretos”, como dice un personaje en la página 98. Después, Storni concluye que la muerte de la secretaria está directamente relacionada con la del mismo Ibáñez, acaecida tiempo antes, que según la justicia se “suicidó” de 75 puñaladas.

En las páginas del libro desfilan, entre otros, sujetos como Lorena (compañera de aventuras del protagonista), el Ramiro (un diletante alcohólico que siempre está bien informado), el Cronopio (un perspicuo dibujante), el profesor Romeral (conversador eximio con trazas de filósofo), el poeta Barrientos (posible alter ego del mismo Ampuero) y el cínico León Gallardo, quien desde la cárcel sostiene: “la gente se acostumbra a ciertas formas de comportamiento. El pecado de omisión resulta a veces un bien social” (p. 83)
Novela que atrapa desde un comienzo llevándonos a un fin inesperado, “L.V.S.D.E.L.”, es una de esos libros que me atrevo a motejar de necesarios. Socialmente necesarios, diremos: “Cuando decimos ley, debiéramos decir poder, y cuando decimos poder debiéramos decir riqueza, dinero”, sostiene uno de los tantos personajes complacientes de la trama. Y es esa forma de ver al dinero, como un fin en si mismo y como la medida de todas las cosas, lo que lleva a desnaturalizarlo, convirtiéndolo -como dice Balzac- en el excremento del demonio, o -como dice nuestro querido Gonzalo Rojas- en la encarnación de la muerte en la tierra.

viernes, octubre 05, 2007

MILÉSIMA OPINIÓN SOBRE LA CÁRCEL DEL CLAN PINOCHET


Ayer compartí un par de cafés con Paula Palma Bovary, periodista del sector salud en Ciudad Sur y una de esas amigas que valen más que un cofre lleno de tesoros y que…

En algo más de dos horas conversamos de temas como: la sencilla eficacia de los versos de Jorge Teillier (“fui al patio a decirle a los conejos / que el amor estaba muerto”) del todo exentos de palabrofilia (adicción a las palabras), y de su trágico alcoholismo que nunca lo llevo a agredir más que a si mismo; de los aborrecibles efectos secundarios del floripondio y de la caspa del diablo; de lo pesadillesco (la palabra no existe) de las espléndidas cintas Hellraiser y de algunos pasajes intolerable y bellamente espeluznantes de David Lynch, pero que son superados por el museo de horrores que suele mostrarnos la realidad social (discutíamos el caso de Gerardo Manquilef -ese es el nombre real-, un ex alcalde que ya no vive en Chile y que le dio a beber a un niño mapuche de 5 años una botella de whisky que le provocó la muerte); de la naturaleza misteriosa de la protervia (maldad extrema), que se escapa de todo parámetro biográfico o siquiátrico, parámetros que hasta pueden erroneamente justificar dicha protervia; de aquella genial frase de James Joyce que asegura que en un sueño uno es a la vez el dramaturgo, el director, el espectador y el actor de una misma obra de teatro; de la amistad que Paula tuvo en su infancia con una amiga imaginaria, para palear su soledad de hija única y satisfacer el espíritu de competencia que todos bien o mal llevamos dentro; de la enorme diferencia que hay entre tener dolencias y ser constitucionalmente enfermo (dimos el caso de una futura doctora en literatura que tiene depresión endógena y severos problemas hormonales, y que fomenta una testarudez intelectual y académica sustentada, explicablemente, en la fuerza bruta y en una cobardía sin fin); y por cierto que también de la cárcel que afecta a la familia de Augusto José Ramón Pinochet Ugarte (en la foto se le ve con parte de su familia en tiempos mejores).

También hablamos de muchos otros temas que no tienen cabida en este blog.

Paula, que necesariamente ha debido indagar en el tema de la salud, me dijo que el tragicómico caso de Pinochet y su clan era como la caprichosa metástasis de un cáncer, “que una vez muerto deja ramificaciones insospechadas y hasta más dolorosas que el mismo cáncer que las engendró”. Le comenté que aquella metáfora me llevó a recordar la famosa frase de Gustavo Leigh Guzmán (integrante de la junta que encabezó el pronunciamiento del 11 de setiembre), que comparaba al defenestrado (destituido) régimen de Allende con un cáncer… y los cánceres “se pueden” o “se deben” extirpar… lo que sin duda motivó que más de algún militar, al torturar, pensara que estaba sanando al cuerpo social. Luego me dijo que el asunto, la gran noticia de la semana, no le provocó tristeza y en eso no estuve de acuerdo con ella.

En primer lugar, porque a causa de mi aristocratizante (de)formación espiritual tiendo a despreciar las emociones gregarias: si diez millones de sujetos se jajajean yo no tengo nada de que reír (salvo en el fútbol). En segundo lugar, porque resulta irreductiblemente abyecto patear en el suelo a un derrotado: no digo que la imputación hecha a estos sujetos sea arbitraria o que, como dicen los pinochetistas (algunos de ellos excelentes personas), “no es más que una cortina de humo destinada a tapar los graves problemas del gobierno”; sólo digo que desde el caso Riggs, Pinochet ya fue condenado por la Historia, por el diario “El Mercurio”, por sus ex aliados y por la implacable danza de la realidad, y la miel sobre la miel repugna. Y en tercer lugar, y aquí finalizo, porque trivializar la palabra Justicia es una desmezura peligrosa: Aquellos (y apelo a la noción de ser humano) que de forma jactanciosa y petulante y hasta canallesca se están llenando la boca con frases como “justicia divina” o “así como pecas pagas” o “la fuerza de la verdad”, son, por cierto que con matices, los mismos animales vengativos que celebraban con champagne y que hasta siguen celebrando como la segunda independencia de Chile la ejecución de una violencia que puso fin a un gobierno desesperado y casi puramente emocional. Actúan con la vileza del sujeto que se enorgullece y alegra de haberle vaciado una pistola en el mate a un delincuente peligroso que entró a robar a su morada, en lugar de preferir que aquel asalto jamás hubiera acontecido. El pinochetismo puede ser torpe y hasta delirante, pero el mal siempre ha estado en todas partes, señores.
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¡Última hora!: el clan fue liberado por obtusa negligencia o por torpeza o no sé bien por qué. Mas ello no cambia las ideas esenciales de mi escrito.

martes, septiembre 18, 2007

PAPILLÓN Y LA PASTA (QUE NO ES EL DINERO) BASE


Parición, pueblo ramplón y huasiloco nacido el 24 de diciembre de 1603. Adentro, la cárcel. Afuera, el infierno social del 18 con mal trago y mucha cumbia, digna de una danza de cuchillos: las ramadas en pleno con mucha culona apetecible (Proverbios 11:22), pues en este pueblo -he vivido en 11 ciudades- hay mujeres prodigiosas.

Mucho más abajo, Papillón, el segundo hijo de una familia de regentes de una panadería y luego de una shopería ubicada en plena "Villa Alegre" (el "New York Pub Restorán"), que actualmente nadan en plata, en sensualismo bruto y son hinchas despiadadamente fieles del un club futbolero de Santiago, a una de cuyas tantas filiales perteneció el padre de la familia en sus años mozos.

A Papillón de Parición lo conocí el año 96, mientras amenazaba de muerte a mi desaparecido amigo "Tiroloco", a causa de una hembra (algo nada infrecuente en estos lares), en el segundo piso del "American Bar"; lo cual, a todas luces, fue un acto temerario. Papillón es -o más bien era- un mocetón impetuoso, con un parecido notable al Al Pacino de "Scarface". De manos y nudillos respetables, su impetuosidad llama (o llamaba) poderosamente la atención, pues el hombre no excede del metro setenta. Su virilidad no deja de ser cortés, como en los auténticos malevos (pienso yo): aquellos bravos que saben ponderar a quien tienen enfrente, aunque no sean éstos de sus pagos violentistas.

En lo que a hoy respecta, Papillón andaba con Polo Drink, con Zorro Lenny (chantado en el trago) y el amigo Moais. Los vi en las ramadas del loco Villagrán. Yo había dado un par de vueltas y sólo vi a esa gente que me resulta complicado saludar. No había ningún amigo, amigote, amigoide ni amigastro, y la música no era admirable.

Me invitaron a deponer el absurdo y a dejar de lado a Diógenes Laercio (una biografía que me prestó mi buen amigo el "Flaite" Ilustrado de Ciudad Sur), pero yo ando tomando analgésicos. No me creyeron. O no me quisieron creer.

En eso, Papillón, que estaba muy alterado, se fue de nuestro lado, y como ocurre en un pueblo como éste, donde abundan los seres generosos y amigables, pero profundamente maledicentes, escuché el casi alegre testimonio de los otros sobre el rudo Papillón: "EL HOMBRE, DURANTE AÑOS EL PRINCIPAL DISPENSADOR DE YERBA BUENA DE LA CIUDAD, AQUEL QUE GANABA MÁS DE 5O MIL PESOS DIARIOS EN VIRTUD DE SU PURA CHOREZA Y BUENA ESTAMPA, ESTÁ ENTREGADO, PERO GROSERAMENTE ENTREGADO, A LA PASTA BASE".

En realidad, reparé en su extremada flacura, que ya no era enérgica. Reparé en sus ojeras de locutor dieciochero en el ocaso, y pensé que Papillón ya no era digno de si mismo (lo que es casi un sinónimo de la insidiosa muerte). Después, mientras yo fumaba tabaco de hebras largas con los paisanos antes nombrados y, cuando tras media hora me disponía a volver a la cárcel (mi casa), un hombrecillo acuchilló a Papillón. Ahora, lejos de la pasta, Papillón es un hombre libre. Quien sabe hasta cuando. Luego de un rato, llegó Carabineros y reestableció la fiesta, por lo cual hoy tampoco podré dormir, pues el ruído de las ramadas es como un barco anclado en el cemento o un carrusel ajeno.

NADIE ES LA PATRIA, O, ESTO NO ES VANIDAD


“Nadie es la Patria / pero todos lo somos / Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante /Ese límpido fuego misterioso.”

Así reza este poema (de un argentino) que siempre recuerdo en fiestas patrias, así como también al De Rokha chilenero en su magistral “Epopeya de las comidas y bebidas de Chile”. Para muestra un botón, que poco tiene en este caso de culinario, si no más bien de crepuscular.

“Y nosotros nos acordaremos de todo lo que no hicimos y pudimos y debimos y quisimos hacer / como un loco asomado a la noria vacía de la aldea / mirando con desesperado volumen / los caballos de la juventud / en la ancha ráfaga del crepúsculo".

Ya es 18 de setiembre en Chile (6:00 am), mas para mí el festejo empezó antes, el 13, en unas ramadas de la UFRO (la principal universidad de Ciudad Sur), ubicadas a un costado de ese gimnasio nuevo cuya arquitectura recuerda a Brasilia. Fui a ese evento con Koneka rubia, pero me quedé con Carolina, mirando los caballos de la anciana juventud desfilar en la frugal llanura, que tiene un fondo tipo “Comfortably numb” de Pink Floyd. Ella (Carolina) estudia Trabajo Social y ayer llevó a su hijo de 3 años vestido como huaso de parada, de quien obtuve un plano contra el cielo. Por ahí también aparecieron Claudio Maquiavelo, Miguel Cerón y Rodolfo Astudillo, todos haciendo de padres. Ella, Carolina, junto a seis o siete u ocho amigas de Trabajo Social (una era Julia Roberts chiquitita), bautizaron una ramada con el nombre de LA COMUNACHA (como un hacha), lo cual hace justicia porque varias de ellas tienen guagua. Eso es bello, casi mejor que la tarde prolongada y de algún modo eternizada como un asno de tiempo circular.

En medio del fragor de la contienda me acerqué a Cocorro y a Gerardo Quijano, que llegaron con sus minas respectivas y de forma misteriosa al edénico lugar. Crucé lentamente el prado con dirección a la cancha (el sol empezaba a ocultarse), sonreí diabólicamente, estiré mi mano desnuda de puñales y les dije: “CÓMO ESTÁS GERARDO, HOLA COCORRO”. El publicista Quijano, a quien todavía respeto, me respondió: "CÓMO ESTÁS MARÍN", pero Cocorro el Cocodrilo me dijo simplemente: “CÓRTALA YA”. Casi me dio vergüenza ajena. "Es con la risa y no con la ira como mejor se mata", dijo alguien cierta vez.

Después fumamos en un lecho de piedras y la noche, que al igual que el día siempre estará ahí pese al escandalo del mal, nos amó. Aún tenemos Patria, ciudadanos.

Ayer me escribió Camilo Herralde, quien hará las gestiones para el lanzamiento de “Palacio Larraín” en Santiago, con Felipe y Agustín, dos muchachos que de verdad tienen talento. Es el último lanzamiento que haré de mi primer libro, pues el otro será parido, no sé si publicado, antes de finalizar el año, como un "Toro de Falaris".

El “Toro de Falaris” era un tormento que consistía en dejar a un tipo adentro de un toro de hierro calentado al rojo vivo, el cual era puesto en la cima de una colina; los gritos del infáustico hombrecillo (un Cocorro sorprendido en falta) y el humo que salía del toro hacían que el cuadrúpedo cobrara vida propia. Más abajo, les dejo un cuento relacionado con el finado Jimmy Coyote, que bebía enormes vasos de suciedad. Yo sigo escribiendo literatura; lo que pasa es que no puedo ver este gesto del blog como algo inútil; de hecho, no lo es. Puede ser triste, puede ser suicida, puede ser incluso errátil, puede ser (sado)masoquista, pero de inútil lo es menos que desayunar bien.

Acabo de llegar a Parición y al lado de mi casa están las ramadas. Como después de una larga travesía, el sentimiento que me invade es de pavor ante mí (con algunas voces en la noche), sobre todo al ver cómo son capaces de sufrir y de gozar inutilmente (o más bien ilusamente) casi todas las personas. Tiendo a verlos, a unos más que a otros (y no me refiero a los pobres), como animalitos atropellados a la vera del camino. Y esto no es soberbia ni tampoco vanidad: es compasión. Una compasión rabiosa y tal vez espeluznante (ecle 1: 17-18).

Cuando has sufrido demasiado, y más bien lejos de los otros (con carencias tan extremas y distintas que nadie ha padecido jamás), tienes dos posibilidades. O convertirte en un monstruo de luz, de soledad y descrédito (actual o futuro), como ADOLF HITLER. O, pese a sentirte un héroe del dolor o un aristócrata del sufrimiento, convertirte en un monstruo de luz, de soledad y descrédito, pero capaz de empatizar sinceramente con los otros y librar a más de alguno. (Huelga decir que, para lo que uno espera, no cabe más que sentirse un aristócrata, un elegido, pero eso no significa que uno deba ponerse de espaldas a los inferiores, que se han cavado sus infiernos, idiotismos o perpetuadas derrotas, a causa de una homosexualizante falta de información: por falta de gnosis, de hermetismo, de humildad, de compasión, de pureza, de satanismo conciente -conjurado-, de alegre maldad, de cristianismo bien leído, de perversidad entendida no como crueldad si no como videncia: pero la videncia por si sola no salva...). Ahora si, JIMMY...
(ESTE POSTEO NUNCA FUE VANIDAD... quizá sí fue un acto suicida... me refiero a decir palabras autolaudatorias de un rompe y se raja y así "sin asunto". Seguramente).